JOUMANA HADDAD. ¿QUIÉN MATÓ A SHEREZADE?

Dueto

–Tus ojos han tejido una luz extraña en mi mirada.
–Es que has despertado el bosque y los marinos del bosque.
–Hace azul. ¿Dónde estoy?
–En mis brazos. Allí donde tu río se incendia.
–¿Y esta luna sobre mi cuello?
–Es mi noche que quiere sellar tu piel.
–¿Comienzo?
–Comienzos.
–¿Y por qué abres los párpados cerrados?
–Para mejor ver tu prisa salpicar mi espera. Para oír a nuestros labios despegar.
–Tú y yo, vuelo de gritos.
–Tú y yo, alas migratorias del poema.
–Seré para ti el pájaro y el cazador.
–No me vencerás: yo me ofreceré a tu fusil.
–Lo plantaré en tu corazón hasta la conquista.
–No es más que perdiendo que se merece el viaje.
–¿Cómo llegar? Tú tienes el cuerpo numeroso de la ilusión.
–¿Por qué llegar? Sé la mano duradera de los fantasmas.
–Tus caderas, pórticos del purgatorio de los perezosos.
–Mis caderas, barrotes de la prisión que libera.
–Mujer tengo sed, viértete.
–Que tus nombres te abreven: ellos perlan sobre mis labios.
–Dejaré a los pecadores llegar hasta ti.
–Pero el violín queda cerrado. ¿Sabrás desbotonarlo?
–Aprenderé. Lo sacudiré como a un árbol hasta hacer fluir todas sus músicas sobre mi lengua. Lo trabajaré como un artesano su oro, como el depravado su condena.
–Lo aprenderé.
–¿Y me harás tuya, bandido?
–Sin cesar y nunca.
–Amo el estremecimiento que arrancarás de mi garganta.
–Entonces ven. El vino retrocede sin ti.
Cuando me hice fruta

Hombre y mujer fui concebida bajo la sombra de la luna
Pero Adán fue sacrificado a mi nacimiento,
Inmolado a los vendedores de la noche.
Para colmar el vacío de mi otra esencia
Mi madre me bañó en aguas del misterio,
Me puso al borde de cada montaña
Y me moldeó en luz y oscuridad
Para que me volviera mujer-centro y mujer-lanza
Traspasada y gloriosa
Ángel de los placeres que no tienen nombre.
Extranjera crecí y ninguno cosechó mi trigo.
Diseñé mi vida sobre una hoja blanca,
Manzana a la que ningún árbol dio a luz.
La compartí y salí
En parte vestida de rojo y en parte de blanco.
No era sólo en el tiempo o fuera de él
Porque maduré en los dos bosques
Y me acordé antes de nacer
Que soy una multitud de cuerpos
Que dormí por mucho tiempo
Que viví por mucho tiempo
Y cuando me hice fruta
Supe
Lo
Que
Me
Esperaba.
Pedí a los magos que me cuidaran
Así que me llevaron.
Dulce era mi risa
Azul mi desnudez
Y tímido mi pecado.
Volaba sobre la pluma de un ave
Y me hacía almohada en la hora delirante.
Cubrieron mi cuerpo de amuletos
Y untaron mi corazón con la miel de la demencia.
Protegieron mis tesoros
Y los ladrones de mis tesoros
Me trajeron silencios e historias,
Y me prepararon para vivir sin raíces.
Y desde aquel día me voy
Me reencarno en la nube de cada noche y viajo.
Soy la única en decirme adiós
Y la única en darme la bienvenida.
El deseo es mi camino y la tormenta mi compás
En amor no echo el ancla en ningún puerto.
Gemela de la marea alta y baja
De la ola y de la arena
De la abstinencia de la luna y de sus vicios
Del amor
Y de la muerte del amor.
Durante el día mi risa pertenece a los otros
Y mi cena secreta me pertenece.
El que sabe mi ritmo me conoce
Me sigue
Pero nunca me alcanza.


El retorno de Lilith *

Las bestias monteses se encontrarán con los gatos
cervales, y el peludo gritará a su compañero:
Lilith también tendrá allí asiento, y hallará para sí
reposo.

Isaías 34:14

Yo soy Lilith, la diosa de dos noches que vuelve de su exilio.

Yo soy Lilith, la diosa de dos noches que vuelve de su exilio.

Soy Lilith, la mujer destino. Ningún macho escapa a mi suerte y ningún macho quisiera escapar.

Soy las dos lunas Lilith. La negra no está completa sino por la blanca, ya que mi pureza es la chispa del desenfreno y mi abstinencia, el inicio de lo posible. Soy la mujer-paraíso que cayó del paraíso, y soy la caída-paraíso.

Soy la virgen, rostro invisible de la desvergüenza, la madre-amante y la mujer-hombre. La noche, pues soy el día; la costa derecha, pues soy la izquierda; y el Sur, pues soy el Norte.

