SU FUTURO COMO ATILA EL HUNO POR TIMOTHY DONNELLY. TRAD. GUILLERMO SERRANO







david kattán






Pero cuando trato de visualizar cómo sería la vida
          separado de los circuitos que me hacen sufrir con ansiar
lo que sé que nunca necesitaré, o que necesito pero ya sé
          que tengo en abundancia, siento la nube del desayuno
de plaza de comidas aflojar su abrazo, siento el centro comercial
          caer mientras su escalera eléctrica me entrega al piso
previsto para espacio de conferencias. Siento mi duda disminuir, mi deuda
          disminuir; siento que una nieve que cae sobre el estatuario
público no lo hace tristemente, porque lo hace sin ganancia.
          Siento que soy menos tóxico. Siento mi pensar, mi único prospecto
yace debajo de un tren por la cobertura, parar. No pienses que yo nunca
pensé de tal manera porque tengo y hago, a través
del octubre en blanco con un dólar en mi bolsillo ida y vuelta
a la universidad. Deja que el expediente no no muestre. Me he
abandonado por lo que me falta y no valgo. Todo esto
          se desdobla en episodios que palidecen tan rápido como otros
ganan de mi inercia: he observado, seguiré estando
          alerta desde debajo de las cobijas mientras los días tropieza con
los días previos, fuera de combate el linóleo dorado de fondo
          donde hacemos ricos a los otros con persistencia enfermiza.
Pero cuando trato de visualizar lo que pudiera ser cambiar,
          veo tres puertas frente a mí, y por ende oportunidad,
cuartos llenos de la misma como la mente misma está llena
          pensando en un tiempo antes del tiempo, o del infinito
diván del cual nadie parte; y mientras las dos primeras puertas
          tienen su atractivo,  la tercera es la que más me gusta, aquella
detrás de la cual se abre una prado, vasto,  y en él, pastando
          botones de oro, una vaquilla errante con una pezuña herida,
sus huellas de sangre seguidas por un pastor curioso de vuelta
          a algo filoso en la hierba, la punta de una larga
espada la cual, ya desenterrada, pule el pastor con su túnica
          de piel de roedor, dejando que el sol eurasiático juegue
sobre ella por el efecto, un regalo para mí, una tarea, un instrumento
          para devastar al imperio puesto ahora ante mis pies.

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