POEMAS DE ADÍLIA LOPES (II). TRADUCCIÓN LIBRE DE MARÍA MERCROMINA.
























Psycho
Asesinada en la ducha
como Marat
pero sin revolución
ni razón
y la sangre aguada de ella
se va por el desagüe
de la bañera
en el sentido
de las agujas del reloj
en las antípodas
sería al contrario
¿por qué?
Los gustos y los disgustos
llevan al poema
como pueden llevar
al precipicio
el poema habla del precipicio
allí habrá llanto
y rechinar de dientes
y no habrá Kleenex
ni el Dr. Abílio Loff
mi querido dentista
el poema habla del precipicio
evitado a tiempo
el poema malo no mata
(más vale burro vivo
que sabio muerto)
Este es mi cuerpo
esta es mi sangre
la miseria sexual de las misas
es la miseria sexual de las discotecas
pero este es el mejor de los tiempos
de siempre
todavía muy puritano
y nada púdico
es un tiempo obsceno
pero el de antes era mucho más obsceno
¿qué haré yo con esta espada?
una hoz y un martillo
pulseras anillos y gargantillas
¿qué haré yo con mi yo?
bavarder bavarder bavarder
(¿qué haré yo con este libro?
otro libro aún el mismo
¿qué haré yo con este piano?
improvisos
¿qué haré yo conmigo?
me levanto me siento me acuesto
y me hago
que cada uno tenga su casa
que cada uno tenga su piano)







Primero
el dinero
Primero
las facturas
La vida
después
La vida
nunca

 Paradoja

Barbie (no es Barbie, es Midge) está embarazada y el bebé recién nacido ya nació, está a la vista en la caja, con Barbie, y Barbie tiene la barriga grande. Imagino que esto confunda a los niños. La muñeca está embarazada, tiene el bebé dentro de la barriga, y el bebé ya está, simultáneamente, fuera. Imagino que Midge y el marido son un matrimonio extremadamente generoso: van a tener un bebé de ellos, hecho por ellos, y adoptaron también a un recién nacido.    En una iglesia católica de Lisboa, en un altar lateral, está Cristo crucificado, colgado en la cruz, y está, en el mismo altar, otra escultura; una Pietà, esto es, María, madre de Cristo, con Cristo, ya muerto, en los brazos y en el regazo. Cristo está muriéndose en la cruz y ya está muerto en el regazo de María. Pero tener en el mismo altar católico un Cristo en una cruz y una Pietà no produce confusión. ¿O sí?
La caja de la muñeca y el altar crean simultaneidad entre dos momentos de narrativa, esto es, de la vida de los personajes, que no pueden ser simultáneos.
El presente, mi presente, es paradójico y ya no se da por eso. Esta no es la era de la sospecha. Es la era de la indiferencia a la paradoja. No sé si esto es bueno o malo. Sé que, para mí, es extraño y excitante. Pero da miedo.
Es como si las paradojas de Mecánica Cuántica caminaran sueltas por el supermercado. Y caminan. Sin alarmar a nadie.
Cabra cerda perra burra vaca
bichos queridísimos
¿palabras feas por qué?
tanta estupidez
Escribir es ordenar el mundo, desentropiar




Entre una cosa y otra pongo otra, obstaculizo, creo obstáculos, como si me gustara saltar obstáculos, como si me gustara fallar. De pequeña, me gustaba caer en el suelo y quedarme con las rodillas sangrando para que mi madre me hiciera pequeñas curas científicas y carantoñas. Caí muchas veces. La razón de caer siempre de rodillas era que siempre corría y llevaba muchas muñecas en las manos que nunca soltaba, de modo que nunca apoyaba las manos al caer, sí las rodillas. En Colares, caí muchas veces así. Pienso que a mi madre también le gustaban las curas. Nunca nadie me dijo, que yo recuerde, que no debía correr con tantas muñecas en las manos. Muñecas y los accesorios de las muñecas. Tenía muchos juguetes. Mi madre me compraba juguetes casi todos los días. Yo no caía a propósito, pero siempre corría con muchos juguetes en las manos y no evitaba caer. Me gustaba caer. Hay en esto, tal vez, masoquismo, perversidad. Pero también hay un sentido de responsabilidad porque las muñecas eran mis hijas y una madre no deja caer a sus hijas al suelo. Digamos, en broma, que mi madre me dejaba caer al suelo. Pienso que esto que acabo de escribir es extraño. La relación con mi madre es sombría, llena de sombras. Madre e hija son como dos árboles que están cerca; viven y mueren de las sombras que se hacen una a otra recíprocamente







Adília Lopes (1960).
Traducción libre de María Mercromina.





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