Veriles. Cristhian Monti.

 

 

Pista

 

Le hablo a los dinosaurios de vos,

se activa el mecanismo y gruñen.

Lanzan el sonido, me comprenden.

 

El DJ en las alturas pincha hardcore,

una chica de piernas balncas

se va tostando en las rampas.

 

Te cuento que en las oficinas

de vidrios polarizados y guardia de seguridad,

entró un perro con una botella en la boca.

 

Le hablé de vos, refregó el lomo

contra mi pierna y se fue.

 

Las luces empiezan a apagarse,

la pantalla permanece y cobra fuerza,

estimula el ánimo de la pista,

es el centro de energía

donde los animales resisten.

 

 

 

 

 

El desafío

 

Dos gordos en chancleta

juegan al ping pong

contra dos rastas descalzos.

Una pelota cruza con desesperante

lentitud el campo de juego

silencioso del estadio de metegol

sin que nadie pueda evitar

el ingreso de la pelota.

Nadie grita,

los jugadores se han ido a ver

el espectáculo de paletas,

las mesas de pool con las bolas

abandonadas y los tacos cruzados

sobre ellas.

Cambian de lado y de saque,

cuando se cruzan en el trayecto

las miradas desafiantes

saben que se les fue de las manos

la diversión y ahora son parte de un

concepto que no esperaban.

Las banderas del rastafarismo

están bien altas cuando el flaco clava

un remate demoledor,

11-14, hay que jugarle al camión,

nuevo cambio de saque.

Los gordos hacen la difícil y reculan

en chancletas, pura devolución,

los rastas intentan forzar el error

agazapados sobre la mesa

largan zarpazos con efecto

que los gordos devuelven

con pasos de bailarina clásica.

El peloteo constante nutre con percusión

unos blues innecesarios que ponen

melancólico el partido

que termina.

Veo a los gordos festejar

y me acuerdo de Pedro,

puro cerebro y grasa,

le decían ojota

porque no servía para ningún deporte.

 

 

 

 

 

Bevlin

 

Corrió diez años atrás de un camión

recolectando residuos, limpiando el cuerpo

que ensuciaba el fin de semana.

 

Junto a la mujer

llegó la planta permanente

y el cambio de trabajo.

Quietito está ahora cerca del río,

los amigos no consiguieron más

que la muerte y sus cenizas

cayeron sobre el Paraná.

En una de esas se pegaron

a las escamas de una boga

y volvieron a ser parte

de un cuerpo con vida.

 

Con la ausencia de los socios

mudó de personas la alegría, su mujer

le dio un hijo y él le dio una carrera.

A veces él va a esperarla a la salida,

el negocio de mi vieja le queda de paso,

para, le muestra cómo va creciendo el niño

y la ayuda a poner la reja.

 

Cuando la veo me relata esos encuentros.

Lo vi a tu amigo de las épocas oscuras,

está pelado, tranquilo y responsable;

ojalá vos hicieras lo mismo.

 

 

 

 

Cristhian Monti

Veriles

Vox

 

 

 

 

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