EMILIO ADOLFO WESTPHALEN EL ALA DEL ÁNGEL. RODOLFO HINOSTROZA

herman schwarz




















Westphalen era un poeta tocado por el ala de  un ángel. Entre los 21 y los 23 años había escrito dos de los mejores libros de poemas en nuestra lengua, Abolición de la muerte y Las ínsulas extrañas, ambos de raigambre surrealista, y de una belleza realmente deslumbrante. Eran apenas 9 poemas por cada libro, pero de una calidad extraordinaria.No se podía menos que compararlo con Rimbaud o Lautreamont, esos enormes poetas que recién emergidos de la adolescencia habían sacudido el ambiente literario francés de fines del s. XIX, y se erigían en paradigmas de jóvenes poetas rebeldes y visionarios.

Nos Escribía, por ejemplo:
He dejado descansar tristemente mi cabeza En
esta sombra que cae del ruido de tuS pasos
Vuelta a la otra margen
Grandiosa como la noche para negarte
He dejado mis albas y los árboles arraigados
en mi
garganta
He dejado hasta la estrella que corría entre
mis huesos
He abandonado mi cuerpo
Como el naufragio abandona las barcas
O como la memoria al bajar las mareas
Algunos ojos extraños sobre las playas
He abandonado mi cuerpo
Como un guante para dejar la mano libre
Si hay que estrechar la gozosa pulpa de una estrella …


En fin, cuando lo conocí, a mediados de los 60, Westphalen gozaba de un prestigio legendario, Y no sólo como poeta, pues había sido el director de la revista Las Moradas en los años 40, Y por entonces dirigía otra revista memorable, Amaru, para la Universidad de Ingeniería. No recuerdo bien por qué fui a visitado a su casa de Miraflores, tal vez por un encargo periodístico porque en esas épocas yo escribía en la revista Caretas, pero debo decir que esa entrevista me dejó profundamente decepcionado. Es verdad que los poetas no tenemos ninguna obligación de parecemos a nuestros poemas, pero es que Westphalen era mortalmente aburrido, parco, convencional, silencioso, nada que ver con sus brillantes poemas, ni con sus revistas, y costaba trabajo entender que se hubiera desempeñado como diplomático en Europa, durante muchos años. Poco después me entere que lo llamaban “La Momia”, muy irreverentemente por cierto, pero esto era poco menos que inevitable visto el talante del personaje …
Para gran sorpresa mía, a los pocos meses de esa entrevista, Westphalen me llamó para darme un recado que traía de París, de parte de la escritora cubana Ana María Sima, que yo había frecuentado mucho en La Habana porque era codirectora de la editorial El Puente con José Mario Rodríguez Pérez, donde yo había publicado la primera edición de Consejero del lobo. Se habían encontrado pues en la Ciudad Luz, no sé en qué circunstancia, mi nombre había salido en la conversación, y Ana María me mandaba a decir que residía en París, y adjuntaba una dirección y un teléfono. De inmediato supuse que Ana María estaría destacada en su embajada, como agregada cultural posiblemente, porque ella era una de las más destacadas jóvenes escritoras de la nueva hornada emergida con la Revolución, afiliada la Unión de Escritores de Cuba, y formaba parte de la juventud comunista que era bien consecuente con la línea del Partido, y sólida garantía de hacer carrera en la administración castrista. Pero era exactamente todo lo contrario, porque cuando llegué a París, en Mayo del 68, me enteré que Ana María estaba en Francia más bien en calidad de exiliada política, pues la fervorosa joven comunista que yo había conocido en la universidad de La Habana, inexplicablemente se había exiliado de Cuba y había pasado a engrosar las filas de los denostados “gusanos”.

Serían muy largas de explicar las razones de tan espectacular cambio de camiseta, como ella tuvo la paciencia de hacerlo para mí, pero su deserción era una respuesta al rumbo intolerante que iba tomando la Revolución Cubana, con la represión a los homosexuales que había desatado el régimen, enviando a los campos de “reeducación” –o concentración de la UMAP, entre varios miles de personas, a mi editor José Mario Rodríguez Pérez, de donde salió destrozado, como la propia Ana María que estuvo en prisión por una bagatela y le aplicaron 11 electroshocks para “resocializarla”, que le hicieron perder la memoria durante años. Esta horrible realidad contrastaba brutalmente con el Mayo Francés, marcado por la revolución sexual, juvenil y antiautoritaria que vivíamos en Paris, y que ya estaba insinuándose en mi poesía para conformar mi segundo libro, que se iría a llamar Contra natura.

