INÉDITO: Fragmento de La parte blanda / Sandra Santana

Por ejemplo, qué difícil explicaros

el valor de lo que

nunca se deja poseer

del todo. El hambre

insaciable que os hace querer

volver a devorar

lo eterno.

(El hambre)

Qué decepción cuando

robada al río

la piedra en el bolsillo

se vuelve común

y al llegar a la casa

no guarda la luz momentánea

de la tarde,

el brillo irisado del paisaje

sobre la superficie del agua.

Así, vuestros ojos.

(No lo esquives:)

El niño ejercita el órgano y

emerge la palabra “agua”

cuando quiere agua;

“mamá”, dice,

cuando aparece

sin cuerpo

la silueta de una urgencia.

Y así aprendisteis todos

a nombrar

las pérdidas, ignorando

los términos

de vuestras posesiones.

Ya se ha dicho antes:

el lenguaje circunda el vacío.

Escuchad: entonces

la palabra no nace

de la abundancia

del corazón,

sino de la carencia

que asedia la boca.

(¿Y si no sabes decirlo mejor?)

Pero, escuchad, ¿y si

como ese ramito de flores

rojas que crecen fuera

de la vista en la copa

del árbol

yo estuviera allí

como un exceso,

como una breve nota de color

sólo para los pájaros?

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