INÉDITO: JAVIER ALVARADO. EPISTOLARIO




milo manara




CARTAS ARROJADAS AL NEVA
 Donde las estatuas me recuerdan joven
Y yo las recuerdo bajo las aguas del Neva
A.A.
CARTA 1                                         
Era mi Rusia, andando por bosques remotos
Por sastrerías deshabitadas
Donde las telas adquirían el color
Obcecado de la muerte,
Donde las agujas eran como las palabras
Que nos atornillaban al suelo o al aire,
A ir de casa en casa perdiendo la identidad y el rastro.
No, no estaba bajo un ajeno firmamento,
ni bajo el amparo de unas alas extranjeras,
estaba entonces con mi pueblo,
allí donde mi pueblo, por desgracia, estaba.
Había peluquerías, restaurantes, almacenes
Donde las poleas sostenían el peso de seres amados;
Teatros donde se escenificaba alguna propuesta
De comedia
Donde morían todos los héroes,
Y todas las madres escribían
Las elegías sagradas del norte.  Todas veían un rostro descompuesto.
Todas podían ser las poetas que siempre fueron o soñaron ser
Con la felonía de las flores que embalsamaban
Las tumbas de Rusia.  Tumbas sin seudónimo
Donde las cruces eran de limo y de musgo y de huesos
Recién golpeados;
Donde todos pertenecíamos a esos recuerdos
Como de una desconocida epopeya, donde todos los perros
Llevaban una señal de mordedura en los ojos
Donde éramos un montón de hojas
Revoloteando en el connubio de la fuente, de ésta mi casa sin marcha
Donde toda la noche se desvanecía en mi chimenea
El clarear del futuro.  Caían los patos salvajes hasta mi pecho
Y los iba guardando en el armario
Con el deseo de que algún día pudiesen recuperar el aire
De sus alas.  Yo escuchaba todas esas noches
Esos coros cortados por las estrellas, esas sílabas de luz
De los que se fueron tanteando la bandera de la noche.
¿Qué hacer con ese signo noble que yo misma había escondido
Bajo la tierra, esperando que se agigantara como un árbol?
Eso era incomprensible como la huida bosquejada
En la rueda,
Como el gesto apócrifo de que nos abandonamos
Y pasamos de largo en aquellos paseos donde acariciamos la barbilla
Del ángel de la guarda.
Yo estaba mustia
Por caídas del acero
Como una diatriba magra
O como un trapo seco que empaña las verdades,
Mi personalidad como un trapo sucio al rostro
Que se interna            en un descorazonador              hálito de hielo
Por este atisbo de ciudad que hace su apertura.  Por estos días de ciudad
Donde el comercio enferma, donde ya todos los letreros
Tienen un propósito y una clave de nombre.
Mis días se abren
Por cada letra que dialogan los graneros
Donde los pueblos hacen filas
Donde los pueblos hacen filas
Donde los pueblos hacen filas
Conminando la ternura   y los granos que van hacia la boca      en las edades del hambre.
Hay salidas más que puertas
Soles que se van anudando las guirnaldas
De otros coloquios.
Sucede que ahora soy la mujer de siempre y la que nunca he sido,
Que de todo mi terror la única esperanza es el terror,
De que ellos vuelvan entregándome lo que me han arrebatado
Como un copo de nieve al cuello prístino del cisne.
Esta es mi herencia en páginas y es mi única herencia
Que apuesto al espíritu.
Sucede que ahora tengo frío
Que me vagabundean a veces los soplos
De los zorros plateados,
Esas ganas de pernoctar y de encontrar la paz
En la lumbre de un cigarro, que hay algo de paz en ese diminuto
Fuego que se aviene a mis pulmones;
También algo de aquellos muertos que arden
Dentro de mis bronquiolos.
En los hombres me encuentro;
Soy la piel que renuncia a ser tocada
Por la estrella
***
Llego a tientas a una aldea
Donde invoqué un camino recorrido.
Nadie me reconocía
Mientras me limpiaba el rostro que deshacía la niebla.
Fui adquiriendo personalidad
Cuando me fueron dibujando
Los copos de nieve,
Había también destellos de sol
Que transfiguraban mi coloquio
Y la ventana de épocas perdidas.
Había un rey de plomo que flotaba
Sobre una isla inmaterial.
Un niño yacía en su negra caja.
La inmortalidad estaba acostada junto a mí contando alfileres.
Una mujer arrojaba rosas a todas las calles desde la ebriedad de su trineo,
El que llega siendo alumno de la locura, termina siendo su mejor enemigo.
La música se va acentuando en la boca de aquellos muertos con los que convivimos
Un bostezo muy de cerca.
Muchos me oirán cantar cuando se traduzcan
Y busquen las escalas de otros cuerpos.
Esta aldea es inmemorial como los textos que escribo
Para detallar lo que mi propio ser no comprendía.
CARTA 2
Recuerdo como era él en la primavera pasada.
Allí está bosquejando su estrategia para alumbrar la muerte,
Para volverse a nuestros ojos y dejar que crezca el rosal
Contra todos los ponientes, contra todos los espacios
Que habitamos y que llenamos con nuestras llamas
Y nuestros rastros de vida en el perfume.
Será una marioneta que me sigue drenando con savias
La puesta de los hilos,
La comedianta triste que se advendrá
Como un pañuelo rasgado por el sacerdote
En la resurrección y requerimiento de los reinos.
Será como una estrella cortada, como un delfín
