MARÍA INÉS CASTRO. DESDE UN ASIENTO DE LA IGLESIA DE LA TRANSFIGURACION



 

erwin olaf




Ofelia llegó
con lentos pasos de ida hacia una ciudad.
Caminó sobre hojas secas y sus sombras.
Recordó al que prefiere el recuerdo de la luz a la luz.
Se despertó boca arriba negada en la fuente del río,
llegó desde la boca del bufón que silba
una y otra vez la misma canción.
Sintió el vano pretexto de la melancolía
porque el día tiene su única forma:
la túnica sucia que arrastra arena.
Aunque Ofelia hizo los movimientos ilusorios del amor
en un marco dorado siguió entre bocas ciegas,
entre obispos y pastores;  solo la vigilan los invisibles
 informes sobre su destino que una copa señala letra a letra.  
En la cocina del Palacio ella intenta encontrar  un aleph
que dé sentido al largo rodeo de peces en su pelo. 
Con su destartalado accionar de la palanca de regreso al pasado
apareció detrás de un cielo como tela de un final.
-Ella adoraba al maestro perfecto
 Él no da detalles del día ni correcciones a la noche


En las raíces de la noche, 
como la cruz, la luna
cerrada al olvido con siete llaves
que el primer día dejó caer mi padre
al río oscuro de los sin nombre,
en la diadema de la melancolía.
No quiero gritar que he muerto
y sin embargo es posible.
Se sucede una hilera de atardeceres
en la pena definitiva de la rosa.
Como la cruz , la moneda
un lado mira hacia el cielo
y su reverso extraviado en el monte
aún me persigue,
pero ya no lo recuerdo
Yo estoy en la simpleza otra vez con el fantasma,   
escribo en la arena que no recuerda las aguas primeras
y es la indiferencia de las mareas
al barco sin proa que Jesús no nombra.
En mi manchada embarcación
(la que el padre me tendió de morada) 
en artilugios de casida cedí la historia de fantasmas
inmanentes que van mirando quien los crea
y no abrasa el remo detenido a sus pies.
No saben porque saber no les fue concedido
que mi destino es el olvido
el eterno comienzo,
ser el crimen en la palidez de María.
Arenas que borran mi caligrafía enferma
si el Padre de ti aprendiera
a borrar  lo roto de un sueño,    
la seda vuelta espada
en  mal fruto por el jardín imposible.
¿Por qué me inclinó ante el espejo y me tiñó de rojo?,
desde el destierro,
desde el errante fuego gastado
desde la extraña comunión del lomo y el látigo,
el eco de mi voz me confirma, 
en los sueños cada uno tiene una sombra  

Hacia el cielo  de grises astros
hacia el camino antiguo
que se decide frente a una pantera
Exclamaría  a la virgen de azul dorado
que no se fatigue en la mañana
en servir la leche blanca y el pan ensangrentado,
porque el hijo celeste no volverá después de las tres.
Antes de la elevación  del centeno
en la colina verde 
que respira entre rocas cortantes
el hijo
creía en el  volcán y su sueño detenido en las  cenizas,
en la callada sirena que por miedo a morir no canta
y que en la vela se deshace como figura de cera
dentro del primer juego
o sumergida en el último diluvio de orquídeas.
En la amarga rama del camino empinado
sacó la moneda de plata
y la deshizo por fin y principio
en el  recuerdo que lo inspiraba,
la casa  solitaria y tranquila
su quietud bajo la higuera.
Cansado de la canción del salmista,
las rocas duras y las cabezas rotas,
sangre inocente de Sión.
Hacia la perdurable atmósfera de ceína se prolonga su anhelo
hacia el caballo y su jinete
en el cielo pálido de un día perdido,
hacia la rosa que finge ser rosa para ser coartada
y en los cántaros de agua

arrojada también ella hacia la ahogada verdad

 

