PIERRE JEAN JOUVE. DE LAS BODAS A TINIEBLA

Amarillo

El monte tiene gracias pavorosas
Allí el que pasa mide sus antiguos pecados.
¿Quién puede apreciar su espesura
Y resistir el contoneo lascivo de sus laderas?
El dilema desciende con la noche
Los eucaliptos cantan en el corazón de las haciendas
El sol es siempre el mismo en el ocaso
Está obligado a ver el que pasa rendido
Para ver los ocasos ha nacido.






Quema estos corazones don de sílex

Estas almas de las vigas de acero, de billetes de banco
Estos personajes no son verdaderos, quema sus muñecos
Estoy tan abajo ves tú que por eso el cielo está ultrajado.






Ella despierta y lanza un olor animal

A las joyas falsas cerca de su mano terrible
Y roja y al último sobresalto
Del lecho de su sueño
Ella escucha ya las máquinas golpeando
Sobre ella, sobre la piel
Que un sucio gozo nocturno ha querido distraer.






Pero puras las ideas

Permanecen juntas sin ardor sexual
En el lugar mismo donde deben generarse
La alegría y el amor.
Las ideas agitando lentamente sus párpados
Llenos de pestañas tiernas como los bosques.






Gargajos

Los gargajos sobre el asfalto me hacen pensar
En la cara de las santas impresas sobre el velo.






Interior exterior

Oímos en el fondo de nosotros
Generarse lo extenso los llanos las montañas
Lagos mares azules de suntuosos colores
Desplaza un sitio al otro en el hueco del alma;

¡Circo de circos de oro! Erramos por lugares
Tan profusos que el éter al que aspiramos huye,
Lloramos los amores dejados en las rocas
Azules o en ciudades con albergues sombríos,

Lamentamos, deseamos; hasta el día entrevisto
En que todo se abisme y dejemos la escena
La escena que persiste carnal en sus amores.

Hace tiempo que vivo y me debato
Entre aquellas dos formas unidas hasta el fin


En una lucha a muerte con la eterna belleza.





De Las bodas a Tiniebla
Antología poética 1925-1966
Traducción de Valeria Melchiorre y Ricardo H. Herrera
Huesos de Jibia, 2016
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