DOS REFLEXIONES DEL SEÑOR Z. H. M. EZENSBERGER

– ¿Y qué hay de los poetas?, preguntó otro. ¿También hay demasiados?
– Como no soy sospechoso de pertenecer a ese gremio, fue la respuesta de Z., puedo expresarme sobre ello sine ira et studio. Desde luego, hay muchos que no tienen ningún oído para la prosodia, la cadencia y la métrica; además, como es sabido, el número de poetas excede al de sus lectores. Sin embargo, al contrario de lo que ocurre en las artes plásticas, la poesía es barata, apenas estropea el paisaje urbano y en términos generales, si exceptuamos su poco ecológico consumo de papel, es inofensiva. Por lo tanto, todos aquellos de entre ustedes que sientan el impulso de escribir versos son muy libres de hacer.




Cuando uno de nosotros planteó la cuestión de los derechos de autor, Z. respondió, encongiéndose de hombros, que personalmente no tenía ningún problema con ellos. “Como ya deben de haber comprobado, aquí venimos sin pagar entrada. También me parece bonito que uno todavía pueda pedir un vaso de agua o fuego sin tener que sacar la tarjeta de crédito. Lo que sí me preocupa, en cambio, es la mezquindad de los llamados habitantes de la Red. Ya hace tiempo que han sucumbido al aburguesamiento del que acusan a sus antepasados. Sin siquiera darse cuenta, se frotan las manos cuando salen a la caza de gangas, acuden a cualquier lugar donde se dé algo gratis y su propia avaricia les parece tremendamente moderna.”





H. M. Enzenberger
Reflexiones del señor Z.






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