Reynaldo Jiménez /4 poemas de “Ello inseguro”*

 

manuel jiménez
Manuel Jiménez

 

Casa assombrada

La duración tiene espesor
Por qué dudar parecernos
Entre las hambres a flor
De piel sin fin respirarnos

Por qué esperar aparecernos
Dudar a calapiel del hambre
Que nunca ceja en respirar
Si ha de espesarse la curtiembre

Adentro del cuarto um están las cosas
Desperdiciadas del viento
Que habrá de llevarnos uam hermana mía
Hacia las fugas coloreadas de la frontera

Flotar entonces por una tortuga
Planetoide en el rumor nonato
Que habrá de llevársenos amiga mía
Hacia las frutas inauditas allende la frontera

Pero el cuarto está en una casa asombrada
Junada por dentro por los arjunas devueltos
A la margen de cualquier gancho que les pregunte
Que adónde estaría el resultable de lo esperable

Quién se quedaría con las chinches del chamuyo
Para enveredarse a porfía de un sucedáneo
Que año tras año le come el abrazo y respira
De sus más íntimas hecatombes delicia lunática

O a lo más venusina o venusiana, a la manera del caño
Que absorberos la humedad en la maraña das musas
Con una modesta cápsula del tiempo que a su turno
Será ingerida

Hasta saltar de la sutura a la corola
Ala pulpa
Ala espesura
Ala milágrima son horas

Entran y salen en dirección opuesta
Y aparecidas que parecieran no dejarse margen
Caparazones de respuestas quizá propositadamente
Como quien arrancábles una cierta cutícula cual si página

Qué de la carne devorable se demora ahora
Mientras me creo la gran cutícula
Como si hubiera lápida que superviva como si lámina
Fuera máquina como si en la palidez un mirar turquesa

Qué de la carne se atesore en las celdillas del absuelto
El absoluto comandante del aparato servidor
De las respuestas que salentran cardinales de tachadura ni siquiera
Contrarios los ni tan apenas inconsolables de tan

Incongruhuyentes
Se ehentiende
Adentro del cuarto están las cosas
Prestas a ésa su doble

(Licencia
presurosa)
(Presencia
atenciosa)

Desnuda de hollejo
Semilla de impares
De dobles lejos
Triples espejos

Deletreo a mares
¡Sed a tu sombrilla!
Grilla prenatal
De los lugares

 

En efecto ambos

Sabor a elfo y a ninfa en la emergencia geminal.
En todo cuanto germine se prepare y no ya espere.
Asimetría sabor a monolito, impaciencia, litigio.

De la hechicera bruma voraz borrosa desnudez.
Y esa vez que la lengua avispara a su guardángeles
y disipáranse las probabilidades de asimilársele la médula.

Apuro del guardián, llavero que mete en apuros.
La salva del retoño confiscada por los comisarios de a bordo.
A cada borde abisal se le prometería una estepa, un plural,

una llamada a los misterios capaz de limarles la sombra.
Mordisco clandestino de la resistencia de mixtos ahuyentados.
La humillación que ensarta. El candado perlando la cadena.

Si no se acerca la parca quizá no quepa en la caverna.
Quizá no sean disculpas sino asumir el desventrar.
¿Quién juguete de su destino come con algún estilo?

Clavo la podredumbre al relámpago con una tachuela,
pues de otro modo no pregnarían los jugos transconsciencia,
hasta probarle la fasma al gusto, su toque equal de queda.

Las órdenes, viejito, dictan dudar de su tu imperio.
Las frases exigen en petit comité la cesación del sistema,
las manos sideran una red de alambrines en provincias

de periferias a las que acuden, de vez en cuando,
inciertas mariposas a las que ensarta el esplendor.
A salvo en el instante se detuvo ese universo nuestro.

Muestro dientes de típico monstruo aguacero.
Aparezco con los equívocos del apetito, sin puerto
a la vista ni más agujero que el vocerío adentro

que de distinto no tienta sino al destino agujéreo.
Son de las redes del tiempo los cuerpos distintos,
distritos de un sitio que por reunirse no tiene tiempo.

Carezco de la carencia que ocasiona el contraste,
aunque pienso por el momento que actúa por mí,
soy el teatro de títeres a los que agrada el adrede,

al tropezar sin ebrio ni abismo pero en efecto ambos.
Pues queda un precio para quemarte, El Monigote.
Las arañas océanicas nunca ocasionan, y elongo…

Hundo la cola en el tintero, hago la onda del deseo,
duro el acaso de la cosa, rozo el ahora del agujero,
masco de diosas el pasto, rasco el cuero de la fronda,

llavero del tintineo del preso carcelero, mudo acaso
fundo la hoja y su espejeo, loza del rajar secreto,
pleno desvelo a todo el volumen de su despierto

neutro, neto, pasajero en la figura si se afoga:
mudanza entre roces el feto, creése el eco
escapista de fuimos y seremos, sálgase a la pista rota, ala

falsa, frote del paso, albor del sincero acto
pero tanto ciego cuanto trocado hada por magnetos
tremeros de la cosa supersola y en olor.

 

Estudiosa

De allá para acá el esplendor es un mísimo.
Dicto que se ensimisma y remedigna el entonar.
Pero ¿estamos hechos? ¿de qué?
Me prodigo y piso mierda.

Resbalón cualquiera da su vida.
(No es chiste, es frontera.)
La primera quimera que te queme la vista.
Que te aproveche. Que te requiera

el don, la primavera tiende a volverse
agorera de futuros fríos. Revuelta además
bajo la lengua. Drene el desdrame tan voraz,
tan obvio es este verso que se bora-bora.

Borrarse para no reemplazar,
cualquiera está en cualquiera, vera
feraz tachadura es cualquiera.

El bongosero en tanto pasó al gong.

Bhang benguela stellae.
Qué oscureidad maman.
Cuánto cine de alusiones
y sin más temas ilusionar.

Parece la cosa encaja pero está
sacada. El lugar lo que hace falta.
Respirar oficio peligroso.
Frase a frase se levanta el muerto

de su cinética silla. Vedlo, papar
la sola mosca su retina,
creyéndose visor de alguna fuera,
estira este tambor y acaso suene

a una cosa incapaz de un solo
pacto. Abisal se proscribe
cuanto mejor parecía soltársete
tanto mutuo compacto contiguo
y en el acto exacto.

 

Seca de a veces

Todo plano torcido todo estrujado todo lírico circo.
Todo será que se me ha perdido el delirio en un sitio.

Supe asumir sabrán supongo así como en la fiebre
así el museo de sí mismo. La peste acrecida y la querida
del viento, ventisca undísona en que no supe sumir.

Idiota organizo la sapiencia. Sapo en otro pozo otro.
Potreros del ahdiós. Párpados que arrancó la coraluz.
Pétalos en labios de la fiera biosfera hierba de su erir.

Erizar punzar la puntiformación mera de las miserias.
¿Adónde crece la muralla transparente de la separación?

Todo molécula carcomiéndose la médula.
Todo rota partícula burlesca en busca de lugar.

Dentro del potro de tortura duda el verdugueador.
Un segundo solo. Suda un sueldo que desfóndase,
señor fontanero del hontanar o señorita calvera.

Urge la desmueca que reemplace la facial verdad.
Pero desnudo es lo imposible, y véase que babea.

 
*Juana Ramírez Editora, Bs. As., 2017

 

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