REYNALDO JIMÉNEZ / La subversión de las aduanas.

mucho abaixo de la línea del silêncio

En la contigüidad de las experiencias; en las entrezonas de la perplejidad o el dolor, el afán o el goce, la evasión o la hiperconciencia; en la interconexión de los extremos aparentes, las chispas que se sacan las palabras entre sí, las lenguas cruzadas, el intercambio de propósitos y despropósitos que los respectivos imaginarios que cada lengua guarda o alimenta, a su vez albergan. En la concéntrica trama de las analogías y la representación del universo interno, de las melopeas de la conciencia y de los andariveles de conciencia simultáneos que habitan la memoria humana, la poesía se expone en tanto indagación de otras músicas u otras representaciones, otros abstractos o concretos de la letra y a su través.

— las palavras, todas las palabras sueltas en el viento poniente — serán menos, siempre menos do que el martirizado adverbio inscrito en la historia.

Wilson Bueno, poeta vivo en Curitiba, resplandece por ese abandono de los géneros que hace de su poética algo más que la puesta en escena de una teoría, diversa asimismo de cualquier (di)gestión literaria. La suelta de su estilo, en todo caso, lo es también respecto de la sujeción a determinadas fronteras que, en lo microcósmico, serían de orden idiomático pero, en lo macro, de carácter político, racial, militar, económico, cultural, cultual. La puntualidad con que su libro Mar paraguayo explora, y hace explotar, con minimal tenacidad, las alternancias de unas hablas-falas, permite el resurgimiento de una insumisión ancestral: la del poeta ante los hechos, ante lo dado, incluso ante sus propias herramientas —en apariencia tan frágiles como el mismo cantar que les da vida y sentido. Es que este poetizar es preciso al desmentir lo real: lo real entendido: lo real entendido en un recorte.

ali donde pulsa esto sintoma, más que malestar, apelidado por la gente con lo etranho nombre de alegria. Ya no sê también se en ela vive la felicidad — abismado sentimiento hecho por el terror de lo êxtase, la renunciación, assunciones y el canto-coral con que la gardênia impuso a el jardin esto aire selvagem y en desassossego.

Pues de cantares se trata, no de tramas descifrables a primera vista o tras la cifra del código capturado. Se trata, en Mar paraguayo, de una poesía que no apela al reconocimiento del poema, a la cita del pacto concertado en el punto medio o mediático; pero asimismo trata (intenta, indaga lo relegado y lateral) una narrativa que no suelta su originaria luminosidad mítica. El relato del origen es una tragedia, es decir la gran explosión: el encuentro entre dos diversos. Se encuentran los personajes de este relato como los géneros entre sí: no cesan de entrelazarse terceras y cuartas lecturas, dimensiones de la experiencia. Tal vez ya no importe tanto la clarificación consumatoria de la aventura, cuanto la energética en sí de la aventura: tal vez de esta suerte pudiera introducirse una vez más aquella noción o sospecha de una épica de percepción, de una exploración del espíritu colectivo en la exploración simultánea de las connotaciones y su incógnita.

el alma-palabra convertida en párraro: estos vuelos, mis cardinales

Wilson se desprende de una antigua tradición ramificada, proliferante, que hunde raíces en el futuro, es decir en lo desconocido. Pero aquí bien vale tolerar la carencia absoluta de imágenes, ya que ese futuro (esta sintaxis combinatoria asomándose a sus devenires) es el pasado remoto que traga su círculo. Allí el poeta no tiene un destino meramente personal, pues en la voz (por más escrita que sea) está implicada la vinculación con todos y hacia todas partes. Mar paraguayo: sincretismo que haciendo lugar (a otras dimensiones de la sensibilidad: de lo verbal), vuelve a la escritura campo propicio a la polivalencia (su polirritmia). Escritura: aventura.

Esto, esto todo asi, esto regalo que más vos faço, a ustedes que me lêem como quien secretamente se posta ante la fresta de una puerta cerrada.

No sería posible establecer coordenadas o patrones de lectura para libros como Mar paraguayo. Aquí el abrazo oceánico (que desescribe) es una ínsula. Y es fortuna toparse con esta poesía que, nacida para la insumisión admite (estimula), además, la lava volcánica de la lectura en entrelínea. Esa entrelínea, subtexto, contexto, desterritorializa y apacigua al tiempo que entusiasma: condición expansiva de la lengua poética (que puede asimilar en su seno, en su magma, el recurso a la posibilidad poética latente en ese hecho móvil, la contingüidad de las lenguas regionales). Sin otra medida que no sea la de su propia respiración, transformadora de los significados a la luz de la subversión de las aduanas, se atraviesa también lo artístico en tanto finalidad o destino de la escritura, pero justamente por proponerse en su arte lo preciso. La invención vuelve a ser el mito desenvolviéndose sierpe de la palabra. Vivir el mito: atender la aventura del lenguaje: escuchar las voces de lo escrito en tanto formas de energía (genésica, colectiva). Traspasar límites no implicaría apenas combatirlos; aquí se trataría más bien de olvidar mapas que de sustituirlos. Wilson Bueno, con este libro que salta del espejo-tiempo lineal de las constataciones para rozar el kairós (que es la aventura), desanuda el entrecejo de la experiencia literaria. Por pura presencia, desrefleja. Estallan las identidades. La poesía, devuelta a la fabla, se renueva en vastedades arcaicas y se abre pensamiento incantatorio:

como el antiquíssimo anúncio de que vivir es una cosa assombrosa

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