BRUNO PÓLACK. UNIVERSAL / PARTICULAR



hanes bok




Muchacho mordido por un lagarto
Rispondere no
a una vita che adopera amore e pietà,
la famiglia, il pezzetto di terra, a legarci le
[mani.
Cesare Pavese
Chico del mundo,
si cae España, bueno claro, si cae es tan sólo un decir.
Digo: si cae,
prenderás la estufa de butano y un cigarro/
quisiera ver manchas de sangre como pétalos de rosa
sobre la alfombra del vagón.
Rezar al Cristo tallado en Cinc que pende de tu cuello/
No puedo decir la verdad acerca de ti/  no eres
Dios,                                                    no eres Antonio,
y lo lamento.                                     
Sin embargo
amaba leer mi futuro en la sombra de tus piernas mien-
tras leías a Kipling/
verter mis manos en la palangana de leche,
distorsionar tu rostro contrito tras mi botella de vidrio.
Adentro/ frente a ti. Hermoso el mar se
levanta por ratos
como una serpiente encantada.
Muchacho/ dos puntos,
                        debo admitir que muchas veces
en los campos,  he fingido.
           No pude echar nada dentro de los surcos
           y esmeradamente, con estas manos,
                        los he tapado.
Luego he
regresado a ti, a la calle del Carmen, con la satisfacción del
             deber cumplido/
y
yo mismo soy un surco vacío
que vieras con que esmero
                                                hubo sido regado.
Viento, oh bien,
regresa al fruto del canasto
al futuro rojo que descansa entre nosotros, en el canasto.
Y tú, no llores así contra
                        el vidrio, 
pues si cae,
España digo,
si cae,
¡exulcerada política diestra!
¡indeseada atona de lengua y atrezzo!
¡Cuántos mares señalados en contra nuestra!
¡Cuántos crucifijos incrustados en nuestros corazones!
(…)
Vemos por la ventana los frutos luminosos de la noche/
Para cuando despiertes muchacho,
una herida penderá de ti,
como una insignia.

La “huida” de Coronis
Tiró por la ventana las piedras que le fueron traídas
del templo de Apolo;
ella llevó una vida fácil en otros tiempos, ahora
ansía un amor;
una imagen grotesca que se represente mientras
levanta de madrugada la reja de la lavandería/
Cogió cuatro cachivaches que puso en una
bolsa de cuero
y embarcó el Pireus;
el cuervo era una mancha blanca en el
cielo todavía sucio/
el puerto de llegada era en su cabeza mucho
más inmenso que el puerto que aun tenía ante
sus ojos/
las amarras se arrastran sobre el agua; y
a mil leguas de aquí,
estará exactamente de lo que huye/
 (            )³

                         y puesto que debemos vivir y no
                                            suicidarnos
                                            mientras vivamos          juguemos
                                                                                    V. Huidobro

y
mientras el aire refulge en su caballo de aire
y
mientras mis ideas de tanto pensarlas ya poseen
vértebras, sistema nervioso, hambre
y
mientras el olvido de lugares se hace necesario
y
mientras la esférica saliva duele en la garganta
como un trompo
y
mientras mis hermanos comulgan de las hostias
luminosas de la discordia
y puesto que debemos vivir y no vivir
y puesto que debemos saltar de la liebre
antes del inicio de la marea
y puesto que el cielo
cada vez nos hace
agachar más la cabeza/ doblar la espalda
y
puesto que no podemos usar la venganza
contra nosotros mismos
ni ser alegremente unos cuerpos de Troya.
Mientras vivamos,
                                    (juguemos)³
Prêt à porter
Si yo fuera para mí,    una mujer como
                                                                       tú /
que hincha el corazón en sus manos
como las velas de los barcos
                                               antiguos/
o
los alejandrinos sonidos del copihue en la ramada
(sobre nuestros sombreros)
o dos
lanzas del sol que ensartan nuestras palabras en la
atmósfera
y enhebran una conversación ajena a la nuestra,
que ya hubiéramos querido nuestra/
y
    luego me explicabas
que antes de venirse, tu padre era un fulero que voceaba la
partida de los vapores/
que cogida de su mano en la baranda del muelle,
por la noche,
veías caer las estrellas luminosas
contra el asfalto/
(La rana por más largo que saltó
               volvió a caer en el   estanque)
Si yo fuera para mí,     una mujer como   tú/
que hincha el corazón en sus manos,
     como las enormes velas de los barcos antiguos
que de seguro veías zarpar en
                                           los puertos de tu infancia,
                                                                   allá en Chile,
donde el estribor de mi voz,
no fue suficiente canto para ti
ni para nadie.
 

hanes bok

 PARk Avenue—
II

el ruido del piano se mueve como el mar tras los
naufrágicos violines en el quinteto de
                                    Dvorak.
Las gaviotas ciegas amaran en los bancos de anguilas.
Desde la ventana sur de éste departamento puedo observar
como levantan las paredes de la ciudad. La puerta.
A la pregunta de la corte sólo pude responder que esta vez,
no serían suficientes nuestros avanzados conceptos de
moral, ni escenificar excelsas tragedias en los pórticos del
mercado para detener al ejército cartaginés.
Soy el favorito de los hijos por eso.
Y también el menos querido.
He recorrido
innumerables prados
 y no hago más que permanecer siempre, maldita sea,
debajo del umbral.
Esta es mi voz,
es como verán, una esperanza y un fracaso.
Pues eso es la esperanza.

