MAURIZIO MEDO / ALREDEDOR DE EXOGAMIA, DE ÁNGEL CERVIÑO






Intento valerme de algún un objeto artístico a través del cual poder situar la escritura de Ángel Cerviño y los únicos que parecerían garantizarme algo de éxito, como procedimientos –no como resultados- son los collages que Jean Bubuffet a comienzos de la década de los 50 tituló como assemblages d’empreintes. Si bien Duchamp y Picasso anteriormente ya habían ensayado esta técnica la propuesta de Bubuffet significó el paso de la bidimensionalidad a la  tridimensionalidad. Aunque muchos hemos visto los assemblages d’empreintes de Bubuffet no somos capaces de recordarlos con la suficiente claridad pero, tal vez, por su asociación con el collage podemos reconocerlos como construcciones realizadas con materiales diferentes, es decir una yuxtaposición de microficciones que, unidas entre sí, parecieran decirnos que “eso” es tal cosa. Es decir, cada pieza de Bubuffet (aunque no se refiriera explícitamente a ningún hecho determinado) ponía de manifiesto cuáles eran las intenciones del artista.
Una perfomance semejante es la que descubro  en Exogamia, el nuevo objeto que nos presenta Ángel Cerviño, uno que aparece ante nosotros a través del embosque continuo al lector y en donde cada título aparece a veces con el tono de una de las claquetas utilizadas en el cine mudo, en otras como una viñeta y, al mismo tiempo, como el fragmento de un ensayo en eterna composición. Sin embargo su presencia preformativa respecto al texto es sólo la de una línea de fuga que dejó una senda a la que el texto en sí deberá enfrentar aunque esto traiga consigo su negación. En ese sentido las dualidades planteadas por Cerviño entre cada título y cada texto parecieran indicarnos que a lo que asistiremos es a un enfrentamiento entre lo que ha sido estructurado y lo que aparece como una consecuencia de esa estructura evidenciando la eterna disputa lenguaje/pensamiento y en donde la consecuencia es sólo una resonancia de ambos, una que deviene hasta encontrar el sustento al encontrarse con la siguiente pieza textual mientras el título, peregrino pareciera haber migrado afuera del campo que anticipó para el poema.
Como Bubuffet , Cerviño deja muy en claro cuáles son las intenciones de la materialidad que nos presenta a través de una poética constituida con imágenes escritas, es decir como alegorías, lo que, a priori, podría hacer de Exogamia un libro conceptual. Pero Ángel Cerviño va más allá. El sentido que van encontrando los textos al confrontarse, e incluso negar, un pensamiento, pareciera evidenciar el carácter efímero del lenguaje ante lo que se presenta. Este es  lo que fue.  Y su presencia sólo podrá evidenciarse entre lo que “dejó antes” (sino como un eco, como un fragmento) para rehacer el diálogo pues el pensamiento del presente (igual de  efímero como el momento que lo antecedió) aparece desde la posibilidad de reconocer un rumbo, aunque fuera para apostar por una nueva situación. En ese sentido me atrevería a declarar que la fuerza de las imágenes de Cerviño reside en su capacidad de movilización.  Son textos migrantes que revelan su sentido real sólo en lo que pudieron haber originado. A pesar de su ausencia, debido a su carácter efímero, mantienen una secreta ligazón con lo que propiciaron en un diálogo que sólo es posible a través de la alta velocidad. Una que arrasa con el valor de la imagen de UNA realidad (armónica, fija, imperecedera) para revelárnosla como algo posible sólo a través de un vertiginoso multitasking en donde la escritura poética consigue recuperar su verdadero carácter artesanal.
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