La vez siguiente que me tocó ver a Westphalen fue ya en París. Él era muy amigo de mi casera, Claudine Fitte, la ex mujer del pintor Sérvulo Gutiérrez, quien nos alquilaba unos apartamentos que tenía en el Barrio Latino a Eielson y a mí, y solía alojar a los amigos de paso en la ciudad. Me llamó pues Claudine una mañana, para decirme que Westphalen estaba alojado en su casa, y que quería verme, tomarse un café conmigo … Yo estaba entusiasmado como un chico, pues Emilio Adolfo era mi poeta preferido, conocía su breve obra poética al revés y al derecho, y sentía que era un honor que el gran poeta me convocase a tomar un café.

No digo que este mi segundo encuentro con Westphalen fuera desastroso, pero casi. .. Nos encontramos, a eso de las 11 :00 a.m. en un cafecito de la Mutualité, donde el poeta vino acompañado por Claudine, lo cual me pareció excesivamente formal. Ya no era pues posible una conversación íntima, de poeta a poeta, como yo lo hubiera deseado, y me mantuve a la expectativa, a ver qué onda se traía el poeta. Nos sentamos pues los 3 en una mesita, pedimos nuestros cafés, y Westphalen fue derecho al grano: “¿Qué le parece el Premio Nacional de Literatura que me ha otorgado el gobierno militar?” me soltó de sopetón. Yo ignoraba que exitiese tal premio, porque hacía muchos años que me había ausentado del Perú, y casi no mantenía ninguna relación con mi país, pero de todos modos lo felicité protocolarmente, sin saber que más prudente hubiera sido no hacerla… Westphalen me rectificó fríamente: “Gracias, pero sabe usted que el jurado me lo hizo compartir con Luis Alberto Sánchez, la mitad pata él, la otra mitad para mí? … Qué piensa usted de esto? En el jurado estaban sus amigos, Abelardo Oquendo y Mirko Lauer … ” me dijo acusadoramente, como si yo tuviera que saber las oscuras razones de esta yuxtaposición de un poeta sobre un crítico, que Westphalen sentía como una solapada ofensa ocurrida a miles de kilómetros de París, y antes de la era de Internet. Porque evidentemente le sabía a chicharrón de sebo que 10 pusiesen al mismo nivel que aquél mediocre y obstinado crítico literario, que además era un notorio aprista. Pero qué demonios podía saber yo de los arcanos de la política velasquista, si a duras penas identificaba a Velazco Alvarado ya Tantaleán en las fotografías, porque yo me había ido del Perú pocos meses antes del Golpe de Estado del 68, que llevó a los militares “buenos” al poder, y no regresé sino una vez, hasta que se fueron los uniformados? En fin, Claudine, que había viajado conmigo en e! barco que nos trajo a Francia en Mayo de! 68, intervino para recordarle que yo no había regresado desde entonces a Lima, y hábilmente desvió el curso de la conversación hacia tópicos menos politizados.

Estuvimos por ahí divagando entre sus recuerdos de Lisboa, donde e! poeta había sido agregado cultural durante varios años, y las veces que pasó por París, con su entrañable amigo César Moro … Porque a pesar de su evidente timidez, Westphalen parecía conocer a todo e! mundo: a BenjaltIín Peret, a Octavio Paz, a quien había mucho frecuentado en México cuando era también agregado en e! país hermano, al poeta Alain Jouffroy … En fin, vueltos a la poesía y e! :urrealismo y San Juan de la Cruz, me atreví a preguntarle: ¿Por favor, sáqueme de una duda … Usted escribió su primer libro, Las ínsulas extrañas a los 22 años? .. y Abolición de la muerte a los 24 … ?”. “No, a los 21 y 23 años respectivamente” me aclaró mirándome de frente, de poeta a poeta.  contrariamente a otras ramas de la literatura, en poesía hay muchas obras maestras que son realizadas por inspirados jóvenes imberbes: Pablo Neruda publica 20 poemas de amor y una canción desesperada a los 20 años, Carlos Oquendo de Amat edita 5 metros de poemas a los 22 años, Martín Adán publica La casa de cartón a los 20, La rosa de la espinela a los 21, John Keats a los 22 años edita Endymion, Jorge Eduardo Eielson publica Reinos a los 21 años … A esta estirpe pertenecía Westphalen, y hacía unas 4 décadas que no publicaba un poema nuevo, pero su prestigio seguía creciendo entre los amantes de la poesía, que no son pocos, ya era un verdadero “poeta de culto”, y frente a él yo me sentía como un verdadero fan frente a su rockero favorito ….

