Paco Najarro / Tren que atraviesa vértebras y vías.

 

Tren que atraviesa vértebras y vías.
Ya lo oigo: lleva tantos pasajeros
que no conozco, padre,
que se comportan como tú y me llaman
hijo mío, pero de igual a igual,
niños que corretean por el tiempo
porque el espacio ya se les pasó.
Padre, inténtalo tú, pon la cabeza
en mi espalda: ¿los oyes?
Tren que atraviesa vértebras y vías.

 

 

Qué verá reflejado el limpiabotas,
qué le dirá la piel del animal
muerto que lustra igual que quien entierra.
Crecen los cuerpos dentro de la piel,
toman forma los hombres como globos.
Le tocó al limpiabotas la estrechez
del cuerpo destinado a los más pobres:
el ataúd pequeño cuesta menos.

 

 

Mis padres no tuvieron ningún hijo,
ningún niño rechoncho de ojos negros.
A mí me construyeron como casa
para vivir en ella una vez muertos.
Y no entiendo por qué, si siguen vivos,
escucho murmurar entre mis huesos,
si son mis anticuerpos o son ellos
que envejecen más rápido que el tiempo.

 
Dánzame, madre, baila con este hijo
que los otros son bellos y la música
no rechaza sus cuerpos.

Pequeños y grotescos, ¡hagamos espectáculo!,
que vibre nuestra carne tambaleando al público
y rómpanse los pies de tanto entrechocar.

Que el baile es nuestro, el ritmo sólo nuestro,
y aunque sea sin música, dancemos.
Ta-ta-ta Ta-ta-ta    Ta-ta-ta  Ta-ta-ta

 

 

Ciertas palabras dejan en la piel
un olor asqueroso al escribirlas,
como las tripas del pescado azul
cuyo color se rompe con el corte.

La mugre se acumula entre las líneas
de la mano mortal del pescadero.
Cuando quiebro las branquias de palabras,
después hurgo en mis palmas con torpeza.

Escribí cosas tan horripilantes,
puse infancia y no puedo corregirlo.
El ojo del pez frío me refleja,
los niños no se atreven a mirarlo.

 

 

 

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