EXCLUSIVA: PAULA ILABACA. LA REGLA DE LOS NUEVE.

No creo que la profunda amistad que me une con Paula Ilabaca sea secreta. Son años de inventarnos encuentros, ora aquí, ora allá;  años también enviándonos señales de humo –a veces de alerta otras por júbilo o por melancolía en sus estados más crudos- pero, sobre todo, de un compartir asombros por lo que puede aparecer (como una estrella fugaz tras las brumas de los poemas) de cada uno de nosotros.  Por eso no debería sorprenderme la aparición de La regla de los nueve. Hace mucho que Paula andaba dentro de su escritura, invisible para muchos. Quizá algunos se extrañen al leer que Paula Ilabaca, la perla suelta, haya publicado una novela policial. No es mi caso. Una de las costumbres preferidas por Paula es la de sorprendernos.





Los editores se refieren a “La regla de los nueve” anunciándola así:  


Tres amigos buscan en la poesía una forma de expresar la dificultad de habitar un país durante una aparente transición política, entre pactos de amistad, amantes y relaciones fugaces: son los años noventa y conviven con promesas y espejismos de democracia y alegría. 
Tres integrantes de una familia disfuncional: el padre que se va de casa, la madre sola y su hijo, intentan salir adelante en una villa de La Florida. 
Tres policías de la Policía de Investigaciones de Chile, trabajan en un caso como cualquier otro, dándole un sentido provisorio y práctico a la muerte. 
La regla de los nueve es la primera novela de Paula Ilabaca, un relato cuidadoso y puntillista, en el que las voces de los narradores reflejan la incomprensión y las fracturas experienciales en las que se funda el presente de nuestro país. Ilabaca logra en este texto vital y estremecedor, mediante el sutil manejo de los silencios y los vacíos, que la triangulación de los conflictos de estos “personajes secundarios” represente el dolor social, pero también su esperanza y celebración.

Habrá que leerla. Pero como somos un tanto escépticos ante lo que suelen decirnos las sinopsis, mejor vamos al grano y compartimos con ustedes en calidad de primicia un breve anticipo de esta (seguramente excepcional) novela.   

Maurizio Medo






¿Acaso no ven al niño que sale de mí llorando, un niño
a la carrera con su capa en llamas?
Humberto Díaz-Casanueva, Réquiem.



“For always and ever is always for you
I want it to be perfect
Like before
I want to change it all
I want to change”.
The Cure, “A night like this”.
1.
No estoy muy segura de lo que pasó. Yo estaba durmiendo. Me despertaron el timbre y golpes en la puerta. Después sentí el humo que había en mi pieza. Yo duermo en el primer piso, mi ventana da hacia el patio. Estoy acá porque usted me lo pidió y yo no quiero tener problemas con usted. No fue fácil venir hasta acá, ¿sabe? No fue fácil. Todavía estoy con la garganta reseca y no me siento bien, pero estoy decidida a contar lo que sé y ver si es que existe alguna forma de entender lo que ha pasado. Usted sabe de esto, seguro ha escuchado a mucha gente, hombres, mujeres; usted debe saber de lo que le hablo. Lo que sí debo decirle es que no puedo creerlo. No puedo creerlo. Nadie la prepara a una para ser mamá, sabe, y siempre dicen que ser madre es lo más maravilloso que te puede pasar. Para mí no fue así. El Gabrielito era difícil y llegó un momento en que se alejó de mí, así, sin más, se puso atrevido, ingrato. No parecía mi hijo, quizás él ya no se sentía mi hijo. Estuve todo el día pensando qué pudo haber salido mal. Siento que usted me mira como diciendo “al final todo salió mal”. ¿Usted tiene hijos? Seguro entenderá entonces lo que le quiero decir. Nadie le enseña a una a ser madre. Ni la propia madre de uno puede hacerlo. Uno cuando es hijo o hija siente, vive, perdona o no, pero no sabe qué hará cuando se convierta en padre o madre. Usted sabe de lo que le estoy hablando. Uno lo da todo por ellos, todo. Yo al Gabriel lo eduqué, lo formé, le di todo lo que me pertenecía. Me desviví y trabajé por él. Una espera que respondan bien. Yo no sé qué hice para que el Gabrielito hiciera lo que hizo. Yo espero que cuando sean grandes sus niñitas le respondan bien. Se lo deseo de todo corazón. Le quiero decir una cosa. Después de que se fueron todos esta mañana, me quedé un rato en la pieza del Gabriel. En lo que quedó de su pieza. Qué manera de tener papeles. Fue extraño, sabe, siempre fui yo la que le hice el aseo, la cama, ordenaba todo, pero esta mañana me sentí libre de tomar lo que ahí había. Abrí cuadernos, miré sus libros. Después fui a la otra pieza que él tenía, un estudio como le decía él, que para mí era otra pieza más, con la única diferencia de que no había cama: solo un escritorio que le había hecho su papá y estantes llenos de enciclopedias, libros y revistas que coleccionaba. Miré los libros de su biblioteca. Por su carrera él leía mucho. Geología. Estaba en segundo año. Siempre hablan de que ser madre es lo mejor que a una le puede pasar en la vida, y sí, no se lo voy a negar. Aunque hoy siento que eso es una pura mentira, y siento también que todo lo que me tocó ha sido un infierno. Sobre todo ahora, imagínese, aquí, frente a usted, contando esto. ¿Usted de verdad quiere escuchar cómo vivíamos? ¿Desde el principio? Eso es irse hacia muy atrás, pero bueno, qué le vamos a hacer. Pensaba ,ahora que venía hacia acá, que tenía que contarle todo a usted. Sí, eso pensaba, quizás esto puede servir de algo.



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