BACKSTAGE: Su xiaoxiao: “Para mí, el poema funciona como una caja de resonancia” / Maurizio Medo

 

Después de editar País imaginario, hace algunos años, nos pareció imposible reunir las escrituras de América Latina con las de España. Había una brecha, sobre todo en lo concerniente al nivel de experimentación y a su relación con las vanguardias históricas. Esto comenzó a cambiar, está cambiando, fundamentalmente por el diálogo, tal vez subterráneo, que se manifiesta en algunas poéticas, por ejemplo la tuya. ¿Crees que hoy la situación es distinta?

Sí, creo que las cosas han cambiado rápido en los últimos años, aunque evidentemente ha habido siempre un flujo de influencias de una orilla a otra del Atlántico, pero tal vez con cierto retraso, o de manera parcial (es decir a través de antologías o de los libros que se publicaban aquí y allá). Creo que Internet tiene algo que ver con todo esto, porque se está revelando como una herramienta muy eficaz para la difusión de la poesía, y permite a la vez entrar en contacto con otros autores de manera muy sencilla. Por otra parte, me parece que las generaciones jóvenes tienen una particular inclinación al diálogo con otras realidades culturales, una curiosidad mayor por lo que sucede fuera de su propio entorno. Quizá porque la movilidad (bajo diversas formas: emigración, exilios más o menos voluntarios, largos viajes) está integrada ahora en nuestras vidas con mucha más fuerza que antes y eso supone un contacto más estrecho con el otro.

Personalmente, siempre me he sentido más interesada por la literatura latinoamericana que por la española, y esa inclinación que empezó condicionando mis lecturas se ha ido confirmando al entrar en contacto con otras poéticas contemporáneas tanto de España como de América Latina. Del mismo modo, aunque disfrute mucho leyendo a autores europeos o americanos, siento una especial debilidad por las literaturas más lejanas y menos conocidas. Creo que se debe a una curiosidad muy fuerte por otras maneras de vivir y por otros acercamientos a la escritura.

 ¿Funciona para ti la división de la escritura en géneros?

 La verdad, no sé qué escritoras y escritores tendría (o no) en mente Visor para hacer una declaración tan desafortunada. Yo opino que, por el contrario, en España son sobre todo mujeres quienes tienen actualmente las propuestas poéticas más interesantes. Hasta hace muy poco, su visibilidad era mucho más reducida, y las grandes editoriales han sido cómplices de esta parcialidad. Creo que en los últimos años, gracias en buena medida a la emergencia y al trabajo de muchas editoriales independientes, las mujeres nos estamos abriendo un hueco en el mercado editorial, aunque estemos lejos de gozar del mismo reconocimiento que los hombres a nivel académico. Prueba de ello es la escasez de escritoras que hay en los planes educativos: digo esto porque me parece un punto esencial para tratar de equiparar el acceso de las mujeres a la escritura y su consideración como autoras con algo que decir, merecedoras de atención.

Creo que acercarse a la literatura desde una perspectiva de género es necesario de entrada para “rescatar” la obra de muchas escritoras que han sido injustamente olvidadas por la historia literaria. Por otra parte, una lectura genérica siempre aportará alguna información relevante, pero puede ser más o menos fructífera en función de la obra de cada cual y su relación con esta cuestión. En todo caso, al tratarse de un debate que va cobrando peso en nuestros días, tengo la impresión de que cada vez más poetas integran de diferentes maneras esta reflexión en su escritura, y con mayor libertad, lo que me parece muy positivo.

De pronto aparece una “nueva generación” —en la que podría ubicarte junto a Lola Nieto, Ángela Segovia, Berta García Faet y Paco Najarro— con una mirada distinta, bastante crítica, frente a la tradición, ¿cómo explicarnos este cambio en la escena?

