Tres poemas de Daniel Durand

 

Los siguientes poemas pertenecen a Cabeza de buey, de reciente aparición en el sello argentino LOMO.

CABEZA DE BUEY

A la calle baja el silencio de los cuartos,
el brillo de los muebles en una oscuridad
con detalles: los dígitos rojos de la hora,
los ambarinos que avanzan y se retraen
de los vúmetros que estallan en volumen cero.
De esos fosforescentes resplandores débiles
se cubren los cabellos húmedos, brillosos,
de una mujer dormida en celo improductivo.

Hasta la calle baja el silencio de las casas,
garajes, y de las avenidas a los edificios
se filtra el gran silencio de los autos guardados,
detenidos. Un patrullero cubierto de hojas húmedas
y secas. Triple halo blanco azul y rojo de la luna,
que estuvo llena hace tres días y ahora mengua,
liberando, se desimanta de su compacta redondez,
va por atrás de las construcciones hacia su pozo negro.

Al oído en los cuartos llega el zumbido del mosquito
que eleva la línea de vuelo y retorna luego ululando
una ambulancia blanca, una ráfaga de luz roja
resbala por las paredes interiores del cuarto
con ventanas abiertas. ¿Quién se debate en una idea
inmortal? ¿Quién, ahora pensando
en el momento que se detienen todos los derroches?
¿Guardarás tu cara juvenil para llevarte
el dorso, el animal extraño?

Y en las precisiones despojadas de ilusión… ¿quién vive?
A los cuartos amplios soleados absorbentes va el tronar
de los monstruos, vozarrones de paja quebradiza;
la bolsa de plástico rodando ante la mirada de los hombres.
Va y viene el polvo, el viento entra en corredores finos,
sube escaleras mojadas, mueve helechos aún verdes, y
en la extensión de las calles ablanda su frente y adelanta.
Una alarma estremece a todo el barrio, el pez
sigue solo, inmóvil en su pileta, bajo los ruidos,
en su cueva de agua la tortuga ve un siglo.

(Pero disculpen si esta languidez pareciera duradera,
es que ahora descubrí una zona impalpable
que libera su intrínseca ilusión, y estoy contento.)

Paño marrón, nutriente de las capacidades negativas,
a través de su agrietado seco he visto la alegría
de vivir, de pensar, de ir y venir por las calles,
el alborozo de estar sentado en trenes, el acto lúcido
de apagar todas las luces de la casa y quedar despierto.
Paño rojo verde y amarillo del pozo sin astros ni confines.

Las arboledas sedientas, luminosas copas de pasto seco
en la noche reciente, sobre la tierra polvorienta, fuera
de todo renacer, definitivo sentimiento de carne
en estado puro, blanco, lunar, impalpable, agotado;
sin gota de agua ni germen de semilla, lago inmoldeable.

Vagaría, iría a caminar dando rodeos a los parques…
¿pero para qué? trabajaría, amaría, obtendría…
¿pero para qué? si es imposible no hacer nada,
condenas del mejorar, empezar a amar, desear
un signo que se desenvuelve y muestra toda su familia
de esferas, ganchos, hojas y caballos, gente joven y vieja.

Un pequeño cinturón de castidad como una lente de contacto
colocado a la entrada, transformado en ojo atento
sin poder recibir más que luz e impresiones
a través de transparencias. Un rey que no vuelve,
un batero no despierta, una gordita encinta, un perro
se aparta de sus dueños y entra en la brillante heladería.

Las ranuras infectas mantienen al mundo en calma,
muerto, con el deseo de renacer, de infundirle un alma
al alma, de moldearle un cuerpo al cuerpo. Bajar en silencio
desde los cuartos hasta la calle, llegar al auto,
tantear las llaves y frotarse las manos antes de comenzar
a manejar: paso la lengua por el hueso frío de la calavera.

CONDENADO SIEMPRE A COMENZAR

Pienso en poesía y en poemas y mentalmente
construyo oraciones dentro de alguna elucubración
teórica del momento que enseguida se desarticula
y desaparece mutando en otra agitación diferente…

___________________como

“crúzalo al mar al bies” es un prurito barroco
en una piel de observación común y descriptiva.

