CHRISTIAN KENT – EL CONDE ORLOFF




EL PINTOR DE LA CORTE

Saturnino Reliquia nació en las afueras del muro.
Vodka era el padre y madre hablaba con los muertos.
Su habilidad con los pinceles lo llevó a cruzar la puerta de Krakow y en poco tiempo estuvo en la Corte.
Retrató al perro, a doña Hermelinda Arasunu de Orloff, a la vecina con una canasta de pastelitos de guayaba, a sí mismo.
Mañana de julio recibió una orden.
El Conde Orloff solicitaba un retrato.
Solicitó hombres rana invadiendo el puerto de Lvov, violando a sus mujeres y rompiendo las vitrinas de joyerías.
Solicitó un inmenso anfibio emergiendo de la profundidad del océano para imponer su paz.
De las agallas deben asomarse el sol y la luna respectivamente.
La cabeza de Reliquia rodó por las escaleras del Palacio.
El cuadro fue llevado al sótano y cubierto con un manto negro.
Algunos dicen que lo vieron, y que el Conde Orloff sostenía los testículos del joven Reliquia mientras este fumaba -en un pitillo- semillas de amapolas.
De su nariz cayeron tres gotas de sangre sobre la nieve.

JUEGOS FLORALES

Las participantes de los juegos florales fueron colgadas en la plaza pública mientras doña Hermelinda Arasunu de Orloff acababa de acicalarse.
El premio fue un santo rosario de cuernos de unicornio.
Para el efecto faenaron al último ejemplar que pastaba en el lado mítico del muro.

EFECTOS SECUNDARIOS DE LAS SEMILLAS DE AMAPOLAS

Nadie sabe con seguridad si era opiómano por deshuesado o al revés.
Lo cierto es que no tenía huesos y le daba a la pipa con sarna.
Fumó tanto que se le derritieron los huesos.
El hombre transparente -le decían- persiguiendo el dragón.
La cuestión es que Orloff no tenía densidad en los huesos, era hueco y flexible como un globo desinflado.
Podía torcerse y doblarse a gusto.
Su piel era fina como el papel y su musculatura totalmente atrofiada.
Los espectadores podían ver su sangre corriendo por las venas.
No solo eso, cuando una luz brillante era colocada detrás de Orloff, el resplandor podía verse desde el otro lado.
Su tendencia a mostrarse como un fenómeno médico o una maravilla mutante le han ganado un viaje alrededor del mundo.
Eventualmente se hizo dueño de todo y construyó el muro de Krakow con esclavos de Lvov.


TRAJE DEL TIEMPO CELESTE

El Conde Orloff mandó llamar al consejero de la corte, un joven de nombre Saturnino Kristov.
Vestía un saco celeste.
Era la costumbre que el llegado dirigiera primero la palabra en el tiempo gramatical ceñido a la vestimenta de Orloff. Pero Saturnino Kristov no estaba seguro.
Después de un mes de estar parado y en silencio frente al trono del Palacio, fue la decisión embalsamarlo para tener siempre presente una referencia del no tiempo.
                


AL RITMO DE LOS DIABLOS ROJOS

Para los quinceaños de la pequeña Yahaira, el conde Orloff envió una flota de lobos marinos al pueblo de Pullcapa, en cuyo centro residen los Diablos Rojos.
Chicha peruana amazónica sería la nueva moda en Krakow.
“Si es que quieres tu bailar
y ponerte diablo,
ven escushame cantar
que soy guapo que valgo”.
El trasero de Miss Abott y la Elfa que canta como el guyra yma se robaron la atención del zoológico histórico.
Orloff convirtió el agua en vodka.
Hermelinda y la vecina guardaban torta y centros de mesa en sus bolsos al ritmo de Los Diablos Rojos.

En su torre la pequeña Yahaira escuchaba en silencio el aullido de los cazadores de búfalo.


De El Conde Orloff (editorial Okara Japu, 2013)
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