Romina Freschi sobre “Ello Inseguro”, de Reynaldo Jiménez + poemas

Romper el espejo

 

¿Es posible dudar de todo? ¿Que todo sea dudoso? Hmmm, no sé.

 

Pero para que un efecto así se produzca es preciso que el efecto (la duda) se pronuncie en cada cosa, aun en la noción de cosa y en la de duda, sus status. Una duda que, no obstante, no sea absoluta, sino un dudar:  ahora dudar, dudar ahora, ahora.

 

El ahora que propone cada dudar es proporcional al durar: por un lado, la duda interrumpe una duración, por otro lado, la duda dura, es resistente, tiene su cierta duración. Ahí, entre lo que interrumpe y lo que dura,  hay una intermitencia, alternancia, “en lo que planta claroscuro al desconcierto”.

 

Son el tiempo de la poesía y  el tiempo de la vida los que se entrecruzan en esos dos lados que se interrumpen reciproca y a la vez sucesivamente, y sin embargo, cada vez como nunca antes. Porque en Ello inseguro, no se trata de una inseguridad constante, sino de una inseguridad tras otra. Cruce Arte – Vida, o fusión Arte- Vida – promesa de vanguardia – que al cumplirse combustiona la linealidad y pulveriza la sucesión, como un hechizo: Ahora – A – hora- Ah- o -ra – A-H-O-R-A-  ahora.

 

(El estudio histórico de la Vanguardia histórica tiende a sobrevalorar el procedimiento por sobre el resultado, justamente porque la variación histórica, y la ruptura o discontinuidad que el resultado produce, no son apreciables en los términos que propone el propio estudio sobre la vanguardia.

 

Pero el afán de continuidad Arte-Vida es transhistórico; no ahistórico; no niega la historia, la atraviesa con todo lo que eso implica de histórico. Y se basa en la posibilidad de continuidad como resultado: una fusión, ese efecto; construido sí con un set de procedimientos históricos, con la menor carga posible de automatismo, lo que los hace perecederos y contingentes, inseguros de por sí.)

 

Sería posible, largo y tedioso inventariar los procedimientos que esta obra pone en juego, así que será más corto vaticinar que los pone todos. (He ahí una maestría que el estudio histórico de la vanguardia no tolera: se supone que la vanguardia aísla un procedimiento, no que los pone en juego todos. Y está muy bien. No me interesa clasificar esta obra dentro de la vanguardia porque no es eso lo que creo de ella.)

 

Sí creo que hay un voto de creencia, valga la redundancia,  en esa fusión Arte-Vida, un soplo allí de alguna verdad para que esta obra respire. Porque si hay algo que hace, es respirar. Y porque si hay algo vital, inseguro e intermitente en nuestras vidas es el flujo de aire que nos recorre hasta que ya no más. Y porque si hay algo que ignoramos de dónde viene es eso: el soplo de la vida.

 

Lejos de la búsqueda de certidumbre que hoy se le amolda a Latinoamérica vista desde Iberoamérica;  lejos de la certeza además de una región, menos de un país o estado nacional; “miserable piel de las patrias”,  Ello inseguro no se identifica.

 

Empero,  se presenta a cada instante. Se presenta. Y otra vez se presenta. Se presenta ahí de nuevo. Se representa. Ahora. Ahora. A ho ra. A hora.  “Ahora” . Otra vez, la respiración. Respiramos porque a una inhalación le sigue otra, y luego otra inhalación y otra, y otra hasta que no inhalemos más. Ahí la presencia (o la ausencia).

 

Sístole y Diástole, hasta que no.

 

Hay ahí un ritmo. Una chispa, la chispa de una larga hilera devenida previsión, historia, cultura, el aguardar la sucesión de las temporadas, primero el tiempo de la cosecha, luego el tiempo de alumbrar,  el de la cocción, de la educación, de la inversión, de la cobertura médica, de la estadía en el cajón. Tan largo el largavistas ¡nos ha tapado la chispa!. La incerteza o la sorpresa de no saber si a continuación volveremos a tomar aire, cuando no sabíamos qué era el aire, y que de aire vivíamos (vivimos sí del aire, compañer@s).

