LEÓN FÉLIX BATISTA TUMOR Y TEMBLOR (ACERCAMIENTO A “LA CONSUMACIÓN DE LA CARNE”, DE PLINIO CHAHÍN)

1: Tendría que escribir con prosa fragmentaria que pueda comprendersu poesía de fragmentos
2: ¿Cómo das con la valencia entre las realidades del espíritu –expansivas– y los bordes incluyentes de la corporalidad?  Pues por la mediación de una lógica confusa, afirmando cuando niegas, a través de silogismos dislocados. Tal es el doble movimiento de la carne finalmente consumada. Por eso lo de “médula que piensa el ser”, los “absurdos que son lógicos”, lo de los “promontorios físicos del alma”: será un desciframiento compuesto o no será, y cada certidumbre tendrá su correlato en el subsuelo del conciente
3: Aquí tenemos planos que interrumpen otros planos. Consumación de la Carneha litigado en ese espacio desde su definición: la carne se consuma cuando es inmaterial, “y huesos mienten rutas”. En ese pus pasivo del tejido del mundo, del Ecúmene que puebla el Anecúmene de ser, es donde encuentra el Verbo parentesco y vecindad
4: Un paralelo crístico: la resurrección de la carne. Porque en la consumación hay una mutación, y resurrección es vuelta a un estado anterior que se sostuvo hasta la crisis. Es un concepto teológico que apunta a la redención de los muertos. La consumación, en contra, se ejecuta en carne viva
5: De la estirpe de Caín, del estigma de la tierra, tiempos antediluvianos.  Génesis 4:19: aparecerá Lamec, el séptimo partiendo desde Adán por la línea de Caín. Las entrañas de Ada le han traído a Jubal, progenitor de todos “los que tocan arpa y flauta”. Los instrumentos músicos (lira, lírica) son el fruto purulento de la raza que ha caído. El impulso de la errancia determina para siempre una bifurcación: el séptimo partiendo desde Adán por la línea de Set ha sido Enoc: desde “entonces los hombres comenzaron a invocar…”. Fue así como caímos en la bipolaridad: descendencias celestiales ≠ descendencias terrenales. Exégesis de ese pasaje: a partir de ahí enfrentamos carne contra espíritu, arpa vs. bronce, el arte opuesto al dogma[1]
6: De la estirpe de Chahín: lo líquido que es lípido, avance que se enrosca, porosidad en el acero
7: La carne original, dice el Libro de los Libros, se consumó con barro. Barro crudo, barroco de barranco: barrocondensación
8: Este texto es una mezcla lúdica de códigos; procede por montar, con cierta recurrencia, alguna aberración lingüística sobre jergas gnoseológicas. Es craneal como sanguíneo, ilegible pero claro, elíptico y directo: es un astillamiento que se obtiene al integrar las palabras en un todo. Acaso es un tapiz que se torna tan complejo al acumular imágenes que se ve sólo un tapiz; o expide un magnetismo que disuelve lo que atrae “ganando luz en el umbral de un lápiz”
9: Prosodia en implosión: los desbordes de Chahín desembocan hacia dentro. Por eso fue ensanchando, en su iniciación textual, buscando la partícula
10: Se alimenta de molecularidad
11: A veces los poemas se desplazan en la página como cúmulos de restos. Como quien dice: carne que podría consumarse si consigue ser piltrafa
12: Aquí es un “ser pensante” manipulando un territorio infértil, pero lúbrico, eso sí, lascivo, y esas características nos llevan al malgasto tan propio del barroco. En la Consumación  acontece una barroquización del pensamiento y  este impulso lo instituye en su lejana aparición (1986) como un elemento extraño contra (y dentro) de lo que empezaba a ser la poética primática[2] en los magmas de la década. Trataba de pensar, pero se la pasaba “persiguiendo golondrinas en el pensamiento”. De pronto (muy pronto) la poética primática pasaba a ser prismática por efecto de este libro
13: La Generación de los Ochenta procuraba intervenir un absceso canceroso: trataba de extraer del cuerpo del poema un tumor de ideología. Pero hubo que evitar que el lapicero-bisturí contaminara el organismo ya curado. Surge entonces, pese a la enunciación colectiva del socius[3], la poesía de Chahín, que incluía el anticuerpo contra la próxima tumoración: cierta rigidez retórica internándose en nosotros.
14: Deflación de su lenguaje  en la “onda bilabial”, pero “violando la gramática”; que establece su desfase en “la locura de su remington”. Esa dislocación se vuelca en un estilo de sintaxis inflexiva, por su dicción tortuosa, como si el cráneo fuera la cantera de lo absurdo y la lógica a la vez. Entonces el sentido se vuelve permutable con la ilogicidad: se desliza la quebrada en el continuo de la recta. Iba en busca del “caosmos”[4] para su laboratorio de palabras
15: Una vocal oculta (esta vez una débil), una suplantación, quizás no doblaría el arco de acepción de su conglomerado: la carne se consuma consumiéndose
16: Propone una política del lenguaje, una visión del mundo propia (impropia porque ve desde su margen). Aparece, sin embargo, un principio de entropía: el uso del lenguaje, que entonces inocula su acidez en el Sistema. Por intermedialidad de contorsiones, y torsiones, aquello que aparece en estructura sólida (libro: signos, cierto aroma, texturas, pergaminos), acarrea a aquel que lee hasta la incertidumbre de su propio contenido
17: El texto, pues, como constructo[5] (cuerpo, carne) se quiere consumar, y resulta siempre en tránsito
18: ¿Consumar es corromper, adulterar, mentir? Así es si seguimos a Agustín: la mutabilidad, en la naturaleza, le corresponde al cuerpo. El alma se desplaza en el eje de los lapsos. Y Dios: naturaleza inalterable. Y con la certidumbre de lo que no es mudable se consigue la Verdad. YVerdad (como en Platón) es aquello que no muda
Guarismo “n”: consumatum carnis est



