JOHN ASHBERY. COMO UN PROYECTO DEL QUE NADIE HABLA

LAS CANCIONES QUE CONOCEMOS MEJOR
Como una sombra en un cuarto vacío
como una brisa desde la tumba
como un proyecto del que nadie habla–
¿o pensaste de veras que yo era algún otro?

Tu ropa, los pantalones deformados
forma del cuerpo que visten
cuerpo que actuó en tantos espectáculos
pero ¿pensaste alguna vez lo que ese cuerpo quiere decir?

Es un órgano y un vicio para algunos
un mal necesario que debemos evitar
para otros una abstracción o un pedazo de carne
¡y sin embargo estás al volante!

Nadie se preocupa poco acerca de las cosas carnales
llenan con un silencio que se esparce en anillos
queremos saber más, nunca nos saciamos
¡no hay que extrañarse que algunos piensen que la carne ha sido
sobrevalorada!

Las cosas que sabemos las aprendimos en la escuela
intenta aprender algo distinto y violarás la regla
nuestro saber no es mucho más que un poco
pero lo sientes mercurial dentro de ti cuando están contando para
largar

Me miras, arrugas el ceño, como si yo estuviera fuera de lugar
supongo que nunca hice demasiado en favor de la raza humana
empollé algunas intrigas en el papel que parecían bien al principio
me senté al costado y miré hasta que reventó la pompa

Y ahora quedaste bien de la cabeza a los pies
salvo por una cosa que todavía te preocupa
está siempre ahí pero cambia de cara
es el gusano dentro del frijol saltarín que corre la carrera

Muchas veces cuando pensaste que te lloverían confites
te tiraron un plato de tallarines calientes
empeñaste la ropa de fiesta, las joyas deslumbrantes
y sin embargo dudas antes de golpear a la puerta de tu padre

Algún día supiste la verdad que pujó por librarte
e igual te quedaste quieto transido como un manzano
la verdad vino y se fue y te dejó en la vía
y ahora te parece que la divisas desde tu excelso palo

Los otros van y vienen se venden por docena
les respondes como a un primo distante
unos pocos te tocan el corazón sin embargo
y esos pocos también empezaron en falso

Al crepúsculo la ciudad con sus colinas brilla serena
deja que la imagines mejor que cualquier cosa
la misma ciudad que de día es tan cruda, indiferente
tendrás que conocerla, no sólo flexionar el brazo

Aunque la corneta sonó fuerte y clara
sabías que marcaba el fin de todo miedo
de toda mentira e insensato error
y ahora aprendiste y sabes lo que cuesta

Algún día te voy a visitar cuando seamos los dos viejos y grises
y hablaremos del rato que pasamos hace mucho
cuánto importó entonces y cuánto importa aún
las cosas son tan distintas si se tiene buena voluntad

¿Es verdad que a partir de aquí terminarán los malentendidos
y los hombres se saludarán como si fueran amigos?
Con tantos amigos no quedará nadie para engañar
y ¿no te parece que la seducción es tan linda?

Pasa por este cuarto contra la pared pintada
y se cuelga en los pliegues de las cortinas
se muda a las flores de la colcha tejida
y se echa sin saber qué piensa sobre la cama

Te quiero conocer, conocer del todo
que en mí creas como yo en ti,
como en un proyecto del que nadie habla –
¿o piensas todavía que soy algún otro?

