WILLY GÓMEZ MIGLIARO. NADA COMO LOS CAMPOS






shaun tan



















NUMEROSA FÁBRICA DEL RESTO
[1]
diáspora,
campo de flores
del que produce en los caminos el desplazamiento
de extrañas construcciones
porque
en ninguna parte fue necesario hablar
para conocer la palabra antes de empezar a morir
sino que
te llevaban al placer de los zafiros
te llevaban a construir la mente
te llevaban allí adentro a leer el libro ante el baile
y baile
sobre todo de la culpa
de haber empujado el cuerpo
y dejado a veces
sin tiempo el tuyo
sin palabra
solo en el jardín
cuando huyen las mariposas
y de noche
el murciélago del destino
y la huella infalible
en la ciudad
como para no perdonarse
es cierto
si nada se ha perdido
o ni el cuerpo original
tuvo lenguaje
y no supimos cuándo vino de dónde vino
si era el cuerpo
en realidad
lenguaje
corola de la flor
o el esqueleto de un país
más bien
creo
mira
lo que amamos
al principio


[2]
el árbol referido al crecimiento y al canto de la ceniza del país,
tiene suelo
sin nombre todavía
tierra desmedida,
como de su fruto y huyo de su cárcel desnuda
el árbol de la sombra y el cántaro de un país adentro
como muerte en dulce sueño
y nadie despierta
nadie dice dónde están
nos queda una rosa herida muy fácil de tocar
piel
piel de primavera todavía

con un montón de palabras arribo a su descomposición
abundancia
terreno de la abundancia
y aliento nocturno cuando hablamos
con ellos
en el silencioso funeral de nadie
dios de la forma,
el deseo
& la muerte
el amor es su construcción
legítima
MANCHA
Un trabajo en la materia tiene su buen dios
y ayer vimos que el equipo amarillo ganó la punta con una historia dispersa.
La música acababa en la naturaleza de la forma.
La materia ocupaba su destino
y nadie sino yo comenzaba esto:
la ofensa de la noche
para seguir un programa de escritura difícil.
Porque para un modelo de papel
el mensaje del mundo se pasea en poemas
que son su propia cosa.
Además fue divertido ver parado a los hombres del espectáculo
en su propia inundación
y con señales acústicas tal proyección
moría en el arte verbal.
Esos hombres descorrían su manantial
-lo supe después por la única carta de Marga desde el Cusco-
solos, con sus palabras de restaurantes oscuros
a través de la ciudad. El aire era repelente,
y un olor a célula fue mi aflicción y una tumba marcada con tiza azul,
fue mi punto concéntrico.
La palabra, ahora sé, revela demonios
y los nombres de su sexo
cuando son profundamente amarillos los ribetes de la imaginación
que bañan mi cuerpo;
y son profundamente celestiales los trabajos del buen dios
perfeccionando la materia y
revelando el lenguaje desaparecido.
En donde nada hay
el dictado empieza


VALLE INCRUSTADO/ ODA A LA PINTURA PERUANA
para Sara Elías
Los cuadros que se olvidan son las sombras de una bella arquitectura,
natural con cuerpos quebrados parece.
Todo es un gran negocio con música breve: venden a un hombre
en el Perú y la crisis del fútbol en medio de la lluvia,
amarilla ventanas con flores de lis en la galería.
Inauguran la Bienal de Lima y veinte jóvenes latinoamericanos
publican su viaje secreto y atroces formas del esqueleto de la ciudad.
Las bestias se canonizan
en una escritura que habla del cisne del tatuaje en la colonia
cuando se reparten estampitas de santa inquisición; y la fisiología de los
niños biólogos es azul cuando se inmortalizan comiendo lechuzas
o músicos del aire; y los hombres que han enloquecido
asisten a una ceremonia del viento pegados con engrudo en un video clip.
Y lo más hermoso está en las rayas del tigre azul sobre mares caídos
cuando un amor se desintegra entre los brazos profundos del sol al amanecer.
Innombrables primitivas sombras del amor –reza al fondo
recelando una proximidad, todavía hay más, todavía
para quienes estamos acostumbrados a las distancias,
Lima es un desierto de animal sagrado si resistes estar afuera para copiar.
Ese tono confuso alrededor de la imagen viste de bosques su descripción,
y toda danza angustia cuando su fiesta se hace primavera
y pájaros al atardecer sobrevuelan mi afán de salir fuera de sí.
Comienzo de nuevo, entonces, con los signos de rotación:
una fábrica oxidada sobre la hierba adentro y un camino limpio de cenizas afuera
y nos vamos a la Costa Verde donde un viejo pintor
nos trae su Intihuatana como una leyenda, como una letrina también
de las avenidas principales llenas de caza.
¿No es el Centro Cívico, este concreto, traspaso de luz o brisa del mar
partiendo el cielo de las incertidumbres?
Las ruinas evidencian una fábula desoladora, antes lo dije, pero
la gran inauguración espera su entierro precolombino
y todo parece que huele a muerte.
Creo que, si los campos de la hierba del otoño inaugurasen
un precipicio de manantiales,
un bosque dentro de cada objeto representado
habría eternidad, una fresca mutación de flores.
La escritura revela pájaros vivos del abismo que rellena los caminos
de esta galería oscura.
Una orquídea mora en los cócteles y de nuevo la ventana enmarañada
llora imágenes del tigre afuera.
El mar caído del amor se inaugura hoy.
EL MANANTIAL

Acércate, puedes oír la música.
Aquí hay una escena construida por la mente en un disturbio de palabras.
Nada había antes, sus aguas eran sulfurosas, nada
era dolorosamente significativo.
En todos los instantes de la región desconocida
había un área de hierba
donde elegimos los brazos del sol para este camino
de escritura un tanto oscura.
Confundimos sus firmamentos de boca carminada
y lloramos un prado violento,
recostado en su destrucción.
La pasión de los crepúsculos es esencia de árboles rotos.
Ya viene la núbil cascada.
Esta es la revelación
de terminar al fin la noche de un acto
y empezar nuestros días
lejos de las mareas de las sombras,
sumergiendo palabras.
Los chillidos de las aves
ahuyentan a la muerte
y hay una decisión de lluvia
y de hojas cayendo sobre este campo de hierba
que también escriben las tormentas.
Las flores detenidas en su silencio místico
se abren al mineral de la tierra
y sesga un campo para ti.
Acércate, puedes ver el color de esta formación
de riberas entre las aguas
y especular nacimientos también
con una danza y sin decir nada,
porque ya los ojos no maldicen esta devastación
de implacables firmamentos.

Centro de Lima, mayo de 1998- agosto 2003
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