Por la escalera de incendios / Sara Martín

 

I

Ya no sabes predecir el futuro como antes,
el sueño número veintitrés se parece mucho al sueño número veintidós pero no quieren decir lo mismo.
Sigues con ese monólogo interior a cuestas, aunque han sucedido cosas nuevas:
Has besado la cara de un muerto y después te has ido a comer algo.
En el sueño número veintidós Jean Seberg y tú paseabais de la mano por la Gran Vía.
El monólogo interior dice frases como Hay un abismo insalvable entre nosotros o Hace años que no enciendo una cerilla.
En el sueño número veintitrés Jean Seberg y tú paseabais de la mano por la calle Carretas.
Has permanecido sentada en un avión durante veinte horas imaginando cómo sería si cayera al mar, visualizando los detalles, hasta que finalmente, esa posibilidad no te ha parecido tan terrible.
En el sueño número veintidós Jean Seberg llevaba una gabardina beige y unos zapatos de salón negros.
El monólogo interior también dice frases como Mi abuela tardó 14 años en quedarse embarazada o El progreso es imposible pero el resultado no es la inactividad.
Aunque aún no eres capaz de leer Moby Dick ni Largo viaje hacia la noche.
En el sueño número veintitrés Jean Seberg llevaba una gabardina beige y unos zapatos de salón azul turquesa.
Ya no sabes predecir el futuro como antes y sigues con ese monólogo interior a cuestas.
No tienes la menor idea de lo que quiere decir el sueño número veintidós ni mucho menos el sueño número veintitrés, pero está claro que el significado es diferente, con eso debería bastar.

 

II

He pensado brevemente en que existes en medio de este fatigoso nido de palabras,
entras en una tienda dispuesto a someterte,
hablamos de esto y de lo otro
y las dependientas, protegidas por su propia tristeza, nos miran con disimulo.
Deambulamos con ropas de las afueras
por pasillos eternamente verdes
que llevan a casa,
pero no tenemos ganas de llegar.
Por si acaso sigue la sensación de fatiga
y ni siquiera echados boca abajo
nos recuperamos del todo,
es un cansancio que se acumula
por encima de la música.

 
III

Al menos durante un par de hora tenemos aspecto de ir a alguna parte.
Después nos quedamos solos con todas esas fotos atestadas de intimidad, poco a poco desde el fondo del cerebro asoma un propósito demasiado abstracto y no sabemos muy bien qué hacer con este día bizco que se enfría.
Hace demasiado calor para abrazarse, dejamos que la publicidad nos acaricie, podemos soñar con extraños animales junto a la tumba de un faraón egipcio.
Hay un montón de locales para comer y beber ahí fuera, aunque hace años que la fruta no tiene sabor, su textura es maravillosa, uno puede llegar a sentirse salvaje mientras mastica las manzanas prohibidas del Mercadona; flotar entre plátanos y pomelos, el plástico no nos defraudará nunca.
Cuando pronuncie las sílabas negras de tu nombre vendrán uno detrás de otro esos días, menos mal que ando entorpecida y no me aprieto por nada.

 

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