 

(En la teoría freudiana – hoy en día ya currícula de educación secundaria en casi todo Occidente pero, claro, sobre todo,  manjar de las vanguardias históricas – el Ello representa la pulsión de vida y está presente desde el nacimiento, no depende de la cultura. Y en la base de lo que no depende de la cultura está la respiración como primer pulso que se abre al nacer, es decir, en nuestro primer contacto con el aire, respiramos, o no.)

 

No es tan trágico (después de todo, vivimos del aire), al final. En abstracto, la incerteza es la contracara de la certeza, y en concreto, esa sentencia puede realizarse con humor (un líquido, cercano a un humo – con capacidad de evaporación hacia – algo que flota en el aire del que vivimos, o simplemente algo incorpóreo: genio, espíritu, mera disposición, o comicidad; todos ellos y más, resoplan en el humor), a veces.

 

Ser tan mueca como la punta que te la partió

Veo que no veo un sotorama acullá me endilgue

Los acosos del acaso acostumbrarmiento sedser

 

Rimas tan rumias como rizófagas

Asaz confianda en lo que vaya a venir a desdecir

Risóvoras

 

 

Flores de la mayor confianza

Flores para pagar fianza

Florirregiones a ultranza

 

Sacar poner pagar pendular

Porque se aguajen centroides

Porque se escuezan neutrouros

 

Meto la nimia en el cero charco

Cera rosaura carceleras

Flores mi puerco esplín

 

(Flores tan delicadas que se quiebran al contacto)

 

 

El contacto. Lo que Ello busca inseguro. El contacto es parte de aquello en lo que jadeamos. En el límite de sí aparece la duda sobre el sí y sobre el limite. La duda sobre la continuidad o la finitud. – ”Bajo la ropa no cabe continuidad”; “¿Adónde crece la muralla transparente de la separación?” – La finitud plantea toda una geometría abstracta (La tierra es redonda), hay una linea, un plano que recorre la linea, un centro a recurrir. Pero no hay centro, centroides (La tierra es deforme – puro barro (co) –  el Sol no es el centro). La otredad ensimismada – introyectada – nos constituye en las (florir)regiones ¡oh occidentales con implantes dentales!. Pero el arco de ese vaivén es tanto más amplio, grita Reynaldo Jiménez.

 

Podría decir canta, pues es verdad que la musicalidad  en Jiménez es una demostración cantante y sonante, “una maraca en la prosa realpolicreta”. Pero además, y sobre todo, alza la voz y combate la voz anterior ( “Muchas veces, la música es solo de la idea” nos aclara Darío a quien cito –by heart – de sus Palabras Liminares a sus Prosas Profanas- oh polinizador de tantas flores del mal) para darnos mayor aire, mayor duración para la vida – y para el arte dentro de la vida – ampliar la cancha, dudar más. “Allá Ello rallador de la sesera”.

 

Y esas voces levantadas hablan al mismo tiempo. Monodialogan. ¿Queh?  Se hablan entre ellas o a sí mismas, o a nosotres;  el Ello es un dramaturgo –  teje diálogos socráticos y pone en juego grandes discusiones alegóricas, como en los autos sacramentales del Siglo de Oro, o imita a los personajes de Woody Allen, todo a varias revoluciones más por minuto –   pregunta y responde siempre con dudas, pero siempre sigue dudando – haciendo dudar –  a cada bocanada, a media palabra, a medio verso, a media voz. “Respirar oficio peligroso / Frase a frase se levanta el muerto”.

 

Ah la voz es aire (vivimos del aire, sí), está en el aire, y eso es también lenguaje, materia en que labrar poesía y espíritu. Ah las voces … a veces, “no caber en las voces lo mucho que hay que decir”, dirá Juana Inés de la Cruz, quien amplió tanto nuestras voces. Ello inseguro también busca esa ampliación. Tanta historia literaria, tanta nación, tantos medios, que da miedo. Frase a frase, Reynaldo levanta el muerto del lenguaje que sale a pelearla con nos-otres  y nos pierde día a día entre “las chinches del chamuyo”. En la delicia de la frase, además – qué ganga –  ampliamos lo sentido.