erwin olaf


Es todo lo que dijo, un rumor de que Nastasia era puta.
De noche todas las direcciones
te alejan de la posición,
 que te interesa ver de la luna
pero si recordás la retirada de la taza de café
porque ya son las siete y ella llega
pódes darle  al musgo
su verdusca epifanía, un Ulises sin un día
esa aparición que no cambia nada
ni  la hora de despertarse,
(Tampoco se tienen sueños con crematorios de asnos)
se te hace chica la pena y pensás que se lo merece
se merece ser un loco al cuidado de ella.
-¿es todo?
-sí, es una puta  fanática de la Biblia, ¿esto explica algo?
Pierdo.
Si algo o alguien en verdad puede perderse o tenerse
como dijo ella (la que esta punto de morir  en un cuento imposible)
Voy hacia la p
érdida con el convencimiento de un testigo de Jehová.
Se hace de noche, en ella, la que ya no habla.
Hay que romper el lazo, hay que romper el lazo.
Suave y frágil como un encantador de serpientes miro la procesión de sucesos.
Siempre sucede, el arte sucede.
Pierdo.
Pierdo lo que escribo, lo pierdo sin saber que lo pierdo.
No hay registro del amanecer, de su aparición en el texto.
Como un fantasma, invisible, la pérdida.
Roca que sobresale del mar: Fiódor
significados que evaden la ruptura y el sueño
mirando hacia abajo, es lo mismo que irse, lejos.
¿Existe un lugar lejos?
Cerca la amarga rama del camino,
en donde un sacerdote debe morir para continuar el ritual.
Las lechuzas eran testigos silenciosos de ojos grandes pero ciegos.
La ceguera del silencio, el no-lenguaje en las plumas
es la distancia del que mira desde lo alto de un árbol.
¿Pierdo? ¿Qué pierdo?
La pureza del encuentro.


Duermo mientras ella edifica a la deriva.
Va de lado a lado como un fa menor,
construye su muro de arcilla.
Llegará tarde cuando ya no importe.
Onetti en una casa vieja con la claraboya rota
acostado filmando mentalmente su muerte.
Quien dice Onetti
dice mi padre,
el inspector de transito con depresión crónica
el que ya no se levanta por el avance de la diabetes
la ceguera va por dentro
De camino,  la Iglesia de la Transfiguración.
Un velo de niebla persiste en la boca-nada de aire:
es el suspiro del idiota.
– Es un niño inocente – dice alguien que mira fijo un cartel de PARE-
Salvados los peldaños de la escalera del cuarto de alquiler
quedaba la avenida Nevski para atravesar
y el rostro de Nastasia.
Desde el grito ahogado del silencio no aparece el texto:
ese hálito que sosiega el punto singular donde todo comienza por primera vez.
Como un juego de niños,
girar el dado, dar, doblar la apuesta
en la esquina,  la próxima y la lejana
incluso haciendo trampas
al solitario,
con el sentido marcado por la brújula rota
que no se mueve del Norte
pero se mueve.
Aglaya en el balcón.
Felisberto inventa una melodía que sólo él entiende
se acerca al piano,
blancas y negras , negras y blancas,
paraguas abiertos en el corredor.
Un balcón espera, la inocencia no se cura.
En la habitación de la pureza, la locura no existe


Despacio el anuncio para Sonia
se trasluce en la fase lunar
que se refleja en la quietud de un pozo.
El lugar de su amor se ha corrido de esfera,
ella ve la peste como bendición,
en la fría arquitectura de los planetas.
Silencio, ella  miente, en sus brazos nadie cae,
sabe ( más que un santo) de la certeza que oprime.
Espero tu espacio en el eco.
Nada prometes, eres mi mendicidad 
pero te acompaño como la nieve merodeó
 los rincones de Dostoievski.
En la caída pensé que escucharte
es  realizar un autorretrato a pluma de ganso
y ser luego un detalle.
Debería construirme como la barca del bufón,
roca que sobresale del mar; ella no importaba
quiso estar en un paisaje acuarelable
con molinos de agua.
No debí confundir el toro con Dios
si Él no persigue el rojo fundamento.
¿Lograré algún día no citar más que tu nombre?
Estás cubierta con la  elegancia de un crimen.
Sonia cayó en mis brazos
no escuchó mi silencioso e invisible
discurso del correr del agua en el lavabo. 

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