BÁRBARA BELLOC. EL SONIDO

poemas inéditos
de “El Sonido”, en preparación
*
                                                   Lyons, Oregon, 2008, 4.30 AM
El despertador
Seguir la rutina automáticamente hasta desentumecer el cuerpo: agua fría en la cara, las manos, las muñecas, vestirse, ir a la cocina. La aurora afuera y adentro — una franja de luz oblicua, violeta, empujando la oscuridad. Encender las hornallas. Café y tostadas, una banana y una manzana. Mirando por la ventana al sur, al sur lejano y a la huerta, sin pensar. Estirarse, hacer los movimientos para entrar en calor, abrigarse. Llevar los anteojos y el delantal largo de cuero puesto. Salir. Son pasadas las 5. Caminar 100 metros. Destrabar la puerta-tranquera. La tierra está fría y suavemente fragante, tibia abajo, muda en la superficie, o como exhalando. Sobrevuelan las primeras golondrinas, que al mediodía serán multitud: son animales terribles, acróbatas, monos del aire. Avanzar por el sendero marcado entre el plantío, ir al armario y buscar el sombrero de ala ancha. La cabaña de madera donde vivo, mezcla de cornucopia y casa rodante que echó raíces, con topos cavando de noche los cimientos, que no tiene, atrás. Es como un árbol durmiente. Un hogar lejos del hogar, un hogar provisorio, entre otros, bajo el cielo. Los colores ya no son los mismos: cambian de frecuencia. La luz se mueve rápido. Oler el aire, puro de todo aroma. Levantar cuidadosamente los velos de las lechugas, las acelgas, las espinacas, las coliflores, los brócolis, los tomates, las hierbas. Pepinos, zapallos, ajos, cebollas, remolachas, zanahorias y los demás subterráneos no usan velo. Regar en abundancia. Abrir las canillas, ubicar mangueras y asperjadores y cambiarlos de lugar después de un tiempo: el suelo debe estar lo suficientemente húmedo, parejo y poroso, la tierra negra, negra. Llega el elenco completo de pájaros. Cantan. Y los roedores montan guardia en las concavidades del granero, esperando que me vaya. Visto a distancia, este lado del planeta debe ser todo naranja. Los ríos correntosos teñidos de naranja, los macizos de piedra naranja, las montañas naranja, las nieves naranja prismáticas, los pastos rojos quemados naranja, los altos pinos arcoiris color naranja, amarillo y verde. 6.25 AM, pleno sol. La soledad se siente bien. No olvidarlo. Después cerrar las canillas, hasta empezar la noche de trabajos.


*
                                               Chacarita, Buenos Aires, 2011, 6 AM
Zootropo
Decenas de moscas y moscas azules
que dicen en televisión que vienen de Miami,
mosquitos recién despiertos volando en círculo, perezosos,
mariposas blancas, un ratón huyendo de los gatos,
los gatos escuálidos, hileras de hormigas,
un grillo tocando el violin, un chimpancé pintado en la pared,
cigüeñas que vi pasar volando por el cielo ingobernable.
Volvía por la calle de siempre, vacía yo
y vacía y llena de botellas vacías la calle,
pases gratis para NEO,
las nubes del color de los adoquines,
los adoquines mojados de rocío
y en la esquina,
bajo el único árbol peludo, verde,
cuatro tablones verticales,
bolsas de alimento para perro abiertas de cuajo,
KONGO ROYAL EUKANUBA,
bolsas negras de basura mezcladas
con papeles y cascotes y ladrillos
formaban una casilla de perro
pero el perro no estaba.
Entonces creí ver dentro una persona
pero no había nadie.


*
Todo a lo largo de la playa, por kilómetros,
cadáveres de animales, nudos de soga desmelenados, vidrio pulido,
envases, detritos, pinzas sin cuerpo,
lata, goma, piedras, cáscaras de huevo,
la línea de espuma de la costa como una serpiente
mitológica — señal de algún agüero
y cada tanto,
puntual y azarosamente,
una manzana roja magullada.


*
Frutas
en los frutales
la ruta a un costado
silbando
manzanas de oro
ciruelas rubíes
membrillos
el sol
se pone al oeste, claro
el río verde lejos muy lejos
lejos arrima el agua
la costa se mueve.





*


Se junta el polvo sobre las cosas,
se culpa de todo a la naturaleza.
Como la búsqueda que el cazador emprende
en simetría con la presa:
ataduras oscuras
que viajan sin dejar huella visible.

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