Soy la mujer festín y los convidados al festín. Me llaman la hechicera alada de la noche, la diosa de la tentación y del deseo. Me han nombrado patrona del placer gratuito y de la masturbación y liberada de la condición de madre para que sea el destino inmortal.

Soy Lilith, la de los blancos senos. Irresistible es mi encanto, pues mis cabellos son negros y largos y de miel son mis ojos. La leyenda cuenta que fui creada de la tierra para ser la primera mujer de Adán, pero no me sometí.

Soy Lilith que retorna del calabozo del olvido blanco, leona del señor y diosa de dos noches. Yo reúno aquello que no puede ser reunido en mi copa y lo bebo ya que soy la sacerdotisa y el templo. Agoto toda embriaguez para que no se piense que me puedo saciar. Me hago el amor y me reproduzco para crear un pueblo de mi linaje, ya que mato a mis amantes para dar paso a los que aún no me han conocido.

Soy Lilith, la mujer selva. No supe de espera deseable, pero sí de leones y de especies puras de monstruos. Fecundo todos mis flancos para fabricar el cuento. Reúno las voces en mis entrañas para que se complete el número de esclavos. Devoro mi cuerpo para que no se me diga famélica y bebo mi agua para nunca sufrir de sed. Mis trenzas son largas para el invierno y mis maletas no tienen cubierta. Nada me satisface ni me sacia y aquí estoy de regreso para ser la reina de los extraviados en el mundo.

Soy la guardiana del pozo y el reencuentro de los opuestos. Los besos sobre mi cuerpo son las heridas de aquellos que trataron. Desde la flauta de los muslos asciende mi canto, y desde mi canto la maldición se expande en agua sobre la tierra.

Soy Lilith, la leona seductora. La mano de cada sirviente, la ventana de cada virgen. El ángel de la caída y de la conciencia del sueño ligero. Hija de Dalila, de María Magdalena y de las siete hadas. No hay antídoto contra mi maldición. Por mi lujuria se elevan las montañas y se abren los ríos. Regreso para penetrar con mis flujos el velo del pudor y para limpiar las heridas de la falta con el aroma del desenfreno.

Desde la flauta de los muslos asciende mi canto
y por mi lujuria se abren los ríos.
¿Cómo podría no haber mareas
cada vez que entre mis labios verticales brilla una sonrisa?
Porque soy la primera y la última
La cortesana virgen
El codiciado temor
La adorada repudiada
Y la velada desnuda,
Porque soy la maldición de lo que antecede,
El pecado desapareció de los desiertos cuando abandoné a Adán.
Él se equivocó por completo, hizo añicos su perfección.
Lo hice descender a tierra, y para él alumbré la flor de la higuera.

Soy Lilith, el secreto de los dedos que insisten. Perforo el sendero, divulgo los sueños, destruyo ciudades de hombres con mi diluvio. No reúno dos de cada especie para mi arca. Más bien los transformo a todos para que el sexo se purifique de toda pureza.

Yo, versículo de la manzana, los libros me han escrito aunque ustedes no me hayan leído. El placer desenfrenado, la esposa rebelde, la realización de la lujuria que conduce a la ruina total. En la locura se entreabre mi vestimenta. Los que me escuchan merecen la muerte y los que no me escuchan morirán de despecho.

No soy remisa ni la yegua dócil,
soy el estremecimiento de la primera tentación.

No soy remisa ni la yegua dócil,
Soy el desvanecimiento del último pesar.

Yo, Lilith, el ángel desvergonzado. La primera yegua de Adán y la corruptora de Satán. El imaginario del sexo reprimido y su más alto grito. Tímida, pues soy la ninfa del volcán; celosa, pues la dulce obsesión del vicio. El primer paraíso no me pudo soportar. Y me arrojaron de él para que siembre la discordia sobre la tierra, para que dirija en los lechos los asuntos de los que a mí se someten.

Soy Lilith, el destino de los conocedores y la diosa de dos noches. La unión del sueño y de la vigilia. Yo, la poeta feto, perdiéndome gané mi vida. Regreso de mi exilio para ser la esposa de los siete días y las cenizas de mañana.

Yo la leona seductora regreso para cubrir de vergüenza a las sumisas y reinar sobre la tierra. Regreso para sanar la costilla de Adán y liberar a cada hombre de su Eva.

Yo soy Lilith
Y vuelvo de mi exilio
Para heredar la muerte de la madre que he criado.


* Según muchas leyendas, Lilith es la primera mujer, antes de Eva, formada del polvo de la tierra como Adán. Era independiente, fuerte, libre, y no quiso obedecer ciegamente al hombre. Por fin se rebeló, escapó del paraíso y se negó a volver. Entonces Dios la trasformó en demonio, y después creó la segunda mujer, Eva, de la costilla de Adán para garantizar su obediencia.

Traducción de Alberto Valdivia y Renato Sandoval

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