Mi pobre gran cactus de la entrada trata
de echar raíces en el escalón de mármol…

búsqueda del haiku de eso…

el cactus
busca entrarle
al mármol

Hacerle cosquillas ahí en las carnecitas de la entrada
con la lengua en puntín y poniendo en esa lanza la energía del toque
unas cosquillas apenas de ultrasuave contacto y deslizantes
que hacia el vagar eléctrico impulsen alaridos viboreos
zigzagueantes entre neuronas y tejidos y partes
rincones de hueso blanco y resbaloso.

La industria debe tender a producir objetos duraderos!
Es muy fácil producir un calzado eterno para una persona…
bueno… lo que es un zapato a medida
hechos por un experto.
A mis zapatos ortopédicos de niño deforme
los hizo un viejito de Colón,
hasta su casa viajamos para que me tome las medidas,
desde ahí usé zapatos ortopédicos pesados irrompibles,
de los 11 a los 16 y así me salvé de que me operaran los pies…

Unos golazos terroríficos, le daba con todo
de puntín con los zapatos
contra el arco pintado en la pared
del Ateneo Infantil de Concordia
reventaban los pelotazos contra el muro
de mis patadas ortopédicas,
mojábamos la pelota en la canilla
para que se vea bien dónde había pegado,
era divino dejar cimbrando
la columna de hierro del tablero de básquet.
Primero prohibieron patear de punta,
igual se las metía todas porque estaban asustados,
después prohibieron jugar con zapatos
y ahí sí quedé afuera…

Mi mamá fue a hablar con la directora del Ateneo,
a decirle que yo solo podía ponerme los zapatos ortopédicos
porque tenía los pies sin arco casi para operar…

Volví a la canchita y nadie me marcaba
los ortopédicos eran de hierro y quebraban
les quitaba la pelota y la estrellaba
adentro del arco pintado
sobre el paredón trasero de la iglesia capuchina.

Los otros chicos dejaron de ir al Ateneo
y yo nunca aprendí a jugar muy bien al fútbol.

Y AHORA RESULTA QUE ME DUELE LA CABEZA

Un dolorcito suave empezó temprano
después del desayuno y con él
anduve toda la mañana sin problemas,
en un momento me olvidé que me dolía.
El dolor de cabeza vuelve cuando me acuerdo
que me duele la cabeza, eso es un dolor leve.
Dolor no es nada, es solo una palabra
y de acuerdo con las leyes de la permutación
dolor solo es olor + D.
Después vino un siestín agradable
que me mantuvo suspendido en el aire
durante más de una hora y media
con el olor + D como colchón de mi dormir.
A la tarde comimos un delicioso guyabano frío
de un frasco que había en la heladera
y al terminar esta actividad el dolor
volvió con más ganas que antes,
por lo que tuve que clavarme una pastilla anaranjada
que mi señora me propuso como solución,
revolvió en la caja de los remedios hasta que encontró una
y me la presentó brillante en la palma de su mano,
el solo verla me desactivó el pensar en el dolor
y quedó relegado unos instantes, en suspenso, sin existencia,
quedó postergado por otros pensamientos,
por lo que pienso que mi mente no es multitareas,
si miro un cuervo volar de una palmera a otra
en ese momento no me duele la cabeza,
la cabeza me duele antes de ver volar el cuervo
y después de ver volar el cuervo.
El dolor de cabeza me duele en la mente
en el lugar del pensar.
A la noche el dolor se intensificó
y más después de coger,
el traqueteo y movimiento del cuerpo
enloqueció al dolor de cabeza
que rebotaba contra las paredes del cráneo
y después de acabar quedó pulsando furioso
hasta que se fue calmando
y quedó latiendo fijo y punzante.
Con esa idea de dolor me dormí,
pero al rato el dolor me despertó y decidí
recurrir a lo que vine evitando todo el día:
el migral.
Revuelvo en la caja de medicamentos
hasta que encuentro la mágica pastilla roja,
el solo verla redonda y de un rojo fuerte y seco
me calma y me alivia el dolor,
paladeo el dulzor colorado que tanto conozco,
me la trago y me vuelvo a acostar.
Ahora mi dolor de cabeza lucha contra el dolor,
el latido va mutando, se achica, se aleja,
reaparece desaparece vuelve se reduce
a un punto adentro de la mente, ahora
es hielo que se derrite, solo quedan
pedazos sueltos y rotos que van cayendo al vacío,
a la bolsa del olvido donde están, entre otras cosas,
todos los ex dolores de cabeza.

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