Diego de Ávila / Ecuador

*

¿Cómo puedes pasar todo el día escribiendo, pensando en sabotear la iglesia que te persigue? La gracia pura corre por las ventanillas del ómnibus como un conquistador en motocicleta.

Yo conocí todos los lugares del mundo. Un desierto blanco en donde crecía el corazón de la yegua; dio caballos que cabalgaron el desierto y se pusieron en dos patas para construir represas y casas donde vivir.

Estuve en un monte en donde las colonias tenían sus hormigueros a la vista. Un día llovió y surgieron enormes lagos en todos esos laberintos.

Hablo de manzanos que crecían lejos de las manzanas. Esferas de vidrio que ponían a brillar la tierra en espejos cristalizados por la luz del mar.

Estuve en un mar hecho con hojas de libros viejos, ausente la mayor parte de la noche, y vi a turistas y pescadores sacar fotos de esa noche, y estuve con esas fotos tumbado sobre mi cama en pasajes larguísimos en los que no paraba de soñar.

Caminé por una pendiente que lleva a la selva. Me encontré filmado desde los miradores: portales sombreados apegados a la vista del que decide contar lo que pasó.

Pasó algo extraño: estaba a nivel del suelo, en la misma dirección que la ciudad, y para llegar a la maravilla donde mojar los libros había que descender: dos montañas enterraban una montaña inversa.

Desde que la sombra se tensó y se separó de las piedras, un tobogán sin mitos asegura la llegada del sol. Ya no puedo referirme al cielo. O ya no puedo ponerme la ropa con el viento. Y para colmo todavía hay más: la cascada se aprovechó del tobogán.

¿Es difícil?

En los sueños, desde los caminos, la ciudad parece inundada; los edificios negros se mantienen sobre la superficie, las habitaciones vacías se pasean como barcos que han dejado de funcionar, pero no es el agua: es la noche.

Tendría que tener la paciencia del desgano para decir lo que es difícil o no.

Estuve en todos los lugares del mundo. Un mundo que no tenía nombres ni países. Yo decía que era el mundo de la última habitación.

La tierra está pensada para los marineros. Las cavernas están escritas bajo un telón que componen los hechiceros y las coristas. Lloverá enseguida.

El mundo de los continuos espejos: estoy sobre la tierra, estoy en la pirámide, estoy entrando con un carro roto en mi casa; en la cascada una arena celeste me rasca el cabello y en el mar, en la tierra y en los árboles del hogar corre el viento de los aviones junto al de los pájaros. Una canción salvaje cuenta una aventura pequeña. Un Gran León se ve de pronto desamparado sobre el firmamento. Hay una casa temblante en la que trato de sobrevivir pero las represas se rompen ante el silencio de mi imaginación.

Se puede escribir durante todo el día, en invierno, en los momentos púrpuras del año, en el deshielo, junto a la planta medicinal que entrevera las escaleras. El sol de barro subió. Se abre y se cierra detrás de las ventanas que forman las nubes cuando desaparecen. Lo veo muy claro esta vez: es el momento de escribir. El cielo está iluminado porque encendieron de repente la constelación del motociclista.

Los hechiceros y las coristas me dejaron escribir sobre el telón. Yo canté e hice magia. Ellos se descubrieron como dos espejos que cuidaban mi jardín.

*

 

Empecé a desarrollar un tema que me cubrió el corazón.

No fue de amargura. Fue de una fortaleza

innecesaria. Y el corazón se convirtió en el relato de mi vida.

Y el tema de mi vida era la fortaleza que visitaban los conquistadores,

pero no era mi corazón.

Al amigo de un joven muchacho, a la esposa de un amigo,

al coro que canta bajo una claraboya de vidrio,

amigos de los dueños de la casa, visitantes

de la atmósfera soleada, aterrizajes

de mi voz, les pregunté

¿qué tal ha ido todo en la última vez? Dijeron: hemos cantado

desde nuestro corazón, todos los días sin faltar un año.

Y la última semana estuvimos aquí.

Hemos estado preparados.

Me explicaron mi vida hablando de literatura.