Siento admiración y simpatía, además de afinidad literaria, por este grupo de poetas que mencionas, pero no sé si formamos una “nueva generación”. Este concepto es tan escurridizo. Cada uno vivimos en un lugar, de una manera distinta, y ciertamente tenemos puntos comunes pero también voces muy diferentes. No sé a ellos, pero a mí al menos me cuesta sentirme parte del panorama literario español, tal vez sea por vivir en París o tal vez eso no tenga tanto peso, pero mi impresión es la de ser una poeta periférica respecto de lo que se escribe en España hoy. Internet y las redes sociales facilitan un cierto contacto, me permiten “asomarme” de alguna manera a lo que ocurre, pero no son suficientemente integradoras, y yo tampoco tengo mucha facilidad para ciertas interacciones sociales. Entonces la relación con mi país natal es fluctuante, llena de interferencias, emocionalmente compleja: no me siento capaz de tomar la temperatura al panorama poético español actual porque aunque desde fuera podría esperarse justamente que tuviera una visión más objetiva o más clara. Todo esto para concluir que no sé si hay realmente un cambio de escena en España o se trata de una pequeña línea de fuga, y que tampoco podría asegurar cuáles son sus motivos subyacentes, más allá de factores que he mencionado ya como el uso generalizado de Internet, un espíritu curioso quizá más abierto a lo que se hace en otros lugares relacionado con la mayor movilidad y con el desengaño ante tantas promesas que se han revelado falsas. Creo que sí ha habido en España algo como una crisis generacional de desencanto en la que quizá se encuentren las raíces de ese distanciamiento y de esa actitud crítica hacia la tradición de los que hablas.

 ¿Tuvo alguna importancia para ti el hecho de administrar el blog Las hermosas fieras interiores, crees que Internet cumplió algún rol en este cambio?

 su.Reflexionando sobre mi experiencia, creo que, en efecto, Internet ha jugado un rol esencial. La decisión que tomé hace años de crear (¡al principio en secreto!) un blog donde compartir mis propios escritos y también fragmentos de mis lecturas no sólo me ayudó a tomar consciencia de mi compromiso con la escritura sino que además me abrió conexiones inesperadas con lectores espontáneos y otros escritores que no conocía (y que en muchos casos aún no conozco) personalmente pero con los que comenzó un diálogo muy enriquecedor. Sin las herramientas que Internet pone a nuestro alcance quizá no hubiera dado el paso de compartir lo que escribo con gente desconocida, porque soy pésima para promocionarme.

Desde entonces, las redes sociales han contribuido a aumentar los contactos e intensificar los intercambios. Creo que Internet permite una espontaneidad, una inmediatez que antes no existían en las relaciones creativas y lo que quizás es aún más importante, da lugar a encuentros alternativos a lo que se propone por las vías oficiales y los canales editoriales tradicionales. También es un buen medio para seguir de cerca el trabajo de los demás y compartir el propio.

Hace 3 años que vives en París, hecho que me obliga a plantearte dos preguntas en una, pues al estar afuera tienes una perspectiva, idónea para el análisis, citándote: ¿qué significa si el discurso de alguien “se quiebra constantemente”? En España se quebró ese discurso, que leemos cuando las palabras de la tradición —al menos de la más recalcitrante— se pierden?

 Lo cierto es que la experiencia de marcharme a París ha sido determinante para mí en muchos aspectos, y quizá también tiene puntos en común con la de tantas personas que se ven en la necesidad de exiliarse hoy en día. Desde luego es algo que se ha reflejado en mi escritura y posiblemente en la de otros autores de mi generación que han pasado por experiencias similares, y creo que ahí podemos encontrar una buena explicación a ese discurso quebrado del que hablas. Las circunstancias adversas en España me empujaron, como una más, a emigrar, pero la vida en el extranjero dista bastante de lo que la gente que se queda en su país imagina, en fin, además de la belleza de la ciudad, los encuentros  y los momentos bonitos, está el otro lado:   la dificultad añadida para hacer cualquier cosa, el cansancio, la sensación de extrañeza ante otra lengua y otros modos de vida, la soledad, la nostalgia por los seres queridos que están lejos, la exclusión social, la discriminación… aunque parte de estas cosas que menciono, yo, como joven europea con estudios universitarios sólo las he vivido en dosis reducidas, pero aun así la experiencia en general fue desestabilizadora y me sirvió para aproximarme a realidades que sólo conocía de lejos cuando vivía en Madrid. Todo se quebraba, en efecto, incluso mi escritura, que se transformó bastante en ese primer año en París. Me sentí despojada de buena parte de mi sistema de referencias, lo que incluye también, en el plano de la escritura, esa tradición española que uno absorbe en sus años de estudiante y que es un primer modelo respecto al que una se posiciona. Me parecía algo que ya no sostenía lo que yo quería expresar, que se desintegraba, necesitaba otros modelos que me ayudaran a dar cuenta de esa suspensión y a vivir en mutación continua de la vida adulta precaria. Es decir, en mi caso el quiebre del discurso tuvo que ver con mi vivencia personal, pero creo que esta vivencia puede ser fácilmente extrapolable, y que el hecho de emigrar sólo intensifica aspectos que de todas maneras aparecen antes o después cuando uno se hace adulto en estas sociedades “líquidas” —como diría Bauman—, en las que vivimos ahora, y de ahí que la relación con la tradición se agriete y se complique.

