PRIMICIA: JOSÉ IGNACIO INFANTAS / PALAFITO

wolfang tillmans
Sostenida en la primera gravedad
ya había trazado la línea de los labios
la mirada\el color de la voz
Y ese oscilar dentro del pecho,
como si todo se ovillara de nuevo en otra lluvia de pleistoceno, en otra génesis de células y astros.


I

No llega ligera, su paso es terrenal, de bálsamo blasfemo, de brújula de arena, no llega leve, no acaricia, erige una hoguera, ruge, perpetua la grafía, desordena, revuelve con deliciosa crueldad, su sinfonía es de guerra y de conquista. 


II

En las sierpes de las palmas, urdida la dicotomía de este encierro/ ahora como nunca he abrazado esta carne/porque todo era muelles y viento/ los pies calados de herrumbre, de anémonas y sales de cianuro/ y la amnesia/ y los cometas en las sienes anhelando el cielo.


III

Mórbido oleo que acongoja, cabestro que abriga lo informe, ala, hoja y anatema/ rebusque impávido, hora, hora, escarba la desierta evidencia del epitelio, de la escama prodiga, del epíteto exacto, el blasón irreductible, la noche plena en el plexo, el tropo transparente, la pagoda en la pleura, la bocanada incipiente, el andar nombrando todo hasta desvanecerse.


IV

Interrogo/el yo más lívido/el enjambre polifónico/la consonante azarosa/que se busca y se busca/la coda perpetua que transmigra en microscópicas cuerdas sub dermis/y/todo danza/difuntas las amarras/el miocardio liberado/ el verbo neonato que repta en poluciones transhumantes/todo futura ausencia/todo lapsus, lato, imperecedero/todo euforia/todo células, psiquis y soliloquio…


V

Todas las oraciones son cadalsos.

Una nota en discordia/ el refugio de la ménade/ los ojos reflejando el triple enlace molecular/ la partícula partitura/ el reclamo de la molindona/ todo se ha apagado en este incesto de sigmas/ es más honesta la pragmática de tacto/ la química cerebral/decir sin decir…



VI

Phyllobates terribilis en el lóbulo frontal, una estrella colapsa, mira el espacio desgastado de la cama con los tristísimos ojos del Hubble, llevaba dos alas negras en los parpados, floripondios bajo la almohada y sus lunares imitaban una nebulosa.



VII

No digo que no queden rastros, que no haya testigos o que no se repita; digo que a menudo, es tan exacto ese silencio, esa mejilla y esa bombilla que se apaga, es tan exacto y cruel, como la distancia entre las ciudades, como los kilómetros o las millas



VIII

Hay acaso algo más extraño/o más inusual que este curso de colisión/ toda semántica es inútil/ de algún modo nos aferramos al páramo del tórax/ a la sola cifra del sema/ ignoto sudario de la parola/ artilugio sin otro propósito que la fascinación/ una sucesión de miradas interpelan su diseño de trampa y de escapulario/ como si sostuviera por si sola la infamia de esta cáscara/ vamos /es un albur que se ha juntado en el rincón más inaccesible de la consciencia/como se junta el polvo.



IX

Fui despojado hasta el punto de conservar solo el nombre/ y fui feliz en la indigencia del anhelo/ en el mar de marzo/en el aliento/conservaba en la azotea una maquinaria similar a un corazón o una almádena/tiempo después/ ha pesado tanto este paisaje/ este arlequín alado de memoria/ sabrás entonces cuan alto era este abismo/ cuantas veces habíamos remendado nuestras lenguas para decirnos lo mismo/como animales famélicos/ con paso de dromón cansado/ heridos de quimeras/ sin más estrellas que las cicatrices de los ojos/ los gestos grandes como almadías o elefantes / un discurrir de blasón deshecho/ en empeño de bonzo o kamikaze/sin parsimonia consular ni  homilía//… el líquido de contraste ha vomitado un lóbulo anaranjado/una perentoria abadía de la memoria/nadie que haya respirado lleva el corazón ligero.

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