[1] Ver al respecto la lucidísima argumentación de George Steiner sobre la relación poesía-música: es inimaginable alguna oposición a menos que se comprometan los orígenes de ambas. Steiner se remonta hasta Platón y el platonismo, para exponer la idea de este rumbo filosófico “sobre los poderes irracionales, demoníacos acaso de la música, en contraste con la racionalidad y la verificabilidad de la palabra.” En Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano, traducción de Miguel Ultorio, Gedisa, Barcelona, 1982, pp.73-85

[2] Para una clara comprensión de la estética que se fraguaba entonces, ver La poética del pensar y la Generación de los Ochenta, de José Mármol, Colección Egro de Literatura Dominicana Contemporánea, Santo Domingo, 2007.

[3] Uso el término según Félix Guattari: “Noción que comprende las múltiples formas de interacción dentro de una comunidad, grupo, familia. El socius es la instancia básica de la socialidad, el organismo resultante de la interacción social desde sus formas más elementales (amistad, pareja, etc.) hasta las más complejas (sociedad global)”, y, por tanto, como concepto atinente al de “Generación”. En Cartografías del Deseo, traducción de Miguel Denis Norambuena, editorial la marca, Buenos Aires, 1995.

[4] “En la medida en que el mundo está ahora constituido por series divergentes (caosmos), o que la tirada de dados sustituye al juego de lo Lleno, la mónada ya no puede incluir el mundo entero como en un círculo cerrado modificable por proyección, sino que se abre sobre una trayectoria o una espiral en expansión que se aleja cada vez más de un centro”, Gilles Deleuze, El Pliegue. Leibniz y el Barroco, traducción de José Vásquez y Umbelina Larraceleta, Paidós, Barcelona, 1989.

[5] Para los ochentistas “El poema entronizó una crítica de sí mismo como crítica del lenguaje (…) El poema se revela como concreto de lengua y directamente, como concreto de pensamiento (…) El texto cobra una dimensión cognitiva cifrada en su propia intencionalidad como hecho de lenguaje”. José Mármol, op. cit. pp. 101-102.
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