ESENCIALES:ROSSELLA DI PAOLO




john falter





Cuadrivio

¿oyes ese ruido?
son ellos
ellos que no dejan de llegar interminables
por los cuatro costados
ojo descolgado   babas   el pie en el aire
y el ruido feroz que salta de sus manos
y los envuelve como fuego
puertas cerradas    ventanas cerradas   nadie en la calle
son la cohorte de los apestados   los mendicantes
los que hacen sonar entre sus dedos
poemas de amor no atendido
tablillas de San Lázaro

Limbo

Un día puse una piedra encima de tu nombre
y me dije: iré cantando hasta mi casa.
Y canté
como una loca sobre sus piernas fuertes
como río loco canté.
Hasta que el canto empezó a hacerse agüita rala
(ni para regar guisantes)
y entre paso y paso
se me fue perdiendo un pie.
No acierto a ver el tejado de mi casa ni el árbol
más alto
¿será que me dejé el corazón bajo la piedra?
¿mi tonto corazón junto a tu nombre?
Sé que ya no llegaré a mi casa.
Sé que tampoco puedo volver.

Amor de verdura

El rey tiene barbas amarillas como los choclos
y una risa apretujada como los choclos
y tiernas sábanas verdes como los choclos
ah, y a mí cómo me gusta, como los choclos, el rey.

Loca de basural

Soy la loca que revuelve en la basura
y estoy aquí gritando tu nombre
tu nombre que aviento contra latas descartadas
(yo la descartada) y que revienta y me salpica
porque soy la loca que tú sabes
acaba de llevarse una botella al ojo
y te observa arriba entre las moscas
la loca bien trajeada con sus cáscaras
de naranja al cuello y gritando
que el sol es verde y pica
como pulga, como las mil pulgas
y qué rico es rascarse y hasta que vengas
con tus manos de policía a ordenarme la cabeza
a revisarme por todas partes como Dios manda
y a seguir el ritmo suelto del tornillo
que me está bailando
como un trompo aterrado
como un trompo.
 

john falter




Profesora de lengua y literatura —Ex

          Sepan que estoy viviendo, nubes,
          sepan que canto
          Javier Sologuren

Nunca más pararme frente a la pizarra —ecce femina—
con un cucharón
para meter en los platos vacíos de sus cabezas
el engrudo homérico, la berenjena eglógica
el acento esdrújulo y miserable, ni más
tizas de colores, salsas de tomate,
para abrirles las bocas
ojalá el entendimiento.
Ya no la tarjeta en la tostadora horaria
saltando con su tardanza al rojo vivo
ni exámenes para probar cuánto resisten
mis nalgas en el pupitre y cuántas tildes
puede gotear un cárdeno Faber Castell 031.
Se acabó la clase, la ilusión de mango,
todos al recreo, yo al recreo (pero sin vuelta)
al recreo de desclavarme de la pizarra
y saltar por la escalera al fin resucitada.
Último día, las rejas se levantan,
y en este valle ameno
nubes, sepan que canto
sepan que canto, bestias.

Vietato

Cierro puertas
y ventanas
de mi casa
como un puño
en mitad
de la calle
mi casa cerrada
mi boca cerrada
nadie sabrá
que estuviste aquí
desordenando
los papeles de mi mesa
los dedos de mi mano
mi corazón
ya por fin cerrado.


No hay retorno

Río de pena soy tú mar de cobijo.

Pero los mapas desplegaron su canto de sirena
y te llevaron de aquí con fuerte encantamiento

Te esperaron muros blancos Puertas
sin conocer aldaba alguna
La vereda se tendía esperando tus pasos
para saltar sobre ellos festejante

Pero de la niebla leve como un navío
no descendió tu cabeza solitaria
nunca tus manos solitarias

Voy de un lado a otro de las cosas
enderezándolas suavemente hacia el delirio

Río de pena soy tú mar de distancia.

Las altas distancias

Si yo escribo tu nombre en la arena
y tú escribes mi nombre en la arena
pero en otra playa
es que hemos descuidado las cosas
hemos dejado crecer el mar como hierba mala
y habrá que arrancarlo con cuidado
hasta allanar la arena de esa playa
donde puedas escribir mi nombre y rozar el dedo
que está escribiendo el tuyo despacito.

 

john falter

Estanco [1]
Civitates / Troya

pasan las murallas hacia arriba
las murallas hacia abajo
pasan ante sus ojos inmóviles
Cuán ligeras las nubes de polvo siguen a los pies ligeros

a los pastores de hombres  a los domadores de caballos

mucho polvo levantan  mucha historia

los constructores de ciudades  los destructores de ciudades

pólvora  plomo  argamasa   relave

aceites  hollín  progenies (esas ondas expansivas)

y a su paso polvito humo la pobre mesa

y sus folios y clips (pobres) o plumas voladas
por:
esas dos fuertes piernas bien paradas
épicas
esas cuatro vivas patas en el mundo
hípicas
los buenos bartlebys  para nada
no hacen nada
con alivio de la historia
con más alivio
de clips y folios
maestros en la gracia difícil
de mirarse fijos
fijamente
sobre una mesa fija
en un pie
uno
solo.
 
Visitantes

–Nevermore!
–Preferiría no hacerlo.
oscuros visitantes
habitaciones u oficinas visitadas
suaves viudos mustios abogados
visitados
puertas abiertas
a la noche
o en horario corrido
y ya se instala
(malas noticias)
un agujero negro
volando
inmóvil.
Ismael  y el jefe de Bartleby se encuentran

–Soy un hombre de cierta edad.
–Llamadme Ismael.
o limaduras de hierro  qué más nos da
compramos boletos
primera fila
para ver
adorar
interrogar
aborrecer
seguir
imantados
–A la cabra muda.
–A la mula coja.
–Contra la  pared vacía de Wall-Street.
–Contra la cal viva en el mar vacío.
(arduos contrabajos prendidos de sus pechos
por una nota sola
una sola)
–Me salvé de la locura tragando un rumor de cartas muertas.
–Salí a flote en un ataúd.
–Le cerré los ojos.
–No cerré los míos cuando se lo llevó el diablo.
No somos nadie.
Pero escribimos.
El jefe aún
Soplo cuernos de carnero
grito  grito
corro siete veces a tu alrededor
tus muros han de caer,
Bartlebly,
lo dice la Historia con Todas sus Letras Consagradas.
*
Soplas cuernos de carnero
gritas  gritas
corres siete veces a mi alrededor
Empero Jericó estaba cerrada,
bien cerrada.
Mi tiempo no pasa en Jericó
–mi tiempo no es de esta historia–
los muros siguen de pie
intactos
los Polos bajo la nieve en borrador el Taj Mahal
inalcanzable aún
la Luna en su nido
sobre esta Tierra plana como una mesa
rueda el Sol.
Dirás que clavo profundamente el caos
(diré que serenamente)
que no levanto acarreo exploro descubro dispongo destruyo
que no hago nada
inmóvil
hache consagrada
al herror
¿y qué?


[1]Los poemas de “Estanco”  fueron publicados originalmente en El buen salvaje
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