En el plenilunio de la carne o como una mofeta
Que se irá a esconder en medio de los bosques
Llamados y tiznados,
Cuando en medio de ese bosque
Vuelva a ser tierra con ansia marinera.
Yo la encontraré ahuecada como toda palabra
Que le falta la sangre de la alquimia,
Más ella rellenará
Las palabras con su espejo dulce,
Con esas trizaduras
Del agua que ejercen las enfermedades del molino,
Con toda su rabia            encenderá
El columpio de los granos,
La noche perpendicular
Arrastra su color y su ceniza,
El dragado de los astros cuando en el canal
Se fulminan las naves con la esperanza de una bandera
Niquelada,
Esa sombra que yace vomitando
En el desierto donde se asila
La llamarada de la noria.
La mañana es un parlamento
Que se extrae de la pata del cisne
Y la gaviota suprema pone su huevo en el atracadero
Antiguo,
Cuando los pilotes pesarosos
Se cansan de cargar la ausencia de un arbitrio,
De unos enamorados que se susurran arcoíris
Por mareas rojas que exterminan las perlas
O la oleada lasciva de mariscos
O el peso de un suicida
Acobardado entre la madera bermeja de su talle.
***
Ya se suicidó Marina.
Ya se suicidó Maiakosvki.
Ya se suicidaron todos aquellos que escribieron todo,
Aquellos que se quedaron por escribirlo todo.
Nadie revelará el alcor que circunda sus arenas
Sus motivos espectrales para derretir el oro
Y contrabandearlo en el numerario de las brumas,
Las tinieblas susurran un esqueleto diezmado al equinoccio
A las torturas tan venerables como el polvo relacionado
A la ceniza,
A eso que vuelve aullando como corrido
De conejo o como la voz funérea de lo que se levanta
De las cosas,
Ese tenedor de azúcar que sigue revoloteando
En los coloquios de la cena y la mariposa gualda
Entregue su cauterio con la espalda tricolada en la ventisca.
Ya los ahuyentan otra vez los guardadores de tesoros
O los lobos que rememoran el verano de la fábula
Sobre los ebrios castillos
O sobre las plataformas
Con cañones que sirvieron de escudo sombrío
A aquellos guardas,
A esas canciones de miedo
Que se iban tarareando después de saquear a las ciudades
Y a los poblados donde las rosas inundan con trasiego
O dejando a sus huestes errantes
En los ovarios
De las muchachas pueblerinas
Y el vestigio
De la carne sea un amuleto más para recordar el cuerpo
Y el sacrilegio de navegar como una caída de moneda
Por el agua
O ganar la otra orilla a nado
Con la misericordia de los dedos
Que gotean los golpes abrumados del estaño.
Yo soy mi recuerdo
Y estos empiezan a ser mis recuerdos torturados
De la época.
milo manara
CARTA 4
Hijo mío:
No repases esa antigua historia contada por las nodrizas.
Hubo alguna abuela que siguió contándonos la congoja
Tras el chamuscamiento de las manzanas
O tras la desaparición del apareamiento en el edén. 
Hay ahora una rendija porosa
Una extraña señal para la criatura que te saca de su averno,
Una daga espacial que nos corta el cordón umbilical
Y lo coloca sobre las manos de mi madre.
Yo temo a esa invitación y sus cuchillos.
Yo escarbo entre las piedras para buscar el pañal y el brazalete del hospicio.
¿Hay alguna señal para ocultar el nacimiento?
¿Hay una noche que arrastra sus rosas nevadas y la guirnalda mortal de las campanas?
¿Cómo suceder a estas huestes y a su sangre,
A esos venablos que asfixian toda trinchera, toda porción de vida
Sobre el porvenir?
¿Cómo ocultar a mi hijo de esas terribles criaturas?
¿Cómo devolverme al momento de parto y decirte
Hijo mío, quédate en el bosque?
Pero igual llevas una cruz;
Más que esta cruz que marcó el advenimiento de todos los designios,
Más que esta mancha solar en mi cuerpo
Cuando las lunas se recrudecen
Por los soldados que invaden,
Por los plenilunios ciegos
Donde hubo una morada
Para los niños huérfanos
Y los sentimientos que pertenecen a otro estado,
A otra alquimia abigarrada en el exilio.
Era la maternidad, mi palacio de las tentaciones, 
Mi puerta nunca abierta,
Esas miserias a enfermar,
Lo que siempre fue precario
Como la seda a mi piel
O como el martillamiento del destino
Como silabarios negros o fantasmas que se suceden
En la arritmia cardiaca del mar,
Ante mis pies que siguen creciendo
Con grilletes, con cantatas y con truenos
Que exorcizan la pupila tenebraria del sapo,
Ante ese jardín magnífico donde te amortajan
Y te van aconteciendo mutaciones
Para invadir el pan que se empequeñece ante otras realidades.
Sigo haciendo filas y me encuentro en otras madres y en otros rostros
(Si es que alguna vez tuvimos rostro)
***
Acerca más tu rostro a esta tormenta,
A ese granizo coloquial
Que trata de aferrarse a tus manos
Como el maná de una bienvenida. 
Hay otro vuelo parecido
Al de los pájaros,
Pero que no alcanzas a descifrar
Y hay una vela que permanece intacta ante las sombras
Que sofocan
La tiniebla ante los desvanes,
Ante esos depósitos donde transcurre tu aurora
Y tu crepúsculo mental como una balsa
Desinflándose hacia otro reino, hacia otro exilio.
Hijo: seguimos creciendo.