UNA NOVELA LARGA
¿Qué será de los crímenes de él, cuando las manos de ella
se han dormido? El recoge actos
en el aire puro, el agente
de los excesos factuales. El se ríe entras ella inhala.
Si hubiera podido terminar antes
de cuando empezó –la pena, la nieve
al caer, deja arrepentimientos finos.
El mirto se seca sobre su espléndida frente.
El se está más quieto que el día, aliento
en que todos los males son uno.
El es el aire más puro. Pero la paciencia de ella
el imperativo de venir, tiembla
donde las manos estaban. En el viento en contra
cada copo parece un Piranesi de nieve
cayendo en el pasado; las palabras de él son pesadas
con un significado definitivo. ¡Milady!¡Mimosa! Así al final
es lo mismo: la descarga de saliva
en el aire congelado. Sólo que en otro
paisaje de humor sin música,
escrito por la música, él supo que era un santo,
mientras ella alcanzaba toda bondad
como un pelo de oro, sabiendo que esa bondad
era imposible, despertando y despertando
al crecer en los ojos del amado.
DICIÉNDOLO PARA QUE NO SUCEDA
Algún desvío en la norma
ocurrirá a medida que el tiempo se hace más abierto.
El consenso varía de a poco; acerca de lo cual
ya nadie miente. Óxido oscuro derramándose
sobre el cuerpo, cambiándolo sin deteriorarlo –
gente con muchas cosas en la cabeza, pero vivimos
en los intersticios, entre una mirada distraída y el cielorraso.
Nuestras vidas se encargan de hacernos acordar. Finalmente no
   otra cosa es ser consciente
y los que viven a través de esto se bajan en la misma parada.
Qué descuidados. Sin embargo al fin cada uno
resulta haber viajado la misma distancia –es el tiempo
lo que cuenta, y cuán profundamente hayas invertido en él,
cruzando la calle de un suceso, como si salir de él fuera
lo mismo que realizarlo. No te importa, por supuesto,
mayormente, si éste es el modo en que tenía que suceder,
sin embargo te habría gustado recibir una porción más exacta de tiempo
que sólo un reloj te puede indicar: cómo se lo siente, no lo que significa.
Es un campo abierto, sólo conocemos un pedazo del final,
no la parte que presumiblemente teníamos que atravesar para llegar ahí.
Si esto no te alcanza, considera la idea
inherente en el día, brazadas de trigo y flores
achatadas sobre carretillas, si tal vez significa más
al relacionarse contigo, sin embargo lo que es, es lo que sucede al fin
como si te hubiera importado. El evento se combina con
rayos que salen de su interior para dar la apariencia de fuerza
   adaptada a los usos más sabios de la edad, pero está ahí
y no está, como la ropa tendida o el aserrín al sol,
en el fondo de la mente, donde vivimos ahora.
COMO SABEMOS
Todo lo que vemos está penetrado de eso
-las copas distantes de los árboles con su aguja (tan
inocente), la escalera, el fulgor fijo de la ventana-
perforado como un colador por el mal que no es malo,
el romance que no es misterioso, la vida que no es vida,
un presente que está en otra parte.
Y después, en las pequeñas reverencias
del baile, lo codeas,
lo toqueteas. El día que hiciste eso
tuviste al fin que parar, porque hacerlo
ponía en juego toda la tela, no había otra forma de presentarse.
Doblaste las rodillas
para recoger esas joyas preciosas de agua de manantial
salpicadas sobre el musgo
y vacilaste al borde de esta
calle calma con sus veredas, su tráfico,
como si vinieran a agarrarte.
Pero no había nadie en la resolana del mediodía,
sólo pájaros como secretos a ser descubiertos
y una casa adonde ir, un día de éstos.
La luz ensombrecida entonces
fue vista como nuestras vidas,
cualquier cosa acerca de nosotros que el amor quisiera examinar,
luego dejar de lado un rato, hasta
que todo debe ser revisado, y nos volvemos
el uno hacia el otro, para el otro.
La manera en que hemos llegado es todo lo que pudimos ver
y se cuela a través de nosotros, avergonzados
de que haya tanto por decir ahora, realmente ahora.
EN LA GRANJA DEL NORTE
Desde alguna parte alguien viaja furiosamente hacia ti
a una velocidad increíble, viaja día y noche,
a través de la nieve y el calor del desierto, a través de torrentes,
a través de gargantas.
Aunque ¿sabrá dónde encontrarte,
reconocerte cuando te vea,
darte lo que tiene para ti?
Aquí no crece casi nada,
sin embargo los graneros revientan de comida,
bolsas de comida amontonadas hasta las vigas del cielorraso.
Los arroyos corren dulces, engordando a los peces;
los pájaros oscurecen el cielo. ¿Es suficiente
poner el plato con leche en el zaguán todas las noches,
pensar en él a veces,
a veces, siempre, con sentimientos confusos?















Como un Proyecto del que Nadie Habla
John Ashbery
Traducción de Roberto Echavarren

La Flauta Mágica, 2009
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