Pablo Gungolo. Los restos

traducción

 

la precipitación de agua

desde las nubes hacia el suelo

es la explicación científica

del milagro de la lluvia: la luz

amarilla del semáforo

se disuelve sobre el asfalto

el resultado espontáneo

su belleza: muda de color

rojo incendia la ciudad mojada

en fuga, los autos frenan

y los parabrisas deshacen

la memoria del agua

que desabriga con su música

las calles hechizadas.

 

 

 

 

 

 

 

páramo

 

un tren que se acerca a la ciudad

disminuye la marcha. recuerdo

las palabras de mi abuelo:

argentina desperdicia

sus tierras, en italia siembran

hasta el borde del camino.

en la basura los perros hurgan

y saltan dentro de un auto sin ruedas

sin ventanillas ni puertas, que cumple

una función meramente estética

en el paisaje, dos niños no limpios

no educados saludan al vagón

el progreso y la tristeza

entumecida, la mano por el frío.

una campera de ciré noventa flúor

abriga a una señora frente al paso del tren

la bolsa gastada de nylon cuelga vacía

de su antebrazo, el viento la hace bandera

flamea en un rincón de la patria

se aleja la señora y el lote que aún

es baldío extiende su memoria

estatal. el próximo tren y todos

los demás pasarán sobre el dilatado

terreno ocioso, inmutable

que en silencio espera su destino

como oportunidad.

 

 

 

 

 

 

animal planet

 

gotitas de sangre pulsan un camino

confirman la pista que mancha

la nieve absorbe un espeso charco

y el puma de la montaña con su presa

en las fauces el cuerpo desgarrado

la muerte fresca del ciervo

que corrió: doy fe intentó salvar su vida

y fue el último de la manada

durante la persecución –cámara lenta

música acorde con efectos

de sonidos exagerados-

la piel parda y débil carne

se rinden ante el depredador crudo

el ciervo deja manchas rojas

sobre un desierto frío

el blanco cubre la osamenta con pereza

invisibles restos, hasta la llegada de la primavera.

 

 

 

 

 

 

 

reminiscencia

 

el final de una película

enfoca un mar en blanco

y negro de una playa

en colores que no existen

ese mar no existe, el cúmulo

de agua va y viene

sacude su mismo cuerpo;

el ruido tampoco

ya existe. el mar

imita el mar a esa hora

de la madrugada

en un departamento

de una ciudad, el televidente

silencioso absorbe

la pantalla: un abismo líquido

las olas golpean el edificio mudo

y las olas a oscuras en un hombre

frente a la única luz del televisor.

 

 

 

 

 

 

33 años

 

mi vecino toma la correa

y entonces las pezuñas

del perro escarban el parquet.

un lazo innecesario

es la costumbre anterior

de una fuerza motriz

entre hombre y animal

 

es la hora del paseo

con un cigarrillo y una lata

de cerveza, mi vecino baja

combina las mismas cuadras

de manera diferente

y a su modo está

a la deriva, pequeño placer

de transcurrir sin tener

que decir nada a nadie

 

puntual bajo la luz

de la dicroica intento

un poema, playa ociosa

todos los días.

 

 

 

 

 

 

 

serás feliz

 

debajo de una sombrilla, los pies juegan

con la arena seca. una fruta tropical

en la mano, y a través de unas gafas negras

el mar traga la tierra confinando playa:

linda postal de verano. debo

pensarme feliz, para llegar a esta costa

debo ser feliz: la chica de al lado es feliz

boca abajo toma sol y cada tanto

se para, entra al mar y sale a seguir dorando

su piel; el chico de gorra verde y su perro

que lanzado el frisbee, corre a atraparlo

la señora de malla entera que junta caracoles

en un baldecito y el señor del tejo

tomando un mate son felices; en fin:

el sol la sombrilla la arena el horizonte la fruta tropical

el mar y su versatilidad, ante mis ojos. si ahora

soy fotografiado, quién diría que en la imagen

hay un mínimo de desgracia; mi mujer me ama y está feliz

de estar aquí, en el paraíso, como me dijo esta mañana

cuando frente al espejo miraba al cuarto del hotel, a mi cuerpo

en traje de baño, y tarareaba en portugués. sí, ahora

soy fotografiado, así desvestido, debo al menos sonreír

simular una pose o hacer una mueca.

por el horizonte, un crucero:

habrá alguien a bordo con ganas de llorar

disfrazado a la fuerza y tomado

por la cintura en un trencito

en medio de un carnaval carioca?

 

bordeo la costa con piel de gallina

disfrutando las sobras, como aprendí.

 

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