JUAN JOSÉ RODINÁS. ROCOLA BORDERLINE




Andrés Objeto: el tanatoide desempleado
Miro televisión porque no hay mundo.
Largas avenidas de supermercado.
Un bosque de avenidas
donde mi cerebro es una carretilla con sánduches.
Me venden a 7 dólares ochenta.
Soy caro.
Un bosque donde los niños con dislexia
dibujan la cara del presidente para que luzca guapo.
Anuncio.
Miro televisión mientras el periodista me come con mostaza.
Quizás, soy delicioso.
Guerra en Siria y una fábrica
se puso a elaborar camisetas contra la guerra.
No dudes que comprando una camiseta contribuyes
a que la guerra se conozca más y continúe.
Toma tu té con menta y mira los niños morenitos.
La televisión es comestible.
Yo me como un televisor: mmm. Delicioso.
Miro televisión en un canal blanco sin gérmenes
cuando pasa un carrito de compras con un niño baboso
(papá dame eso y eso, eso y eso)
y soy ese carrito de compras.
Quizás tenga cabeza de pelota cursi.
Yo mira televisión,
mientras come nachos con queso en pasta y hot-dogs,
e imagina los carritos de compras
y los gérmenes nadando en la leche más fresca.
En realidad, yo
(el hombre imbécil, el zapallo barbado)
quiero un día de sol muy cerca de las ovejas que sueñan oveja,
pero solo divisa esqueletos de cabra en su cerebro.
Así, la señal que transmite mi vida hacia mi vida
es tan suave y patética que ya no me transmito.
De pronto, la señal falla, no me transmito, canal amor,
canal existencia, canal orquídea podrida en el ojo de un perro.
Habitación en blanco, con goteras, sin muebles.
En la guía televisiva, este poema, el crítico dice:
eres un programa defectuoso, decorado con cráneos,
y el jefe de producción dice que pase el retrasado
y pasa un hombre corriente con su carrito de supermercado
a un set donde los asistentes llevan palos de golf
no para golpearlo,
pero sí amenazándolo para que no regrese.  




Jorge Objeto: el experto en virus
Me gustaría que estas cosas me dejaran, me gustaría
que no haya cosas. Estos paquetes de realidad en la garganta
pasando factura a este cerebro que paga su hipoteca.
Hoy pague las cuentas, como siempre, y, con suerte,
alcanzó el dinero. No alcanzó la cabeza del dinero
para decir paisaje, sol y comadreja. ¿Para qué estudié?
Todos los días invento un virus nuevo,
pero ocurre que estoy solo en este cementerio de las cosas:
me gustaría que no haya cosas. De niño quería ser piloto,
que es como pájaro de humanos, que es como pájaro,
pero. No filosofía. La realidad es que hoy bebo
y otros hacen cosas. Me gustaría que no haya cosas,
me gustaría que no haya humanos. Todos hemos olvidado
lo que un día, contra la belleza de una playa cubierta de basura,
queríamos hacer. Ese pañal usado. Esa jeringa rota.
Un auto abandonado
hoy es más bello que las nubes.
Happiness: finale
¿Quién soy? Este aburrimiento paranoide escribe
como la casa de un hombre escribe que falló en construir lo hermoso.
Una casa enroscada sobre un centro de alambre
donde una hormiga tiene pesadillas con transformarse en la mano
que la destruye & que ahora la destruye (y así la entiende).
Esto de soñar en destruirse, como una cometa
en un verano que las nubes árticas propagan,
es semejante al perro canceroso que sueña habitar un hospital de flores
donde toda la hierba ejerce resistencia contra el cielo abierto.
Imagen a considerar para los que, fracasando
en todo con igual precisión, sabemos que el lápiz, al sacarle punta,
gira en los dos sentidos al mismo tiempo.
En la mesa, los hombres cavilan & piensan:
todo está bien, recicla, esto va a aguantar. Aguanta, recicla,
la apocalipsis de una taza de té sobre la mesa
revela nuestra posición como objeto en la escena.
Pongo mi noche en la cabeza y un sueño despierta en la aguja
que usan los niños para pincharse y sentir la ondulación del mundo,
una estaca en la planicie & los cactos girando
lejos del lenguaje del dinero y la muerte,
como un computadora portátil encendida en el desierto.
Las reglas del mundo son que el tiempo pase
hasta que la muerte ocurra y podamos dialogar
con nuestros sueños que, en realidad, nunca fueron
ni realidad, ni asunto que valga la pena resumir con estilo.
Mejor no tener nada en el rostro, nada que nos haga reconocibles
ante la marcha del soldado nazi sobre las avenidas del páramo.
Sin embargo, no hay nada que tenga el color de los batallones errantes
que ahora cierran la puerta y empiezan su verdadera vida.
El final es apenas el comienzo de lo que no existe.


Tachaduras Dime, ¿qué ves Carlos Edmundo?




















Dije: A la noche, cae una cabeza: es la luna
Dije: es el pensamiento de un dios de piedra en un sueño electromecánico,
es mi hija soñándose robot en su laboratorio cerebral.
Una huella de sombra que despeja la blancura de nube
de esta metrópolis de muertos vivos, de esta luna desgonzada
sobre la carne pálida de un camal sobre la mesa del cielo.
Estoy grabando mis iniciales en la médula
de un andrógino metálico que sueña el vuelo del colibrí eléctrico
sobre un bosque de árboles de titanio recién ensamblados
por el dios que nos sueña con la mitad de su cabeza
y con la otra pretende aniquilarnos un paisaje de cráneos de ruiseñor
como aerolitos alumbrados de sangre o aceites de una absintia virtual,
mientras el pensamiento es un líquido es un estarcido de arena de agua
sobre la rocas en el paisaje virtual en shock.
XII
Si no tienes donde ir estás muerto (¿quién más puede abandonarte?). No importan las palabras de otros sobre tus palabras porque el fondo es un campo de puercoespines llorando. ¿Quién más puede matarte? Esto tiene sentido porque el perro viejo sueña que oye música cuando su amo viene a matarlo. Es el extremo de la noche afelpada de clavos donde mi cuerpo está sentado escuchando los insultos de una niña ciega: sin llaves y sin pájaros. El pacifismo (yo quiero destruirte), la pobreza voluntaria (yo quiero destruirme) y la violencia (yo quiero destruirme) son un sueño sobre la mesa del páramo. Y esto significa no matar a las cabras. Ojo: mantener el ojo sobre un derramamiento de cadáveres sobre la cabeza del mar que sueña. Un levantamiento de sus ejércitos calaveras es un casco de caballería abandonado en el desierto: un dibujo de la noche sobre un árbol que no pueden tocar manos humanas. ¿Respetarán el antiguo astrolabio como medio para jamás conseguir el poder? Hermosos, frágiles, hermanos de un barrio muerto, guardianes de la nieve. Cáscara y eslógan de las estrellas: la meditación será el vacío de un dínamo en las entrañas de un lento, animal amargo. Un círculo en la arena y un monje desplazándose en un quark hacia fuera del lienzo. Como un quark se desplaza dentro de una semilla de naranja. Sólo queden –digamos- en pie las industrias de una torre ensamblada de caballos que sueñan.

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