RENATO MAZZINI. HISTORIA INCONCLUSA DE LA VELOCIDAD

Aquí comienza la Antártida
este dolor está basado en un piano Fender Rhodes,
a propósito del tiempo y de ciertas propiedades
convenientes al olvido solamente recordamos
algunas circunstancias, una puerta
atascada por pilas de folletos que
se acumulan como montañas informativas
de polvo, iluminación blanca exagerada en
todos los domicilios cercanos, la visión externa
de casa a diez metros de distancia y su impresión
taciturna y bidimensional. ahora el piano necesita
cinco personas para llevarlo afuera.
antes una franela, alcohol o detergente,
Este es el lugar hacia donde siempre regreso:
ojos hacia el suelo, reloj pulsera
Cañones
es decir, a veces hasta parece un mar de imágenes
o un gran acuario reproduciendo dobles nuestros en
varias fases, entre los peces y las piedras artificiales, es
decir, parecemos contenidos en ese acuario, o a veces
expelidos en eyectores discretos, como picos de
teteras o respiraciones de animales domésticos (nuestros
gatos, por ej.) a veces, parecemos una suma de
notas musicales incoherentes, en escalas repetitivas, o
combinaciones de teclas apretadas al azar y volcando
sobre la pantalla nombres aleatorios o cifras para una canción
realmente menor. es decir, ese pasto ahí adelante
representa bien nuestro aislamiento en lugares abiertos,
que creo es el súper poder de los desafortunados o una
rara habilidad ancestral. a veces dibujamos, y las
personas o los seres antropomórficos de nuestros garabatos
son siempre endebles y profundamente inadecuados.
es decir, tal vez nos interesemos mucho por eso, o
nos interesemos demasiado por eso o nos interesemos
por eso en la justa medida; a veces querría que no
te sonrojaras con ese tipo de cosas; es decir, nuestros
hijos también pasarán y cuando estemos bien
muertos tal vez ya tengan sus propios negocios y
sean exitosos y sus esposos (as) les
recuerden siempre que nos traigan algunas flores,
gesto que si ahora ya nada nos importa,
qué significará después. es decir, el espacio sideral es de una
capacidad absurda y comportaría no sé cuántos navíos.
Dojo
Bajo la enagua espesa de la oscuridad
casi sofocando la lámpara
de luz amarilla, manos, brazos,
puños, piernas discuten, físicos,
la tarde de lluvia, robando del
desgaste en la alfombra el modo,
acentuando el enrojecimiento de los ojos
el ocre del sudor en segunda
capa la solidez de manos brazos
puños piernas, su danza, los
desniveles del tronco, la lámpara
casi sofocada bajo aquella
espesa enagua de oscuridad.
Club de desfibrilación
ves perder como
una cierta contraposición de
distancias
la fuga en el dorso de un insecto
(alas abandonadas al día
siguiente, el garaje un
campo de batalla amanecido,
silencioso)
alguien tocando un vibráfono
alguien tocando una mandolina
ves la pérdida como
una persona fumando en la oscuridad
un agujero encendido en un panel negro
preguntándote si esa sería
la perfecta antítesis de la luz
Mojave
el ocaso cuando todo se cansa en la
poca luz — los olores domésticos
prescinden de circular y la ventana
registra el pasaje forzado de
bicicletas y cuatro docenas de pájaros
bien encerados en tonos de amarillo
se posan en un cable telefónico
trampolín para la profundidad
bidimensional del cielo —
la madera de los muebles más antiguos
cruje, sabemos que podrían ser
voces en frecuencias ininteligibles
informando alguna cosa grave:
apoyamos las bolsas sobre cualquier

mueble y giramos la llave dos veces


Traducción María Rosa Maldonado 

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