Antrología de textículos /Fernando Escobar Páez

Re escribiendo a Peter Pan mientras inhalo cocaína 

 

Ven a donde huyo.
LEOPOLDO MARÍA PANERO-

 

Asesiné a mi sombra usando pompas de jabón y no me volvió a crecer. Tengo golosinas y calaveras en polvo para jugar con los Niños Perdidos en aquella línea tan blanca como Wendy violada pero hermosa en su derrota.

Nunca Jamás mi país se romperá aunque el reloj me acose con su tic-tac: El Cocodrilo vive en mi nariz.

 

Sísifo de algodón                     

Troya fue la primera vagina que se transmutó en ciudad y Yo el general fracasado que la perdió. Abrí la ciudadela de carne y my little pony se convirtió en yegua viciosa que ensanchó el sacro agujero al que entregué mi devoción.

Para expiar mis culpas, me volví Ixión El Pajero. Con mi dolor engendré monstruos sabios, pese a ello, sigo llorando por el semen ajeno que me persigue con la ferocidad de un jinete escita.

He vuelto a escapar, pero mis brazos cargan con la prostituida arqueología de Alejandría, como un Sísifo de algodón que lucha en vano contra la piedra que lo condena.

 

El desafío de la bestia

 Apreciemos sin vértigo, la extensión de mi inocencia.
JEAN ARTHUR RIMBAUD

 

Maniquí sagrado que colecciona condones pero que de noche viene a retozar en mis ruinas, ¡en tus escamas conocí la abyección!, por eso transmutaré Tu Nombre —antaño sacro— en vomitorium de esta pústula volcánica que fue mi piel.

Con la bendición de El Perro desperdicié semen sobre la tundra que llevas atada en el rostro, pero HOY, Una Bestia Más Sabia proclama: ¡No más! ¡Cose con tinta sus agujeros! ¡Deja que Otro se anule entre sus senos tísicos!… BUSCA EL MAR. ¡Solo en la vastedad podrás limpiar La Marca!

Acepto el desafío de La Bestia

                                              y desnudo como una piedra

                                                                                           te dejo morir.

 

 

 El glande de Jesús 

Coliflor sangrienta que intentas en vano regresar a las nubes perpetuas que consumen al dios amorfo que desfallece con mi verga ¡desciende hacia El Gólgota de mi flacidez! Y que este muñón crucificado en látex se levante de entre los muertos a predicar su evangelio de semen y pelos negros entre las encías de bellas cristianas.

 

 

 Yo soy la Reina de Inglaterra

Cuentan que la reina Victoria de Inglaterra desvirgó su estilete forrado con piel de marta cibelina por un diplomático expulsado de un páramo yerto. Los historiadores también apuntan que dicho funcionario fue montado en un burro al revés y exhibido por la Plaza Murillo para deleite de los campesinos, quienes le obligaron a ingerir un cántaro de salitre congelado.

La reina descarga su mustélida arma sobre el mundo que creía conocer, planisferio de serpiente marina y diamante, con la certeza de que uno de Los Imperios Donde Nunca Se Pone El Sol ha sido arruinado por la mezquindad andina. La Soberana murmura: No longer exists, You no longer exists, bitch, Bolivia no longer exists. Bitch.

Trafalgar Square, La Hora Del Té, los cilicios y hasta sus impolutas bragas le recuerdan la impotencia de su fuerza naval –otrora gloria de La Corona– frente a ese país miserable, que no debería llamarse Bolivia, sino llevar Tu Nombre, pues las dos son desiertos gélidos y receptáculo de seres grotescos.

Por eso comprendo la irrisoria venganza de Su Alteza: nada más atroz que territorios y rostros que no conocen el mar.

 

Mein Kampf  

Mein kampf.
ADOLF HITTLER

I

Adolf tuvo a la Luftwaffe y un búnker. Yo tengo coprolitos de tinta y muchas paredes de baño para defender mi lucha: guerra tatuada con orina ajena pero no tan hedionda como la cámara de gas que instauraste en nuestro esternón.

II

Mein kampf es denunciar el fariseísmo de tus labios, tu sodomía de uñas usurera ante los olvidadizos falos de mi raza superior.

III

Stalingrado contiene menos fluidos de macho que tus dientes de puta amazónica. ¡Eres la mujer sin tetas que escupió a Alarico El Grande y hoy vienes por mí, su hijo, El Visigodo Que Crucificó A Sus Propios Caballos!

IV

Pero pese a tus abogados y procesos, no tendrás Nürenberg. Los Caballeros de La Secta de Thule y la Astrum Argentum me protegen en este submarino boreal donde El Fantasma De Mi Verga eyacula su venganza.

La enfermedad venérea que incubas en este momento es solo el primer panzerkampfwagen con el que te obligo a vivir mi semen.

 

Anuncios