Cuando uno te lee —a ti como a varios de tus contemporáneos— la impresión es que, desde el “poema”, nos hubiéramos desplazado hacia la oralidad de la “fabula”, pero a una compuesta de retazos y fragmentos, ¿vale aún hablar de “versos”?, ¿escriben, escribimos poesía, pero de “espaldas al poema”?

 Creo que hablar de “poemas” y “versos” simplifica la comunicación, nos ayuda a entendernos cuando hablamos de poesía, pero falseando en alguna medida las cosas, lo que siempre acaba siendo el precio a pagar para llegar a comprendernos. Claro que no entendemos por “poemas” o “versos” lo mismo que entendían hace siglos, y eso también es normal. Cada época reinventa por pura necesidad su lenguaje, sus medios de expresión. En todo caso creo que el poema ya no es hoy, no puede seguir siendo, un recipiente bien conocido en el que introducir palabras para producir un objeto literario concreto y tipificado. Es un modelo demasiado rígido para los tiempos que corren. En ese sentido, sí escribimos de espaldas a determinada concepción del poema que ya no sirve. Para mí, el poema es más bien un vaso resquebrajado, funciona como caja de resonancia, que recoge retazos de lengua que vienen de todas partes, que pueden mezclarse y generar criaturas rítmicas mutantes, pero que también tiene fisuras por donde siempre escapa algo, y que lo mantienen conectado a la realidad. Por eso creo que además de lo fragmentario, la oralidad cobra cada vez más importancia, como dices, pienso que la poesía se interesa tanto por el habla y su vitalidad tal vez porque, respecto de otras formas literarias, está más unida a la recitación, a la lectura en voz alta. Al mismo tiempo, cuando una observa la importancia en la disposición textual es evidente también que la dimensión escrita es esencial y que sigue dando mucho juego. Por otra parte, al leer libros de poetas actuales me parece que a menudo la estructura y el conjunto tienen más relevancia que cada poema en sí, lo que también podría cuestionar la visión del poema como unidad suprema rectora del proceso creativo.

Su, también traduces, primero “vives en otra lengua”, allá en París, y buceas en otras para poder “rescatarlas” pero a través de tu idioma original, ¿cuánto influye esto?, ¿de pronto el sentimiento del arraigo de lo español desapareció para que, en tu vida, empiece, más bien, la escritura de la propia errancia?

suaLa experiencia de vivir en otra lengua ha sido y es todavía algo muy potente para mí. El apego por mi lengua materna no ha desaparecido en modo alguno, al revés, creo que vivir en el extranjero lo ha intensificado porque ha hecho del español la lengua “mía”, que sigue predominando en el ámbito íntimo y personal frente al francés que es la lengua oficial en la que ahora hago trámites y me relaciono en el trabajo. Pero observar la convivencia de estas dos lenguas dentro de mí es algo que me fascina. El francés es un idioma que siempre me encantó, y que me supone un reto permanente porque uno nunca deja de aprender. La traducción ha sido todo un descubrimiento en el que me apetece mucho seguir profundizando, me permite acercarme al francés de otra manera, que combina el rigor y la creatividad, y relacionarlo con el español, poner a funcionar las dos lenguas juntas. Además he descubierto que traducir te da una visión mucho más honda de los textos que trabajas, una proximidad única, que es casi milagrosa. También me da mucha alegría investigar y encontrar poetas franceses actuales que escriben cosas increíbles y tratar de compartir esos hallazgos con la comunidad hispanohablante. Ojalá pueda dedicarme con más tiempo a la traducción en el futuro. En todo caso, la convivencia con el francés, el lugar que ocupa dentro de mí, sí me parece una manifestación de esa errancia que empezó en efecto hace casi cuatro años, porque hablarlo, leerlo o escribirlo supone para mí estar en interacción y convivencia con una forma de otredad. Al final la emigración es un proceso que confunde encuentros y desencuentros, con lo propio heredado y con lo ajeno diverso, y creo que eso se plasma en la escritura.

 

 

 

 

 

 

 


 

Anuncios