CRISTIAN GÓMEZ. LA NIEVE ES NUESTRA







sandy skoglund





















ARTE POÉTICA
(Mientras veíamos Leaving Las Vegas,
o una despedida)
La canción del pescador se sumerge como las redes en el agua.
Así como de nadie está escrito su destino en el hígado de los animales
que esta mañana degüellen en el matadero, en estas redes no se encuentran
la flor de lis de los que no creen en la flor de lis, ni el santo grial sobre la mesa:
tampoco los saludables exterminios que harían palidecer o enrojecer de furia
y de vergüenza a mis pasados y futuros confesores: sí los ajuares de la novia
que no fuiste, los hijos de esa madre que tampoco. Ni los tesoros marinos
de la tierra prometida ni el silencio que las autoridades ofrecían como recompensa
desde mucho antes de empezar con la función: –Sara, you don’t need to fear me,
le dice el proxeneta a su empleada, -because you and I we belong together,
como si el aire al interior de la película se pudiera cortar con un cuchillo
al igual que en esta pieza: preferible que otros se hagan cargo
del crimen que aún no hemos cometido: y están, según ellos mismos lo confiesan
felices y dispuestos para hacerlo. Y el día en que el pescador recoja
del mar esa red vacía y sin consecuencias como un vasto poema épico
escrito por encargo o por error para darle una digna sepultura
a esos muertos que aún no han muerto, ese día:
el único botín será como decir adiós
sin haber aprendido a despedirse.


INSTANTÁNEA
(Hotel Puerta de Alcalá, Agosto 2002)

Valparaíso está al alcance de la mano, el cerro se puede tocar
con sólo estirar la mirada. El turismo de la pobreza
exhibe los encantos de un hogar que está colgando: del aire
o bien saben los que viven de qué especie de milagro(s). Los
últimos habitantes de una historia de marinos y cierta rancia
aristocracia –precede las filmaciones sociológicas y el arribo
de los albos visitantes como un elemento más del paisaje. La
postal la completan las picaduras de una pulga, los poemas de
araya y gavilán como un extraño contrapunto, un subproducto
portuario: porteño: eterno: nítido: negro : viejo y: tenso.
CIUDAD

Hay adoquines en las veredas pero no muy grandes. Un
paseo peatonal donde cualquiera habla con cualquiera, donde
se cobran los cheques de los pensionados y un veterano
se sienta al sol a fumarse el último cigarrillo de la
tarde. Cuando se hace tarde, (hay) algunos jugando ajedrez o
apostando una cerveza, decidiendo
cuál será el próximo país
dispuesto a caer en desgracia. Hay buses
que pasan siempre a la misma hora, cajeros de banco
que te sonríen, choferes de la locomoción colectiva
que te preguntan cómo estás. Hay árboles que
cambian de hojas
(y de color al comienzo del otoño).
Una biblioteca que permanece abierta hasta las dos de la mañana.
Otra que te presta los libros durante unos seis meses. Y un río
que homónimo y circunspecto no guarda relación con la ciudad.
Nadie se puede suicidar desde esos puentes. Tampoco
reflejarse en estas aguas.



NO SE EQUIVOCABAN LOS MAESTROS
(museo de bellas artes, versión libre)
Alguien cree estar escribiendo en el fin del mundo,
pero no puede negar que el camión de los helados
está pasando nuevamente por el parque donde
los niños se arremolinan a su alrededor y la
descripción del paisaje no ha cambiado
porque el ojo del que mira no ha cambiado:
confía impertérrito en que el mundo es una
catástrofe tranquila, una reunión de nubes
diríase que de paso por el cielo
sería el único argumento convincente
para encerrarnos a conversar en un café
:de cualquier cosa, menos de las nubes.
Nadie tiene ganas de salvarse de nada
pero sí de tomarse un par de chelas, de
las últimas profecías sobre algún remoto
apocalipsis las palabras tienen poco que
decir: las danzas de la muerte, un anillo
en el dedo de los que no alcanzan a apretarse
el cinturón, aunque nada tengo en ello que
ver la improbable falta de presupuesto:
y es cierto que no sabemos distinguir
como le gusta enrostrarnos a los catedráticos
de las plazas más preciadas entre el cierzo
y el mistral, ok: touché. Así decía mi hermano
cuando hacíamos esgrima con palos de escoba
y terminaba sacándome cresta y media cuando
a los dos se nos pasaba la mano con el ardor de
los guerreros: él moriría poco después, tendido
en una cancha de fútbol, mordiendo no sé
si con desesperación el pasto, de seguro
ya inconsciente, producto de una falla en
el ventrículo derecho del conjunto arterial.
El camión de los helados pasa haciendo sonar
la sirena, los niños están a punto de alcanzarlo y
el conductor sólo piensa en lo fácil que será entregarle
las planillas al supervisor del turno de las mañanas.
PARIENTES LEJANOS, LUZ DE CENIZA, HEGELIANO
(el último poema, el último discurso)

Los estudiantes de literatura deambulan por las
librerías de viejo en busca de ese tipo de iluminación
sacada de algún libro de fotografía o de las memorias de un político
arrepentido: cualesquiera que sean sus lectores no son los únicos
que andan buscando. Las primeras ediciones
que se transan en las galerías del centro de santiago
son al mismo tiempo el mapa y el tesoro.
La angustia de las influencias parece un chiste
ahora que los mejores poetas de nuestra generación
han podado lo mejor de sí mismos con tal de encontrar
sus incunables entre un montón de otros libros fervorosamente
dedicados y por el mismo precio de una chela que se
se podrían haber tomado en Las Lanzas. Cajones de saldo
que bien podrían robarse a plena luz
del día, la poesía de los noventa
está indisolublemente ligada
a la muerte del presidente
balmaceda:
la matanza de san vicente
de paul, el enfrentamiento entre el congreso
y el poder ejecutivo, la demagogia según la cual
existe una línea directa entre el pensamiento cartesiano
y los campos de concentración judía, la carencia de un punto de
vista dialéctico y el fin de la educación pública, no sólo las profecías
terminaron por autocumplirse, los filósofos del siglo diecinueve
jamás se imaginaron el espíritu de la historia
con nombre y apellido, pero la libertad es necesaria
sólo cuando se escoge libremente aquello que
ya estaba decidido, cuando se cumple con
la caída sobre el pasto del rocío y
el árbol se decide a echar raíces
una vez que ha dejado de crecer.
Un hombre para quien todas las cosas son
parientes lejanos sabe que el búho de Minerva
emprende su vuelo al atardecer. Mucho más temprano
que tarde: lo hará cuando amanezca. Mucho más
temprano que tarde el espíritu de la historia
se traducirá en carne y en huesos, en el
entonces seguiremos organizándonos,
hasta entonces seguiremos con el trabajo
de bases y propaganda, la educación
de la masa trabajadora comienza
por las librerías de viejos, con los
libros de los poetas más jóvenes de edad
rigurosamente autografiados.

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