CARTA 16
Deletreo estas estrofas
Mientras el mar va canturreando
Las gaviotas en su calma
Envejecías junto al taller y junto al silabario
Que dejaban tus máscaras,
Esa porción del vino o del anochecer
Cuando estamos a punto de acostarnos
Y nadie se acuerda de sacar el anillo
Perdido en la última nevada,
Esas ganas de consagrarse a un grano de sal
Que invade la memoria,
Cuando extirpamos ese recuerdo extraño del cerebro,
Esos espejos que nos colocan en las manos para evidenciar
La partida de los otros,
Lo que se transfigura en el monte
Como un cervatillo quieto,
Como un marinero que abre su licor en medio de la espuma
Y nadie horada sus silabas de hierro,
Ese rencor que se cuece en la cubierta
De un navío
Como gimiendo, como llorando
Como el viaje de una novia
Que se acuna desde el terror hasta los ojos,
Tendría que invocarte en todos mis estadios,
En todas mis ruinas e iluminaciones
O dejarte un letrero colgado
Para que me busques en los baños
Y me acunes como una isla en tu boca
Que se enciende como la danza
De los gallos en el patio. 
Apartándonos de la belleza
Y del hábito de dormir diariamente
De diatribar con el viento y las sustancias oscuras,
De franquear esa hora inmarcesible
Donde los astros caen en mis párpados
Como secos imanes
Como venenos de verdad
Que trepan la rosa averiada,
La música fulgurante ante el recuerdo de ser niña
De cabrestear las vidas y las muertes
Y el sueño que balaba
Ante la piedad insistente,
Los amaneceres en el campo
Y las visiones enterradas como ciudades
Los líquenes de la guerra
Que nos avasallan a otra verdad,
La de amar y reconocer otro cuerpo soldado a la fáustica
A las nociones de agua
Que invaden los jueces de polvo
Cuando la madre espiaba ante los objetos
El juego de todos los adolescentes
Esas ahormadas extrañas
Que hienden el dedo en el conocimiento,
En el reconocimiento del ave
Que cae sin capullo y encabrita las alas
El tímpano que riega las vocales
Y el martinpescador que deja su bañador
En el augurio de una ola
Cada espacio cerrado a las multitudes de humo
Y el éxtasis de esparcirnos como pétalos en la playa negra
Eso será como atesorar un desagüe de hermosas imágenes
Una ansiedad que nos lleve al golpe del fuego o la asunción terminal.
***
 

milo manara



LA ASUNCIÓN TERMINAL
TÚ SABES QUE TODO LIBRERO ES AL FINAL DE CUENTAS UN CARCELERO DE IMÁGENES Y PÁJAROS.  TÚ QUE TIENES ESA DISPOSICION DE MANEJAR CADA TRIBUTO DE LA JAULA,  ENCÁRCELAME TAMBIÉN JUNTO A ELLA Y -JUNTO A ELLA- HAZME TOCAR UNA PIEDRA, UNA PIEDRITA, UNA PIEDROTA Y FUNDAMENTAR UNA LIBERACIÓN-
La noche es portadora de estrellas y de eunucos.  Desde el viento vienen las primeras arrojadas de begonias que ha desechado la reina.  Yo sueño que me vuelco sobre un banco de arena y que la arena se calienta hasta endulzar la playa con la estrategia del cristal.  Nos seducen casas flotantes en donde metemos las manos y donde nuestros pies son condecorados con mordiscos de abeja y con algas metamorfoseadas en medusas.
La corte de los espectros sangra en su medida en que el torniquete se va soltando para dar la locomoción al poema, a la estrofa, a la velocidad de lo intrépido y lo sanguíneo.  
La turba nos espera y hay carteles de erotología que se confunden con protestas sociales. EL PUEBLO es esa integración del futuro.  El poema es social nos gritan en terribles vaharadas.   Tu inocencia se confunde con una flor del crepúsculo y se arranca el pistilo para regenerarse en un verdadero acto heroico, en un verdadero acto de retórica.

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