Tilsa Otta. Indivisible

Millones de ladrillos (compañía constructora)

Pronunciando una palabra que comienza y termina con T, con el cabello ardiente de rocío y verdadero, los oídos petrificándose con una canción lenta que provenía de mí. Pensaba que la vida comenzaba y terminaba con “t”, que lo único que la hacía reír eran los carnavales donde se suscitaban añoranzas extrañas y dios medía con una regla el paraíso y lo empapelaba con nuestros rostros que no se despegaban jamás.

Había un barco que no podía soportar porque sus turbinas pronunciaban palabras que no comenzaban nunca, y humeantes clamaban: por la rendija de tu ventana me echaré sobre tu cama, regándome como flores. Y brillando por siempre. Con una rosa blanca tatuada en el invierno, encogiéndose y gimiendo de placer por considerar que una verdad fue descubierta desde que pronunció te amo con bondad, regándose en la sociedad dócilmente, gritando cosas malas; que califico como malas porque alguna vez alguien mencionó que hay ciertas palabras con las que no hay que sujetarse el cabello.

Yo no era una niña desde el momento en que tú eras un superhéroe. Gestioné todo mi Amor desde que rompiste las reglas con las que dios medía mi habitación y me arrastraste por el suelo dándome a conocer

Millones de ladrillos (compañía constructora)

una mejor calidad de vida, vistosa a todas luces, clavada en mi inocencia ilusa que salivaba con demencia. Sólo atinaba a presenciar episodios que nunca comenzaban, suspirando el fin del mundo que abría grietas profundas entre las comunidades indias que eran mis ambiciones, alimentadas de heno, subidas de peso, medidas por dios como una pirámide por construir.

Un paisaje sin retorno, para hacer el Amor como estrellas porno iluminadas de sensaciones que sólo pueden significar Fantasía. Estimulando tu estrella que nunca se apaga. Los niños que han visto ese astro lo aprecian como a un lobo feroz y saben desde la caída que el cielo es el cuerpo agotado de todos los amantes.

Mi aspiración máxima, aunque a nadie interese, era cortar mis cadenas con el alicate de tu boca angulosa y despedirme ya de aquellas reglas de los padres con las que dios golpeaba las manos de los obreros hasta partirlas en millones de ladrillos.

Edifiqué todo mi Amor con palabras que no comen- zaban nunca, como “Amor”.

¿Recuerdas cuando empeñaste tu primer beso en una casa de antigüedades y cuando volviste a recogerlo años después era un autoservicio? Esto es como eso. El bus me ha dejado un poco tonta y mientras

espero, las vacas mueven la cola tejiendo moscas que morirán tan pronto. Sí, es Amor lo que siento. Lo dudé largamente, las reglas de dios no alcanzarían para medir el tiempo. Hasta que le pregunté al cartero y me dijo que era Amor y que me calle, que era peor que un perro. Y cuando corrí tras él era la felicidad en persona. Lo siento. Déjame ya, sabes que no puedo terminar con esto. Es algo que me hace sentir profundamente rosa blanca en el smoking negro de la ciudad y en mis sueños hay templos sin fieles que cantan canciones que no comienzan jamás.

 

david-lachapelle-gdl
david lachapelle

 

Me hizo el amor aplastándome contra la pared hasta convertirme en un super poster de una chica desnuda con el que inmediatamente se masturbó. El amor duele pero el sexo no debería. Totalmente ausente. No debería. De pronto partí y los dejé a todos solos. ¿Debo pedir perdón? ¿Quién está con ustedes? Los nervios producto de la ingesta desmedida de sustancias rosas condicionaron mi experimentación. Dije lo que sentía realmente pero estaba tan ebria que ya no lo recuerdo. Nunca más lo recordé. Ya no lo sé, no sé lo que siento. Eso me deprimió por un tiempo, por un tiempo muerto, muerto de risa, eso me deprimió por un tiempo muerto de risa. Era un amor ausente. Recuerdo sin embargo que me besaste sin consideración alguna por mis vidas pasadas, ya que yo amaba a una joven desaparecida. Me quería de la misma forma y se transformaba. Quise ganarme su corazón y compré la lotería pensando que todo se puede comprar si en lugar de dinero tienes un boleto de ida. Me marché sintiendo que merecía el amor de los dioses y lo tenía, lo llevaba puesto en el verano de repuesto. Conté unos chistes que en realidad eran mi vida y alguien comentó que la existencia es una prenda de cuero que se pega al cuerpo y cuando

bailas te hace transpirar, pero es cool y no pasa de moda. Porque alguien siempre hablará de la vida y confesará que la tiene, que la tiene, que la tiene. Que es suya porque es tuya porque es nuestra. Y no podemos dejarla, y no podremos dejarla. Profetizo y enfatizo y en medio de tus ojos soplo un ligero vaho que te quita la virginidad. Ya no eres un niño ni una niña, tampoco has muerto. Debes salir por algo de comer hasta que descubras que siempre estuvo dentro de ti y probarás tu esencia, no podrás parar y luego estarás indigesta. Realidad. ¿Qué me quieres decir con eso? ¿ese es tu argumento? ¿tú y cuántos más? ¿tú? ¿y? ¿cuántos más? ¿has oído cantar a un grillo al anochecer? ¿tú y cuántos más? Es una ilusión tu infancia, tú apareciste cuando yo te conocí y ya. Tú apareciste cuando yo te conocí y ya eras grande, por eso me enamoré de ti, porque eras nuevo, recién salido del horno y olías a centeno, a centésimas de segundo, a milímetros de mi boca y me quemaste la lengua cuando te di el primer beso de tu carrera. Ahora un tatuaje temporal en el lóbulo frontal redirecciona mi pasión.

Desperté en una oscuridad nueva, distinguí un deseo fugaz y le pedí una estrella. Tantas tardes anduve conviviendo con las nubes. Comprobé que mentirme

era romántico por temporadas, decía palabras dulces y luego cucharitas y luego un platito. Decía que si me amaras yo podría escribir tu nombre en el cielo para que brillara como el sol, pero no se ocultaría. Tu nombre nunca se ocultaría y sólo eso lo diferenciaría del sol.

 

 

Anuncios