Laurie Anderson – El corazón de un perro

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Los siguientes textos pertenecen a El corazón de un perro, de reciente aparición en el sello Bikini Ninja Ediciones. La traducción es de Patricio Grinberg.

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Este es mi cuerpo de sueño, el que uso para pasear en mis sueños. En este sueño estoy en una cama de hospital. Y es como una escena de una película que ya viste un millón de veces seguidas. El médico sostiene un pequeño bulto rosado. Y se inclina sobre la cama y me pasa el bulto. Es una nena, dice. ¿No es hermosa? Mirá. Y envuelta en ese bulto, veo la carita de mi perra, una pequeña rat terrier llamada Lolabelle. Y nadie dice nada como … “Mirá, eso no es un bebé humano. Sólo pariste un perro”. Pero yo estoy tan feliz. Apoyo mi cabeza sobre su frente y la miro a los ojos. Y es casi un momento perfecto, aunque la alegría se mezcla con un montón de culpa.

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La verdad era que yo había diseñado todo. Había arreglado para que me cosieran a Lolabelle a mi estómago y así poder “parirla”. Y en verdad había sido difícil. Lolabelle no era una cachorra. Era una perra adulta y en verdad se había resistido. Y estuvo ladrando y tratando de escaparse, y los cirujanos intentaban meterla otra vez adentro y coser. Y todo era un lío y yo me sentía mal, pero las cosas tenían que ser así. Bueno, le di un beso en la cabeza y le dije, “Hola, cabecita hueca. Siempre te voy a amar”.

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De chica, yo era una especie de adoradora del cielo. Era el medio oeste, y el cielo era tan inmenso, era casi todo el mundo. Yo sabía que había venido de ahí y que, algún día, iba a volver. ¿Para qué son los días? Para despertarnos, para ponerlos entre noches sin fin. ¿Para qué son las noches? Para atravesar el tiempo hacia otro mundo.

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¿Cómo se llaman esas cosas que ves cuando cerrás los ojos? Creo que son “fosfenos”… los patrones rojizos, esas rayitas y puntitos, esas líneas borrosas que ves flotando cuando cerrás los ojos. Nadie en verdad sabe qué son, ni para qué sirven. A veces parecen surgir por el sonido, por disparos electromagnéticos al azar. A veces, a los fosfenos se les dice cine de prisioneros, una especie de película animada sin argumento, de vanguardia, interminable. O tal vez son protectores de pantalla… patrones de espera que sólo están ahí para que tu cerebro no se pueda dormir.

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Cuando Lolabelle envejeció se quedó ciega. No quería moverse, se paralizó en su lugar. El único lugar en el que corría era la orilla del mar porque sabía que ahí no había con qué chocar. Y así salió corriendo a toda velocidad hacia la absoluta oscuridad.

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En esa época, su entrenadora, Elizabeth, decidió enseñarle a pintar. Y así Lolabelle empezó a pintar varios cuadros por día…. Obras abstractas en rojo brillante. Y arañaba unas láminas de plástico, usando electricidad estática. También hizo pequeñas esculturas, presionando su pata contra pedazos de plastilina. Hizo un montón de cosas así, y yo no sabía dónde ponerlas. Pensé que podían ser platitos o zuecos chiquitos, como los que los perros japoneses usarían bajo la lluvia, tal vez podría venderlos por internet.

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