SOBRE LOS TEST Y EL GLAM DE LOS INTELECTUALES. MAURIZIO MEDO

caricatura de El País


Hace un año, o tal vez más, planteamos con la colaboración de Andrea Nicotra, un test cuyos objetivos fundamentales,  nada pretenciosos –“demasiado banales”, acotaría la élite – se concentraban en despojar a la figura del “intelectual” (especialmente la de los poetas por la naturaleza de este espacio) de su condición de ser especial (casi como un superhéroe de Marvel) y brindarle la oportunidad de mostrarse tal cual, “fuera del escritorio”, presentando a la persona oculta tras la máscara para que pueda comunicarse con el otro, pues el lenguaje en su oficio, felizmente, no tiene esta misión, está “afuera”.

Los resultados obtenidos con el Test Nicotra (así lo denominamos) dejaron satisfechos tanto al (hipócrita) lector como a quien se sometió al test. Transcurrido el tiempo, dado que Transtierros no quiere limitarse al acopio y divulgación de objetos –llámenlo poemas o como gusten- se me ocurrió, hablo a título personal, traer al presente el Test de Proust (con algunas adendas) Se lo enviamos a una treintena de personas (todas “ilustradas”, cuyo talento podría hacernos creer que nacieron tocadas por el ala de un ángel) Algunos, especialmente quienes conocen nuestra línea de trabajo aceptaron gustosos. Otros reaccionaron de manera poco elegante: “jugando a los choloques no se gana nada”; “se están pareciendo a Cosmopolitan”; “me parecen algo así como New Age o idiotas no rescatables… vayan a venderle bananas a los brasileros”. Queremos agradecerles. Con estas reacciones recordamos que la estupidez, como señala Tabori reviste formas tan variadas como el orgullo, la vanidad, la credulidad, el temor y el prejuicio, además, de comprobar que, en el siglo XXI, existen seres tan ingenuos que aún creen que un “intelectual” no debe ser ofendido con ejercicios de tan bajo nivel.

Antes de empezar a divulgar las respuestas de nuestros invitados quisiéramos compartir con ustedes los de dos personajes quienes, alguna vez, se enfrentaron a este trance (divertido, cuestionador, lúdico, pensamos), no sin dejar en el aire nuestras disculpas, es de caballeros, a los excelsos personajes (y algunos lectores) que, tal parece, sintieron que su talento y sensibilidad fueron mancillados con la sola invitación.
Maurizio Medo
DAVID BOWIE RESPONDE EL TEST DE PROUST

¿Cuál es su ideal de felicidad?
Leer.

¿Cuál considera su logro más sobresaliente?
Descubrir la mañana

¿Cuál es su más grande miedo?
Convertir kilómetros a millas

¿Con qué personaje histórico se identifica?
Santa Claus.

¿Qué persona viva admira más?
Elvis

¿Quiénes son tus héroes en la vida real?
El consumidor

¿Cuál es el rasgo que más deplora de sí mismo?
En Nueva York, la tolerancia.
Fuera de Nueva York, la intolerancia.

¿Cuál es el rasgo que más deplora en otros?
El talento.

¿Cuál es tu camino ideal?
El camino del exceso artístico.

¿Cuáles considera que son las virtudes más sobrevaloradas?
Simpatía y originalidad.

¿Qué palabras o frases utiliza con mayor frecuencia?
“Chtonic”, “miasma”.

¿Cuál es su estado emocional?
Embarazado.

¿Su posesión más preciada?
Una fotografía pegada con cinta de celofán de Little Richard que compré en 1958, y un crisantemo seco que recogí durante mi luna de miel en Kyoto.

¿Cuál consideras que es el punto más bajo de la miseria?
Vivir con miedo.

¿Qué cualidad aprecia más en un hombre?
La habilidad de regresar libros.

¿Qué cualidad aprecia más en una mujer?
La habilidad de eructar a voluntad.

¿Qué tiene como lema?
“Qué” es mi lema.
JORGE LUIS BORGES RESPONDE EL TEST DE PROUST 

¿Cuál considera usted el colmo de la felicidad?
Ya que vamos a jugar, juguemos a este juego. Sobre la pregunta, le diré que podría depender de las circunstancias o de las personas, claro que es muy difícil…

¿Dónde le gustaría vivir?

Inexplicablemente, en Buenos Aires.

¿Cuál es su ideal de felicidad terrenal?

Poder pensar y trabajar.

¿Para qué índole de faltas siente mayor indulgencia?
Para las que son excepciones, para las que no corresponden al carácter general de quien las comete.

¿Cuáles son sus heroínas en la vida real?
Sucesivamente, las muy distintas mujeres de las que me enamoro, o espere, quizás, las muy distintas mujeres, ya que soy viejo, de las que sigo enamorado. ¡Tengo 79 años!

En la novela, ¿cuáles son sus héroes?
Cándida, de la comedia de Bernard Shaw u otras análogas.

¿Qué cualidad prefiere en un hombre?

Esto es un poco difícil, me refiero al cuestionario. Cuando a uno le preguntan cuánto es siete más cuatro, sabe responder once. Cuando le preguntan la prolongación de la calle Bolívar, sabe que es San Martín. Sobre la pregunta en sí, le contesto: yo diría el no tomarse demasiado en serio.

¿Y en la mujer?
La indulgencia, la cortesía.

En los demás, ¿cuál es la virtud que prefiere?

Dos: el hábito de la inteligencia y el hábito de la ética.

¿Su ocupación favorita?
En primer término, concebir obras literarias; en segundo término, ejecutarlas. También me interesa la germanística: en particular, el estudio del inglés antiguo y el escandinavo antiguo, que no aprenderé nunca.

¿Qué le hubiera gustado ser?
Cualquier otro, salvo ciertos dictadores de cuyo nombre no quiero acordare. No excluyo a mi pariente Rosas.

¿Cuál es el principal rasgo de su carácter?
La indecisión.

¿Su principal defecto?
La invencible tendencia a obrar de modo que que sea injustificable.

¿Cuál sería para usted la mayor desdicha?
Perder la integridad mental que no tengo.

¿Cuál es su color favorito?
El amarillo, el único que la ceguera me ha dejado.

¿Cuál es su flor favorita?

Supongo que la rosa, que es símbolo de todas las otras.

¿Cuál es el pájaro que le gusta más?
No tengo preferencias ornitológicas.

¿Cuáles son sus héroes en al vida real?

Los hombres de coraje.

¿Qué es lo que más detesta?
Creo que la estupidez y la crueldad, que suelen ir juntas.

¿Cuál es el don de la naturaleza que le gustaría poseer?
Me gustaría ser valiente. Mi dentista asegura que no lo soy.

¿Cómo le gustaría morir?

Bruscamente, hoy mismo.

¿Cuál es el estado presente de su espíritu?
Vivo desconcertado por tantas cosas….

De Borges, dos palabras antes de morir, Compilación de Fernando Mateo, LC Editor, Buenos Aires, 1994.

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