 

(Un imposible del estudio de la Vanguardia histórica y la relación Arte- Vida es la aparente contradicción entre Arte y Política. Como discursos que aspiran – o se resisten – a la revolución, el arte y la política se entrecruzan y muchas veces parece que dicen cosas contrarias cuando probablemente señalan – e intentan desactivar – el mismo problema vital. Eso ha servido para desacreditarlos y ridiculizarlos desde la construcción de veredas o tribunas opuestas – siempre hay quien construye una oposición para descalificar a un otro, que es una multiplicidad imposible.

 

La Vanguardia histórica intentó la vía del manifiesto y de la acción como programas que acercaron arte y política. Sin embargo, lo programático agrede el sentido mismo del arte de vanguardia y la necesidad de variar la programación (por solo ser posible sostener “programas inseguros”) es tachada por contradictoria por los encargados de fundar los estudios sobre vanguardia histórica.

 

Arte y Política, no obstante, siguen conviviendo en la esfera de lo vital, pese a tanta discusión.  Afirmar hoy “vivimos del aire” no es una negación de la materia, mucho menos del materialismo  (No todes respiramos a igual ritmo) (Vaya unx a “tomar aire” en la estación espacial) (El aire no es igual ni seguro en todos lados) . Sí propone una revuelta – o revolución –  en cada acto material de respirar, fuelle vital y sutil – y aún así, reitero, material- con capacidad para desactivar – en cada ahora y en su dudar – lo que obstruye la política, el arte, y la vida común (con sus apartes).)

 

Se cae el canto

muela de espanto

esperanto de uñas y dientes

ultracantante infracatando

ante tanto desencanto se

cae en la cuenta el día

menos indicado para

ser el menos

pensado.

 

Entonces es ahora. El lenguaje es una magia que envenena cuando se la pretende alfabetizar, o revender. Hay que alzar la voz para defenderlo, hacer que sea una pócima de libertad: que espese y coloree la respiración, estire un arcoirs, un horizonte, lo despeje, imagine otro cielo, nos haga polizones del tiempo.

 

En esa pelea – o en esa payada desarmada de gauchillería celeste – se juega en parte la obra de Reynaldo Jiménez. Ello inseguro va despellejando a pura voz personajes y escenarios usuales para terminar en un largo aparte (aparte, aparte, aparte) con la voz pelada, desnuda, pura – tan pura que es dudosa –  lo más exenta de impuestos y presupuestos.

 

Equívoco danzátil reverbere

Flota en la sopa el lumilagro:

 

Si el yo se construye frente a un espejo, entonces el yo no existe. No existe. (No existe).

 

 

Romina Freschi, mayo 2017

 

***

Poemas Reynaldo Jiménez – Ello inseguro (Juana Ramirez Editora, 2017)

 

 

El pajarito de tus ojos

 

 

 

El pajarito de tus ojos picoteó mi rubor escarabajo

Que se caería de maduro si no estirarase el espejísimo

 

Y dimanó del cieno lleno de letras embrión cautivo

En su ambarino trasluz

Como en nido que le apurase la salida

Hacia lo que aun con ojos ninguno salva

Su ambarino trasluz

Quizá muesca de la virgen parca

Por rearrancarme entonces el gusanillo de esta vista

Deponer tales sitiadas fuerzas de raíces ante el ramaje

Ambarino trasluz

 

 

 

 

Breviaviario

 

 

 

Con su cauda su caudal su causa

primera y sucedánea su anteúltimo

efecto sol atroz sus confines acaso

 

asustados ante la sola aparición aun

si no por completo corpórea: ¡Tierr

apura contra los domésticos ojos!

 

Estéreo apócrifo

 

 

 

Sucumbe la melodía, después de hacerse

la renacida, y concluye evidente tras esa

colina, rayas lentas, suculentas, súcubo

 

de aspirar al dragón de ojos homínidos,

mientras arrastra una silla por la planicie

cual si sombra perfumase o la atisbara.

