CINCO POEMAS DE MAURO QUESADA

 

 

 

 

Un acto

 

La mañana sucede

entre minutos muertos y ganas

de volver a la cama.

El café y la niebla

no son más que un acto

de seducción obvia.

Una cinta transportadora

va llevando expectativas

como quien le hace preguntas

a un perro o al sol.

 

 

 

Mediodía

 

parece que nada sucede

en la soledad de esta plaza

los bancos están vacíos

las hamacas están vacías

casi nadie pasa

casi nada pasa

 

me convenzo de que no estoy

en una escena más

de una película intrascendente

 

los árboles

se mueven por el viento cálido

que parece quemar todo

e interrumpen la visión de un cielo absoluto

es difícil de creer que no veo ninguna nube

por más que busque y busque

pero la perfección a veces vive por un instante

sólo hay que aprender a convivir con eso

 

vuela un poco de tierra seca

en dirección a esa calle que no conozco

pero siempre habrá cosas que no conozca

o que cambien o desaparezcan

o me sean ajenas o se desvanezcan

o simplemente se vayan para siempre

sólo tengo que aprender a convivir con eso

 

 

 

 

 

 

Acá dentro nadie

sabe lo que pasa

el bunker

que nada

tiene que ver

con los gestos.

 

Hay algo sobrepasando

las alturas y las depresiones

tierras del verbo sin descubrir

donde el miedo agita

las aspas y duele.

 

 

 

Estoy muy cansado

y sin embargo

como si fuera un castigo

no puedo dormir.

Miro por la ventanilla

del ómnibus

cómo lentamente

está anocheciendo.

La luna ya resplandece

mientras el sol se escapa

en el horizonte

detrás de los árboles

y algunas casas.

Me invade

una extraña paz

un espacio en blanco

entre el tiempo

y lo que voy pensando.

Se despierta

esa luz que nunca vemos

y se derrama

al fin

por un instante

sobre todas las cosas.

 

 

 

Los profesores tenemos un mes y medio de vacaciones

pero poca plata para irnos de viaje

 

Hay mucha gente caminando hacia la avenida

algunos vuelven del trabajo

otros van en busca del aire acondicionado

del shopping.

Pasa un perro siberiano con la lengua afuera

junto a un tipo llevando un ventilador Yelmo

viejo y amarillento

igual al que había en mi casa

cuando era chico.

El olor a espiral

la piel quemada por el sol

la certeza de que a la mañana no había que madrugar

y los bichitos de luz

formaban parte de esa misma magia.

 

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