FLORENCIA FRAGASSO. SUPERPODERES






Ardor
Otoño se dice tardor no hay que olvidarlo
Tardor tardor y un sol
que se pone va dejando el tendal
de un paisaje rosa y ancho
Me corrijo “no es atardecer ni puesta de sol tardor,
es otoño” pero a mí
me sale rosa
con algún que otro celeste y un violáceo
que traza un horizonte chueco
en la foto mental de hace mil años
Tardor se traba en la lengua
como una palabra en lunfardo
que hay que girar de golpe
para verla de frente
Y en realidad todo el asunto
no es más que el recuerdo de un verano que viví
cerca del mar y una lengua
extranjera pero hermana
se me iba aprendiendo sola
en un punto del paladar
Apenas fue un idioma que se me dio prestado
por una temporada caliente y dura
que tuve que soltar de la mano como un carbón ardiente
Ruido blanco
Intento escribir algo
pequeño y sustancioso
como un huevo o cigota
en medio de la vida desprolija,
algo donde lata, por ejemplo,
la esencia de aquel cuento
que nos contaba mi papá los sábados a la tarde.
Pero es intentar armar un rompecabezas
en medio de un bombardeo
¿cómo evadirse sin dejar de estar acá?
¿cómo, sin irse, apagar el ruido ambiente
hasta volverlo blanco?
Andarivel
Si nado a brazada limpia
ondeando el agua
y me quito de encima
las cosas que me cruzan
y allano el camino
como abriendo las alas
¿dónde va a parar
eso que aparto?
¿Se irán cayendo las cosas
por algún precipicio sin paisaje
o se acumularán como basura
apelmazada
formando otras sustancias
con el tiempo?
Si nado suave
sin chapoteos
y hago del agua una alfombra lisa
y yo mecánica
avanzo
y a todo lo que viene a interponerse
lo alejo
lo menosprecio
no pienso ya en buscarle un lugar
entre las cosas
sino en que desaparezca
de mi vista
¿todo eso:
después vuelve
como un boomerang
hecho un bollo de restos con olor a cloro,
amalgamado?
Si para olvidarme, nado
sin mirar más que un piso
azul un poco gastado
con apenas unas rayas
negras parejas
y no siento ni pienso
ni acomodo
y respiro como dando patadas
¿entonces olvidaré para siempre
o al salir del agua vendrá la memoria,
enredada,
imposible de tan acumulada,
a querer que la clasifique,
que la entienda?
Si nado
y no hay nadie a los costados
me desplazo
sin ruido de pulseras
hacia un adelante siempre nuevo
sin pasado, nítida
como vacía de mí
¿estarás en el vestuario
con el toallón abierto como brazos o alas
esperándome
para cuando cansada
tenga que despegarme
la gorra de goma del cuero cabelludo
secarme, vestirme
volver a la calle
y de ahí a casa?
Sala de estar
Vestíbulo no sé qué es,
una palabra que leo en las novelas,
con el tiempo le fui inventando
cierto significado
de espacio húmedo y circular,
antesala
del acontecimiento
Ni hablar de los aposentos
siempre en plural
con personas que yacen
bajo una luz sepia
como recuerdo
del acontecimiento
Dónde pasan las cosas
entonces,
en qué lugar de la casa
pasa algo que no sea
preparación o consecuencia
Mi casa es demasiado grande
como para que todas las partes tengan nombre
aunque confieso que me encanta un apodo
que le ponen a ese espacio residual
entre el baño y las piezas:
hall íntimo
que de íntimo no tiene nada
salvo que una pasa en toalla
apurada
con el pelo chorreando todavía
Los modos
Son modos: mi madre, por ejemplo,
va destendiendo la ropa
poco a poco
según se sequen, a su turno,
una y otra prenda;
con un tacto veloz
detecta la humedad
de los bordes de las telas
que el sol menos tocó
aunque no haya amenaza de tormenta
ni haga falta el espacio
para colgar más prendas
ella lo hace así –son modos-
yendo y viniendo
en sus intercaladas excursiones
desde y hacia el patio
a la ida, con brazos sueltos
a la vuelta, a manos llenas-
danza sus días y las partes
de sus días en un pentagrama
salpicado de blancos
mientras sin querer y sin saberlo
va burlando la inquietud
que murmuro en silencio,
son modos: donde yo desespero

ella pasea 






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