Primicia: Lucas Costa / Playa de Escombros*

EN EL USO DE LOS HALLAZGOS MÁS VALE LA CAUTELA:
altavoces circulan prediciendo como en Italia
el sismólogo que provocó el pánico
por avisar la ola el día antes que llegara.
Tiempo después aparecieron los talismanes
en el sendero a Llico: un par de cráneos
y la tele puesta sobre una roca
a propósito para durar.
La imagen rota habla por sí sola.
Mirar causa efectos inmediatos
en la naturaleza somos espectadores.
No es necesario decir «el eje de la tierra
se movió varios metros
pero no sabemos qué significa».
Puedo graficarlo en la abuela cruzando
el Rhin a nado con su marido a cuestas.
No los conocí pero fueron mi optimismo.
Los busco acaso porque busco
otra vida más allá de estas fuerzas.

 

EL PESO DEL ANCLA EN LAS ALAS que se baten en el baño de crudo, manchas de moretones los tonos sepia en un menjunje que es aceite tras aceite y agua o asfalto derretido por el sol. Como la sangre a raudales en la caza de ballenas, kilómetros de plaquetas en las plumas solapadas y la pupila marrón hace de hectáreas cuando alguien contempla la escena pensando en su hijo. Para conmover, un pelícano necesita sólo estar exhausto. Pero es un ave, no un hombre.

 

LO PRIMERO EN DESCOMPONERSE ES El CUERPO
humano, el mar no lo devuelve siempre
la sal traba el pestañeo y se hace uno
con el agua amainada.
Da ánimo anotar el disparate
dar tumbos en la masa
como piscina de medusas muertas.
Cada quien desencaja la espera con las manos
el ingenio entre las piezas de una cuenta regresiva:
el amague sigiloso de la arena en retirada.

 

UNA NIÑA VIETNAMITA IMAGINA LO PROCESOS  involucrados en el zarpe de una zapatilla, esa que andas trayendo por ejemplo o la que encontramos ya resquebrajada en el roquerío y que cierta gente colecciona (como coleópteros o trozos de coral). Ella –que no ve más que hilada y punto– imagina que esas suelas arman islas en mitad del Pacífico donde se puede correr y jugar a la escondida y piensa en la resistencia del cuero que zurce entre las manos, su porosidad como la espuma tupida en la piel de las orcas o de las sirenas en coro, remolinos del tejido en un pez luna que va en camino a su clima (y eso la alegra). Pienso en esa niña cuando desprecian las zapatillas que traía puestas en una cárcel de menores.

 

 

 

DESDE ARRIBA TODO SE VE CON EXAGERADA QUIETUD
Incluso ese día cuando noté algo raro en el eje.
Una capa de líquido globular colmó una parte
luego que alzara la vista por la ventanilla de la nave.
La mueca torció la tierra de un espasmo.
La curva bifurcada en el cuello del cisne
como pregunta, la elasticidad de la garrocha
para proyectar al cuerpo y volver a estar recta.

A esas alturas el rigor no importa.
La masa de blancura avanzaba con ímpetu.
Lo noto ahora que me lavo las manos
y del borrón aparece cierta espuma.
Ustedes: las bacterias de esa imagen.

Sé que escuché a la Tierra en un claxon que podrían
ser todas las bocinas de Tokio, el DF o Bombay juntas.
Yo, que según mi afición propongo tomas eficaces
desde el ojo de la estratósfera me he detenido
en la basura cenital que conforma el voladero
de luces, carteles y rayos de Las Vegas.

Como si algo quisieran decirle a la galaxia.

Desde acá se ven las pirámides y un seguro
trazo imperfecto el tiempo envuelto}
sobre la arruga de un confort

pero aunque imagine la nave retornándome
al vientre no puedo borrar el bamboleo.

«Oramos por ustedes» atiné a escribir
y el foco se me desvió.
Aquí tienen el registro.

 

 

 

EN LA PUNTIILLA EL SOL APACIGUA  la piel tras la pátina de piqueros comprimiendo el cuerpo en plena corriente de Humboldt. Mi madre exigía siempre que alguien la acompañara a nadar a capela y yo encaramado a sus hombros, abriéndome paso entre una hilera de primos. La playa estática en cosa de minutos y el pataleo, el miedo soberano al cochayuyo, a los tentáculos o peces gigantes, a esa soledad de náufrago del horizonte azul cobalto. ¿Por qué los pelícanos se juntan en V y otros andan solos? Resguardan la comunidad. Corrientes subterráneas sobre las algas en la espalda: el rumor de lo que no se ve pero se siente. Tiene cuero de chancho, calcado al de su madre. Una vez vi un pingüino perdido mirando hacia la isla. Estaba tan quieto que no sé si se despedía o tenía culpa. De la bandada de mil pájaros / uno va perdiendo fuerzas / y el viento lo recoge.

 

*Playa de escombros (Editorial Alquimia, Chile. 2017)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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