Las ínfulas extrañas
Rescribo lo que me fue conocido
o lo que me es dictado en la orilla,
la agonía de ser un peldaño de la maravilla
el paraíso absurdo de no ser requerido/
Ya ni redime más el remedio que el engaño,
ni bato la aorta del remo en un exhumado río/
llegaré a los pies del árbol cuya semilla extraño
apacentando mi propia sombra en el recodo sombrío.
Con los rebaños de imágenes fecundas,
he de resurgir desde mi actividad labriega:
prodigar las heridas por más profundas
asir la sangre desdoblada en la noria
difícilmente levantar mi ofrenda en entrega:
castigando al parricida, con no menos que la gloria.

20 de agosto
I

Finalmente
                 va a llegar la tarde
en que tenga que escupirte todas mis miserias/
resistir en la grupa estos vientos prerrafaelistas
y
     talar
los hermosísimos abetos que sembraste para mí, y que por
tantos años me han impedido ver el horizonte.
No reflejarse en nadie de ningún modo.  No ser yo
                                                                                 ni el otro.
La noche como un coágulo azul
La ciudad en el cauce de un río muerto.
Esta idea
            que más allá de
las alas de la noche que cercenan las aspas del molino,
es el ancla
           que se tira contra el cielo.
Nigérrimo albor de la época de siembra.
              Suplir las butacas 
que dan al escenario por
un territorio yermo.
No salir a ver las cosas que puedo decir.
Todo esto no por el rostro de Helena ni la perseverancia de Ulises
sino por el tráfico de las mercancías y el triunfo de la
mentira.
El ruido del mar es lejano. Es casi imperceptible. Es en
realidad
tan sólo un recuerdo.


II
Video meliora proboque,
Deteriora sequor
Ovidio
Aquí estoy benefactor,
mi madre ensarta mis ojos con su
                                    [hilo negro.
Aquí.
Cree hacerme tanto bien.
Ella
ha esperado hasta el
            octavo día
luego de mi
muerte.
/
Ha visto
como en cada templo
he ido
defecando
cristianamente mi corazón/
El ovillo de hilo
con el que no todos
nacemos.
El ruido
nocturno de la gravilla
tras las ventanas.
Este intento,
como una farola,
ridículamente
suponiendo iluminar
la noche.
Aquí benefactor,
¿Acaso no es suficiente mi cuerpo
para esconderme de ti?


III
Sin embargo alzo este canto para despreciarte
En l’an trentième de mon âge
cuando la luna esta vez realmente
está en el fondo del estanque/
cuando moriría fielmente por una idea de la cual
es más que seguro mañana me arrepienta.
Esta vez las velas de Teseo se divisan tan
cerca en la bahía de Lima.
Los blancos frutos de la morera teñidos de rojo.
Bajar la calle, volver a subirla.  Pensarte.
Alzar éste canto para de algún modo evitar la
cuesta que ha sido señalada para mí/
atormentar con esperanzas a un hombre de fe
creo en la resurrección de la carne
en que es siempre mucho más tarde que ayer
a esta misma hora.
Todos estos altares equivocados/
Ya que ha pasado lo que tan febrilmente anhelé
anhelo ahora el tiempo de los anhelos
ver que la muerte que habíamos aguardado siempre,
en lo más hondo, siempre nos había pertenecido
alzar este canto como se alza una carpa en el desierto
renunciar por completo a la heroicidad por medio de
las palabras
de la miseria y la ira brota a menuda, María, el bendito progreso
y en la algazara circundante para definir la parentela:
¿Cómo se refleja tu rostro en las aguas del río que yo dejé pasar?
IV
Siento esta idea como la placenta del padre
desenvainar la espada a la orilla de  este copioso mármol
hincharse las velas al inicio del abismo
sumergir la cara en este lodazal donde casi se vuelven ilegibles
las huellas de los caballos
ilegibles las señales que graban el viaje de los peces en el lomo
del río
morir por una que no es mi muerte
es decir, podar la cruz, que días atrás, ha echado raíces en la
cima del desmonte
esperar que el sol difumine la sangre en Place de la Concorde
y haga crecer, por quinta vez, la hierba entre las piedras
el pájaro que luego de un eterno arresto se le abren las manos
y
regresa a su jaula
y nuevamente la palabra se quiebra como una pértiga en el
                                                                                                  aire
y el primer recuerdo de la zarza ardiente      y del padre
desatando
de madrugada la soga del cuello de sus hijos
y entre los árboles, los solípedos golpes de las primeras
luces contra  las flores
la intermitente noche descamando las semillas
y siempre del otro lado de la verja estamos nosotros 
y aquí ocupamos el lugar de nuestra sombra
y es que tendida la ofrenda sobre la arena   optamos por
quebrar nuestros remos en la antesala del mar
cerúleo arado sobre mi pecho en ciernes
y cuando cierre la puerta   el sol en tu espalda
no será  más que el sol en tu espalda
el ensordecedor sonido del alba detrás de los cerros
las cartas que debí echar sobre la mesa y que he ocultado
durante todos mis combates dentro del yelmo
la tinta se ha grabado claramente en mi cráneo sudoroso
luego volver el oído a esta horadada latencia
y escupir lágrimas
dado que todo lo que atesoraba como mío
no era más, descubrí, que el insulso recuerdo de un sueño
el viaje
que siempre creíamos terminado al tumbarnos en la
antepuerta de la ciudad
la flecha que atraviesa la madera y nos señala postreramente  
                                                                                        el corazón
entonces los tordos pueden galopar o sumergirse
el sol yacer sobre las frutas
guardar los mapas y los libros con los que tan bien creí
desenvolverme en la oscuridad
y ver que mi existencia
como
estas palabras   son la ruptura del silencio
que en buena hora

volvemos a recobrar
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