La mierda que dejamos, acerca de Showman’s de Braulio Paz / Diego L. García

Showman’s es un libro que de entrada nos mete en una situación incómoda: está dedicado “A la violencia en la TV”. Es decir, que un muchacho como Braulio Paz, nacido en 1998 (Arequipa), nos haga saber que su generación comió la mierda que los predecesores no pudimos modificar por algo mejor es un golpe duro. Incluso un golpe dado por un lenguaje que retorna con toda la suciedad que acumuló en la mera fracción de dos décadas.

El recorte es el procedimiento primordial de este texto. Entre corchetes el autor inserta aquello que no es parte de un cuerpo hasta cierto límite definible como “poema”. Y ocurre que a Paz le interesa justamente pensar lo que de la lengua (esa mugrienta sobreviviente de las pantallas) queda afuera. De este modo, los desplazamientos son justamente los que conllevan la carga más intensa.

La imbricación de mitología griega, el universo Marvel y canciones de los Beatles atraviesa todos los “post-” imaginables con la densidad de “lo poético” en alto: “Mueres fiel al paraíso / con la lengua arañada / y confiando en esta / como único vaso / en que desembocan / las aguas de amargo celofán”. O: “el coro es una subjetividad colectiva, proyectada… / ni es que existen los fantasmas / ni que estos son producto / de histeria y jugos vaginales / en los más retumbos recovecos de Freud, / que restan en nuestra mente post humana. / El poema, una metáfora / mal usada mimética / de una metáfora peor”.

El sujeto de Showman’s se ubica más allá de toda supervivencia; lo post-apocalíptico resulta insuficiente para definirlo. Los residuos del pasado (desde Homero a Baudelaire, pasando por el western de Eastwood y los dramas de Tennyson) son parte de un nuevo cuerpo, una voz que no puede discriminar lo que en algún momento la hipocresía ordenara en góndolas de referencia diversa. Vemos entonces que hasta la muerte ha sido procesada por el capitalismo:

 

No quiero flores en mi entierro.
Mierda, no sé si quiero un entierro,
digo, por mí estaría bien
si deciden tirarme en el río
y que me coman los perros,
sure as hell es más ecofriendly,
además, el proceso/vida desaparece
bajo el producto/cadáver.

Lo que nos golpeaba en un comienzo tiene su redoble cuando se nos empuja a la cuenta de lo ido (aun de lo que dijimos “nuevo” hace media hora atrás):

 

El pasado, que es inmutable
SUCEDIÓ
(aunque suene ridículo decirlo)
y ya que el coro
nos dejó en el desierto sin guía alguna
solo queda vivir
a la altura del acontecimiento
libres para siempre
de los caballos del destino.

Como un mensaje desde el futuro, el coro (que aparece a lo largo de toda la obra) nos advierte del error de ser parte. No abandonemos en el desierto a la palabra que nace hoy diciéndole “esta es tu libertad”; no amarremos a lo que todavía vive (milagrosamente, a pesar de tanto) al caballo en pánico de los dioses cobardes (“si supieran que le oran a dioses suicidas?”). Sin moraleja ni cátedra, una chispa ilumina la pequeña habitación que llamamos “mundo” y al instante se apaga, ¿qué es lo que vimos?

 

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