CHRYSTIAN ZEGARRA / ESCENA PRIMORDIAL Y OTROS POEMAS





jorge rueda





Asociaciones
“–Abra la boca, poeta, y no trate de ocultar la caries
Que cubre la doble hilera de sus dientes.
Despéjese,
Y escupa las palabras que se apoderan
De su cerebro,
En este instante de revelaciones–”.
El analista ríe con una mueca de cinismo.
Se extiende con malicia en la aridez del diván.
Lengua / Objeto / Escritura.
Ojos / Máscara / Ceguera.
Boca / Vendaje / Silencio.
Útero / Fosa / Muerte.
Cuerpo / Cuchillo / Cadáver.
Fósforos / Oxígeno / Cenizas.
“–Pero no hable de la muerte, querido señor,
Basta con abrir la llave del gas;
Mientras afuera la lluvia toma forma de paliza,
Y no hay lugar para arrepentimientos,
Ni refugio para quien pierde el paso
Entre los charcos–”.
Estación Periférica
La anciana que sube al metro
Con un manojo de espigas muertas,
Se sienta a mi lado para pulverizar mi rostro omnipotente.
En cada arruga asoma una hierba calcinada por el sol,
Con olor a abono de caballo entre las raíces de la tierra:
–“Mi hijo expiró en la piel seca del desierto.
Después de saciar su sed con alcohol entre los cactus,
Una turba descolorida azotó la planicie como camada del abismo.
Fragmentos de ceniza envenenaron el aire de los arenales”–.
La boca de la vieja desborda su reflejo en la ventana.
Desde los túneles se abren rieles deshechos.
Gatos huraños asaltan el basural de esta ciudad de nadie.
Una aguja sutura ombligos femeninos
Ante manchas de aves insaciables.
La margen de un río intersecta mis venas;
Cruzo esta acequia hacia mi casa disuelta en barro.
Un retrete vigila la desembocadura de todo acto nulo.
Mi lengua cortada pertenece a los objetos sin casta del desierto.


Ejercicio Clandestino
Descuartizo el paraguas y la máquina de coser
Sobre el diván de disecciones.
Un golpe en falso para demoler la belleza,
Que asedia como sablazo de veneno
En las esquinas de este presidio sin paredes.
Mi antifaz anula la conciencia,
La fosa de cuerpos que reduce la escritura
A un mecanismo que divide
El hueso y la carne,
En el lapso de reloj que sella
La tapa del ataúd bajo las moscas.
Afuera existe un río que avanza en paralelo
A la vía sin rumbo de los tránsfugas.
Las frases de mi poema giran,
Sin el menor signo de victoria,
Entre la ruta de los trenes.
Pasajeros de metal se reproducen sobre el muro,
En esta hora no apta
Para imágenes conciliatorias, ni simulacros de vileza.
En ninguna orilla del río se desagua
La corriente de cadáveres que fluye sin freno
Hacia el delta de mi boca.
Último Aviso
No había aún aprendido a escribir,
Cuando una patrulla, sin palabras,
Mutiló sus brazos y expuso su cuerpo,
En forma de mapa de ciudad sitiada,
Entre los rieles del subterráneo.
El poeta manco esgrime un movimiento de combate
En el revés de sus manos invisibles.
Sabe –a partir de un conato de vuelo en que quiso
Convertirse en un alto azor bajo el horizonte
De los túneles–,
Que la contundencia y el vigor residen en la cabeza.
¿Pero qué puede una cabeza cuando la boca aún expulsa
Retazos de mordaza, y los ojos ven sólo muros,
Segmentos de una escenografía al margen,
Ineficacia en el aprendizaje de ritos de caníbal
Para adaptarse con prisa a la vida cotidiana?
Sin miedo,
El poeta cruza una cerca de dinamita.
La pólvora se adhiere como imán a sus verdugos:
Un ojo que refulge en el anonimato,
Una consigna de batalla para asustar a los chanchos.

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