TRES POEMAS DE ABEL OCHOA SUÁREZ




EN EL BAÑO HUELE A CLOROFILA
–Quiero hacer la fotosíntesis contigo –le dije desde el piso.
Su rostro estaba cubierto por la luz de una lámpara
que me encandilaba.
–Es de noche, pendejo –murmuró.
Me levanté y pude verla a los ojos forzándolos.
–No hace falta el sol. Tu mirada me ilumina.
Tomé su mano de improvisto y me acerqué.
–Soy ciega, huevón. ¿Cómo te voy a mirar –volvió a murmurar?
La metáfora hizo metástasis, torre de control.
Repito: la metáfora hizo metástasis.
–Los filodendros necesitan poca luz –repuse con una sonrisa.
La mujer entró al bar y yo fui a casa.
Desconsolado, comencé a masturbarme con la luz apagada
intentando hacer fuego.


QUE GÜNTHER VON HAGENS SE APIADE DE MI CUERPO
Unos mendigos se desnudan fuera de la iglesia
y entran al no ver a nadie (es un sueño).
Arman una fiesta y bailan entre gritos,
defecan en baldosas que luego venden a museos,
se marcan las pieles con candelabros encendidos,
practican orgías en nombre de otros dioses.
Uno de ellos grita:
«El cuerpo es un templo que cesa»
y se abre dos tajos en el pecho
que forman una bella flor rojiza.
Todos ven al hombre echado
como una obra de arte.
Mis omóplatos serían una bella mariposa de carne;
la caja torácica, una casa con costillas abiertas de par en par,
el cuerpo rebanado, un abanico inmóvil
y en medio de la exhibición: un afiche constructivista
creado a base de cartílagos y huesos pequeños,
con una inscripción donde se lee:
«El cuerpo es un templo que cesa».
Esa noche sueño con los mendigos en la iglesia
cubriendo la puerta con el pellejo del hombre
junto a un botellón de agua bendita.
La plastinación consiste en sacar –por medio de solventes
como acetona fría y tibia
para luego sustituirlos por resinas elásticas
de silicona y rígidos de epóxicas–
el agua del cuerpo,
que no es un templo
y no cesa.


PODRÍA SER TANTAS COSAS
Y cuando venga la aurora llena de goce,
se fundan en una sola tu alma y la mía.
(Willie Colón)
Para Ana Cristina
Ser como un diente montado en otro
y que el odontólogo diga: “esto es amor”.
Ser como los piojos en una cabeza de jardín de infantes
y que la parvularia diga: “esto es amor”.
Ser como el sudor en la masa de harina, levadura y agua
y que el panadero diga: “esto es amor”.
Ser como el cansancio en el futbolista que entró al final
y que el preparador físico diga: “esto es amor”.
Ser como el orine que baja desde un poste hasta la acera, dibujando ciudades repletas de urinarios
y que el borracho diga: “esto es amor”.
Ser como un grano en la nariz de una quinceañera antes de la fiesta
y que el espejo diga: “esto es amor”.
Ser como agua hirviendo cayendo desde un balcón
a dos perros apareándose
y desde otro alguien diga: “eso fue amor”.

O ser apenas
como el rayito de luz inexorable
metiéndose todos los días
en la ropa
recién tendida
.


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