ANTONIO BUX. EL HOMBRE COMIDO

Si la poesía es promesa de conciliación entre un ritmo y un sentido, entre las palabras y lo real, cuando esto último deja de tener sentido también la crisis parece amenazar la certeza con la cual suceden palabras, sílabas, frases. Sin embargo, Antonio Bux expone aquí al mismo tiempo su afirmación inclaudicable de una forma rítmica, por cierto que afectada de interrupciones súbitas, encabalgamientos, diversidad de tonos, para nada homogénea, y su crítica de un supuesto mundo real vacío, desertificado, devorado. Lo único que subsiste en lo real, el ser que habla, finalmente también será consumido. Pero aun en la desolación quedarán repicando los versos, el poema seguirá diciendo que algo llama. Al matadero en que se transforma inexorablemente el mundo de la vida se le opone un neologismo, un “llamadero”, sitio donde la poesía sigue hablándoles a otros, generalizado “hombre comido” que  tal vez leyendo y escribiendo la forma menos consumible del presente se acerque a un juicio sustentable, a una salvación de lo que hay, aunque sea por medio de una adicción a la droga más potente y que se toma en soledad, como decía Baudelaire, nosotros mismos. 



Silvio Mattoni









Brazos de Dios

Tengo ganas de comer piedras
y de levantar una tumba
de palabras malditas. Porque
estoy enojado con los brazos
de Dios, no saben proteger
la sombra suspendida,
el vacío manantial;
yo no tengo agua para siempre,
mi boca no se parece a Dios,
madre mía, ya estoy cerca
de su campo.




Quiero llegar a ser pobre

Quiero llegar a ser pobre
y a no tener palabras
que decir. Para poder
saludar mi ventana
cerrada desde un puñado
de manzanas frías. Calor
sin remedio, hueco del alma,
no escuchas los viejos
oídos. Solo hueles a patio
oscuro y perdido.





Hambre de jardines muertos

Tengo hambre de jardines muertos
y de sombra vegetal. Me parece raro
pero cierto, ya no soy humano
sin mi verdad. Y si quiero amar
veo el mar muerto, y si oigo burbujas
me vuelvo un viejo. No hay esperanzas
sin mil arrugas, ni hay palabras
sin genitales. En este mundo
solo hay urgencia
de vomitar, pero ya nadie
vende el viejo licor.





Mujer mental

Mujer universal, me falta
el inglés para besarte.
Y un ojo de Gibraltar
o una mirada euskera.
La conquista me aprisiona
de palabras que no llegan
a tocar los labios
o el frío sepultado. Mujer idioma
dame un beso borrado
o un diente de risas
para que perdone las rosas
violadas del mundo.





Amor robótico

Por qué la mañana me parece
una mano de ceniza
que el sol no extingue. Lleva
una llama agotada, nos queda
el apagón térmico, la última
condena del rostro. Es besar
el cadáver del llanto, una combustión
cerebral, elimina el espíritu
quebrando la cadena; queda
un animal dado vuelta, la piedra humana,
queda lo quemado, la piel del alma
que no sabe bautizar promesas,
las promesas de un cielo robot.





Agua inexistente


Si te protegí
todos estos inviernos,
es porque creo en
la tormenta. Y si creo
en algo frío, en algo blanco,
es porque vivo el hielo
del amor prohibido. Porque
se prohíbe el sentimiento
natural a los hombres,
como el del mono
por su mamá rama.
Y no es nada raro
para mí, ahora,
protegerte, lluvia ígnea
que jamás bajara del cielo,
río triste, mientras apagás
la montaña, convirtiendo
mi sed en un agua
inexistente.






Dame una mano


Tendríamos que inventar un viejo

beso de plumas. Para ensuciar

de blanco un río sabio. Pero de

sabiduría no se nutre la isla

lejana que aún dibujamos en

papeles morados y cartas tinieblas.

Ahí está Eldorado, ninguna colonia,

ni general ni patria, ni esclavos

de arena alzando brazos cálidos

desde el rincón de hombres exiliados.

¿Qué te parece si apagamos el agua

sobrante de los labios y le damos comida

a las aves muertas de la historia? Decime

qué opinás, ¿querés invertir tu suerte en los

nervios del cuerpo sagrado, adivinando el

vacío de cada confín que no nos pertenece?

Estoy solo, con muchos a mi lado; estoy

sin milagros, y solo el diablo cumple conmigo.




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