DIEGO ROEL. KYRIOS













Amma María
(Hermana de san Pacomio. Fundó los primeros cenobios femeninos)
Me sacude el viento del Señor.
Estoy parada en el lugar del exterminio:
mi almohada es la piedra del camino.
Yo soy la santa de ojos torvos y cabellos hirsutos.
Soy la que olvida las señales del regreso,
la que incuba en la mirada
los huevos dorados del crepúsculo.
Soy la que duerme sobre el filo de la espada.
Santa Emelia
(30 de mayo. Madre de Basilio Magno, Gregorio de Nisa y Pedro de Sabaste)
Como un barco
navego ahora hacia Tu Nombre.
Tus ojos se abren en lo oscuro,
iluminan lo que es nuevo y permanece.
Tus manos tocan
la piedra, el agua, el fuego.
El peso de Tu cuerpo me sostiene.
Amma Domnina
(5 de enero. Anacoreta en Siria)
Olvidada por los hombres,
lejos de las ciudades y del mar
repito día y noche:
Santo, Santo, Santo.
Mi cuerpo es una herida interminable.
Me rodearon las bestias del desierto:
¿quién salvará mi alma?
Me rodearon y asediaron las sombras:
¿quién romperá el lazo de la muerte?
Olvidada por los hombres,
lejos de las ciudades y del mar
riego con lágrimas el suelo,
espero la preciosa semilla.
San Onofre
(12 de junio. Protector de los tejedores y de los viudos)
El Ocultísmo puso Sus palabras en mi boca,
apoyó su lengua.
Como un potente nadador
atravieso el mar en un segundo.
En mi mirada cabe el latido del incendio,
la entera manada de la luz:
veo la curva donde se quiebran las vasijas,
el punto donde la vida inicia su larga fuga invisible.
El que ata y desata las sandalias de la noche,
el que arranca el asta de los unicornios,
apoyó Su lengua sobre mi lengua.
San Pacomio de Tebas
(9 de mayo. Padre del desierto. Discípulo de san Palemón)
Somos animales desollados.
Vamos de un lado al otro buscando
una moneda perdida,
la piedra que crece en la mirada de los muertos.
Somos un árbol que apunta hacia la Estrella del Retorno.
Nuestros días tienen
la forma de una boca que respira.
Somos animales, sombras que arrastran,
fantasmas que cavan en el suelo
un refugio para la flor de la gangrena.
Amma Eufrasia de Constantinopla
(Anacoreta. Taumaturga. Hija del gobernador de Licia)
Para soportar la lluvia y el viento
cubro mi cuerpo con telas de cáñamo,
duermo sobre la herida de la tierra.
Sí, en esta cueva escapo de las trampas del mundo:
no estoy sujeta a ley alguna.
Juego con serpientes y con lobos.
En esta gruta espero la llegada del mar,
la ola de fuego de la muerte,

una mañana poblada de niños y caballos.       
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