 

¡Sayonara! —quién lo hubiera dicho. Me

calzo la igualidad con el destiemplo y culmino

hasta que a veces me rompe el display

o microset de cada semana, durango, de clóset.

 

Se puede apertar hasta que borta el garfio.

Después es una otra cosa que no da bola.

Pasta, superpone los puentes. Hace vivirla

hacia el retrovisor. ¡Avalokiteswara! ¡Gua

 

cho de la profecía en patas-rana!

¡Toda esta oferta esta toda semana! La misma

ventana, que a nada da, a cambio (dry) de nada

que nada que amorfa da.

 

Disfrutaría cada poro de la sinuosa

si la anguila que la delata no fuera

el estéreo apócrifo que se aventura

fuera de La Raya, playa de última

 

te la hubiera bicho, pero sin pálpebra

me vienen trasgrando los que mitran

aquellos/as tras de sí: ¡Hua! ¡Anciano

monte que respira criba obvio de chispas,

 

novio de la tempésta sin lados, sin

decir agua va dispararas! Exacto calas, Hua,

si no cazas chino, si no calas dolol.

¡Promesante! La promenade y las ménades,

 

chuchas, dentro la cápsula les circula, achispa

la inane alegría para celebrárselas, de a una,

un a una, en consecuencia de no haber vuelto

entre las Ánimas de Colón todavía en vilo,

 

huevo de un año en vicio u otro cual nunca ocurrió.

Fijo este nudo altera tu letra de bruto oh Tempus.

Tu trompada. Tu espada de naipe. Tu peine

impregnando las raíces en un charco transistor.

 

Se nos presiente la compota, pero a fuego, en

condensado sinsabor, albina de tan en negativo,

precia de escapar al arrecio de preguntas sueñeras,

por lo aquiescente pródiga en la sevicia.

 

Pues el meandro trae servicio y deja lo suyo,

rastro membranoso de la melange que desangela

mientras ocupa su estro junto al hospicio

de la precipitación. Verde higo vértigo.

 

La instalación más

desprovista, de conclusión

errática, y linda

con la burbuja que embruja,

 

cual aldehuela, esta morisqueta

silueta alumbrada. Y es así

como el seso se achica,

frutescente desde su prima curda.

 

O las esquivas llamadas por hiel esquinas.

O duradera cárcel cien veces alfabetaria.

O parir de las paredes mártires aparceras

O entrelazarse las auras con sus esquirlas.

 

De cualquier Lao arritma Taos.

Amamantaos, aclimataos… ¡Acercáos!

Dudan los patrocinios de su santa.

Tosed bajo la mantis ínfima cifra

 

que al feto inminente devuelve,

por la cóncava (mudra) sin oyente,

ni emergencia que desmienta ni puente

a la recíproca, tan mutuos justo con sus mudas.

 

Así queno queparte jetambre sinola auscultas.

Abscóndite. Murar arur miolum broam. La casa

del trueno está en la cabeza. La pieza al sereno

queda. La rueda frena frente a tu castilla en flamas.

 

La canción más sibilina en una arena giratoria,

tauro y circo, glifos cual en pórticos o la cadena

de oración elongándose en el rejunte

de las voces con sus roces o su celo de instante.

 

Pelo del infante pero en tanto peripecias del infame.

Y al subir cada submetro el avatar pasó por chica:

se reía de lo más rara en lo que dura un mirar,

en lo que planta claroscuro al desconcierto.

 

(Sempiterna bienvenida

¡Jau! apuña la despedida.)

 

Proceder entonces por el ímpetus que se niegue

a arrodillarse ante el numen de las Mayúsculas

mientras se oiga el esplendor mientras se oiga,

se demore palatal, no tenga nombre y piérdase

 

el tiempo todo. ¡Piedra que la costumbre anida

druida en el haz de ruido! O mejor desdicho:

Filón, el Derruir.

Del filolaberinto que trituras,

 

maestro detrito, híncate, tal estricto

en tu distrito, maestrito.

 

21935545_10155772545265127_1416666631_n

 

Anuncios