La vez siguiente que lo vi, en el año 88, fue mucho más gratificante que las anteriores, pues me hizo llamar ya estaba en silla de ruedas a causa de su avanzada edad para pedirme que presentase en la Universidad de Lima, su libro Ha vuelto la Diosa ambarina, publicado en México, después de 53 años de silencio poético. Él no podría asistir por su estado de salud, pero quería que su presentador fuera yo, en ese acto organizado por Jorge Cornejo Polar, lo cual era un gran honor para este su ferviente admirador. El título solo ya definía muy bien su poética, que era una visitación de la poesía a esta materia estupefacta que es el poeta, una iluminación rambodiana, un misterio gozoso del San Juan de la Cruz, un atemporal instante de inspiración que te da en plena frente.

No sé muy bien lo que dije, creo que improvisé cornO suelo hacerla y después me olvidé de apuntarlo.:. Fui a visitar al poeta en su silla de ruedas, le rendí cuenta de mi actuación en una sala llena de la Universidad de Lima, y él se mostro satisfecho aunque parco como siempre. Pero sus ojos tenían un fulgor y un calor que nunca le a la visto, y me apretó las manos muy efusivamente cuando me despedí. No lo volví a ver, y supe que murió en el año 2001, a la avanzada edad de 90 años.
HE DEJADO DESCANSAR


He dejado descansar tristemente mi cabeza
En esta sombra que cae del ruido de tus pasos
Vuelta a la otra margen
Grandiosa como la noche para negarte
He dejado mis albas y los árboles arraigados en mi garganta
He dejado hasta la estrella que corría entre mis huesos
He abandonado mi cuerpo
Como el naufragio abandona las barcas
O como la memoria al bajar las mareas
Algunos extraños sobre las playas
He abandonado mi cuerpo
Como un guante para dejar la mano libre
Si hay que estrechar la gozosa pulpa de una estrella
No me oyes más leve que las hojas
Porque me he librado de todas las ramas
Y ni el aire me encadena
Ni las aguas pueden contra mi sino
No me oyes venir más fuerte que la noche
Y las puertas que no resisten a mi soplo
Y las ciudades que callan para que nos aperciba
Y el bosque que se abre como una mañana
Que quiere estrechar el mundo entre sus brazos
Bella ave que has de caer en el paraíso
Ya los telones han caído sobre tu huída
Ya mis brazos han cerrado las murallas
Y las ramas inclinado para impedirte el paso
Corza frágil teme la tierra
Teme el ruido de tus pasos sobre mi pecho
Ya los cercos están enlazados
Ya tu frente ha de caer bajo el peso de mi ansia
Ya tus ojos han de cerrarse sobre los míos
Y tu dulzura brotarte como cuernos
Y tu bondad extenderse como la sombra que me rodea
Mi cabeza ha dejado rodar
Mi corazón ha dejado caer
Ya nada me queda para estar más seguro de alcanzarte
Porque llevas prisa y tinieblas como la noche
La otra margen acaso no he de alcanzar
Ya que no tengo manos que se cojan
De lo que está acordado para el perecimiento
Ni pies que pesen sobre tanto olvido
De huesos muertos y flores muertas
La otra margen acaso no he de alcanzar
Si ya hemos leído la última hoja
Y la música ha empezado a trenzar la luz en que has de caer
Y los ríos te cierran el camino
Y las flores te llevan en mi voz
Rosa grande ya es hora de detenerte
El estío suena como un deshielo por los corazones
Y las alboradas tiemblan como los árboles al despertarse
Las salidas están guardadas
Rosa grande ¿No has de caer?

Publicado en Parrarayos de Dios
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