Parecían la arenga de un ejército de hombres abandonados,

parecían muchachos dementes, parecía

que les faltaban los caballos y las armas

y los escudos y corrían como un ejército de amor

en torno a mi fortaleza, (alrededor

la fortaleza

era el tema de mi vida),

el tema será el mismo que cantarán los hijos de toda mi generación,

los hijos sin sentimientos conocerán el amor

a través de las canciones que se compusieron sobre mi fortaleza,

los hijos verán el sol a la mañana y se dirán: “¿te acuerdas de aquel sujeto?”,

cantaba en un coro debajo de escudos transparentes.

 

*

Sigo presintiendo cosas de las noches de verano.

Y observo que afuera, en una palmera dentro del campo

las contingencias que se viven de una sola manera

saben que el verano no se acaba

para lo demás, cuando cierran a las doce mis propias horas

de andar a pie por la carretera. Anduve

por las montañas que rodean la ciudad,

un río alrededor de un pueblo,

el aire de la madrugada que me sigue mientras

escribo y hablo sobre una palmera.

Presiento que me pasa algo.

Memorizo palabras para el carnaval, e inauguro una muestra hoy;

llego abrazado de una mujer, y me expongo para que digan,

para que me pregunten sobre el final de mi país,

una parte que conocí cuando me iba;

todos mis amigos, que se quedaron,

no saben de lo que estoy hablando,

y cuando se los cuento,

echan a correr viajes interiores, huyen de mí,

lo sé porque nací con ellos y los he visto crecer

en diferentes casas,

y un día regresé y jamás les creí

que hubiesen cambiado: nunca se terminarán.

Les pregunté: ¿se han interrogado

cómo es posible que un viajero que vuelve

de su carretera siga siendo el mismo vestido con otras ropas,

hablando el idioma de los enemigos?

Soñaban, soñaban serenamente; lo sé porque dormía

junto a ellos desde tiempos muy antiguos.

Me iba. Les mandaré fotos desde el campo sin ondulaciones.

Presencié una palmera con la que estoy obsesionado,

les voy a mandar una foto de eso desde allá.

A vos te llegará una carta un día miércoles;

a vos, sin cara y sin gestos,

trataré de recordarte para toda la vida.

Ramas celestes se quedaron a dormir.

Enero.

Ramas en el pelo, ramajes en la casa

de mi reiteración:

vos sos Diego de Ávila en esta ciudad de tierra,

yo vivo aquí, yo soy Altura aquí en un cerebro como nunca lo viste

entonces Diego de Ávila de ciudad natal en el centro,

seguramente oíste que -no

-le dije que jamás había vivido en el centro de algo,

me recordó una vendimia donde mis amigos se despedían de mí

sin celebrarme. Ahora entiendo que ellos

eran los celebrados y no hubo respetos de mi parte,

mientras les hablaba de la carretera

estaban ya muy lejos, apretados

entre los muros de un pasillo de su espíritu mental,

en el análisis de retorno al pico

de la montaña brumosa que levantaran

Cinco Sueños en una sola noche.

Yo y mi mujer mirábamos absortos. Yo,

porque la miraba de pronto y comprendía las cosas que habían a su alrededor;

ella, porque entendía, me miraba y me sacaba fotos,

el foco aplicado contra el pecho,

todo borrado

el campo traviesa. ¿Se han interrogado

sobre las brumas que les quedan a las cosas mal logradas?

Verán que a todo lo llamarán igual, como a mí.
*

La acacia plantada especialmente bajo un farol.

El farol era la más antigua de las fuentes luminosas.

El árbol era el más antiguo de los seres vivos.

Yo era el más antiguo de todos.

Cada cosa construida a mi alrededor me simpatizaba.

Una parte de mí había salido a hacer una cosa otra vez.

Ayudar a mi vecino a construir.

Vivir junto a él el nacimiento de sus hijos.

Yo fui niño antes de que los padres

viniera a traer hijos al mundo,

antes que todos estos árboles tuvieran pena

de la tempestad de su naturaleza, mientras

que era la mía la que provocaba,

era yo mismo quien me decía:

debo comenzar a olvidar. Tener la vida

clara, como la superficie más frondosa.

Aunque sea de noche en una distancia

que no puede acabar con la luz eléctrica,

la solidaridad y tintineo aparte: soy como un señor muy viejo,

muy formal.

Un día encontraré un árbol y construiré una casa a su alrededor.

Otro día abandonaré mi casa y cuando regrese habrá crecido un árbol.

Otro día plantaré un árbol dentro de mi casa.

 

 

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