HÉCTOR A. PICCOLI

Meditatio mori
Será como un cansancio lento, lento,
una cauta indolencia en el verde y el rubor,
la certeza de un suave desaliento,
o memoria en miríada ansiosa y sin tenor;
será un intercadente apego a lo apaisado
y un confuso recato ante el ardor;
quizá un viso del miedo descepado
o la tácita alianza desafecta
con seres, y con cosas, siempre al lado
y en fuga, en el desmayo de la recta
que aguza una calle en perspectiva
y la arrebola, y guarda, y la proyecta.
O será un golpe plúmbeo y tan urgente,
o zozobra, tal vez, de una estancia, convulsiva,
y una paz desasida y coalescente…
-No sea el apremio que cautiva,
ebrio y febril, el juicio en el retiro,
un irupé  ajeno al agua esquiva,
que se mece, insomne, en el zafiro,
y sin embargo, sueña: flor enferma,
receptiva incesante y sin respiro,
cayendo en la otra noche vasta y yerma,
mientras afecta, sana y recidiva.
Haikus
I
Ciñó de seda,
madre, tu voz mi cuerpo.
Me abriga un sueño.
II
La culebrina
cercena el cielo y cesa.
¿Dura el pie en huellas?
III
Corrupción cierta
que barrena el estío:
voz de cigarras.
IV
Pulula el alba
y tiembla en la linde.
Cresta de la ola.
V
Se olvida en lodo
el encaje del mar.
El viento norte.
VI
Se hunde el paso
en la arena innúmera.
-¿Tú, insustituible?
Advierte la caducidad y exhorta, en el sentido de Rilke, a una distinta asunción del tránsito
Ahora que la vida se retira
y la bajamar no hace cicatrizar la arena,
ahora que el tribunal de los vientos la condena
a disipar la calma y a registrar su ira,
en lozana lisura desnuda la mentira
un rictus que interrumpe la constancia serena
del labio fértil, del primor que almena
el instante que tienes por la vida, y que expira
librándote al eterno, tantálico tormento
-si inverso- de la ausencia. La terca estalagmita
de la identidad niega en aumento
el tránsito sutil en que se agita
fuera, en la urdimbre ubicua y fraterna,

la hebra que involucra y que consterna.     






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