AGUSTINA IACOPONI. IMPAR























Soma

Él cree que los demonios
que descansan
en mis ojos
pueden desaparecer.
La diversión y los sueños
quedan olvidados
en algún baúl.
Me hago de su tristeza.
Tanto dolor es irreal.
Sé que somos
una especie débil.




Nocturna
Un vértigo
vacío
me inunda el estómago.
Me siento
desprotegida, inmóvil.
No hablo,
escucho
el silencio.
Me olvido
de quién soy.
Y se siente bien.





La Luna
Le escapo a lo propio
porque resulta ajeno.
Cargo con tantas telarañas de inferioridad…
Decido apagarme. Voy hacia el ojo
de la tormenta, abrigada
por la sombra de esos lugares a los que nunca fui.
Ya no es más
época de jardines.
Soy nadie.




Cercado
Me descalzo, camino
lo intrincado
de tu ser, los recovecos
oscuros
a los que nadie llega.

Tus miserias son mi guarida.
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