Estrellas y Trotyl / Blanca Lema

Te amaré mil años

 

Ahí estaba…

La flor cansada de hospedarme.

 

La flor arqueada por las miradas

que posé sin piedad

dejando las pesadas imágenes

de un desconcertante esbozo de maltrato.

 

¿Qué podré hacer por ella?

¿Yo, que he abusado de su belleza

de la misma manera que abusé

de mi propia transparencia?

 

¡Ruedan estrellas por encima del amanecer!

Ruedan veloces, asustadas…

como un estado del pensamiento

que teme ser descubierto.

 

¿Cuándo, en qué momento?

 

¡Bésame!

No me dejes sola en esta habitación blanca

donde las flores aprenden a castigar

nuestra arrogante inocencia.

 

Te amaré mil años.

Pero en la luz,

sólo en la luz…

 

¿Recuerdas?

 

Si no fuera por el rictus de las flores,

no existiría el tiempo.

 

 

 

 

 

 

Morfina

 

Sacaron vino de mi corazón.

 

Ya no pertenezco.

Ya no poseo.

 

El traje oscuro no me defendió,

la araña me ha dejado caer

como un cairel.

 

Tengo mi crisantemo envejecido

y el mundo ya no se deja besar por los árboles.

 

Todos hemos hecho algo

Todos nos hemos despertado temprano

Llegar un rato antes ya no alcanza.

 

Los pájaros comen los afiches de la calle.

La montaña va saltando detrás de los autos

como una gran ballena nevada.

 

¡Si tan sólo hubiera morfina

en la pulpa de las naranjas!

 

¡Si tan sólo hubiera morfina

en la pulpa de las naranjas!

 

Si tan sólo hu-bié-raaá

MORFINA

 

…en la pulpa de las naranjas.

 

 

 

 

 

 

Ajenjo

 

Alguien muere dos veces

casi, apenas.

 

Es el suicida que regresa del puente

mordiendo sus zapatos.

 

Hubiera podido quedarme.

Verlo sonreír. Ver su penitencia.

 

¿Por qué la compasión

se parece tanto al asco?

 

La mañana cruje

hamacándose en los balcones.

 

Tose melancocitos.

Es cursi e impía.

 

Veo a las personas bajar en tobogán

buscando un recuerdo que tiene frío.

 

Suspiran en degradé

y comen amorosamente.

nuestra mejor lata de veneno.

 

¡Pero alguna vez, quizás, tal vez!

 

Esta amarga conciencia del deseo.

 

 

 

 

 

 

 

Reencuadre

 

Creo que se están llevando las cosas a otra parte.

Todas las cosas.

 

Empiezo a sentir la soledad

como una ropa interior que no desea ser mostrada.

 

¿Dónde está mi cuerpo en mi cuerpo?

La distancia es cada vez más grande.

 

Llevo la imagen temblorosa

de mi cara en el fondo de la taza de té.

 

Busco regresar al momento

en que no tenía padres.

 

El punto fosforoso que deshace

la velocidad de lo que ocurre.

 

¿Me ves? ¿Estoy en foco?

 

Quedo pupila en este cuarto

lleno de preguntas.

 

¡Zoom!

¡Back!

 

El alivio. La distancia.

 

 

 

 

 

 

Mind the gap!

 

Tengo un cansancio apelmazado

como si hubiera lavado la ropa

de una ciudad grande.

 

A veces la tarde baja

con una ceniza eléctrica.

Aluminios dulces que caen de tus ojos

y te hacen llorar

sin que puedas hacerte humano

ya

por nada.

 

Pienso que la flor que corté

no tendría que haberla cortado.

Las tijeras tendrían que haber vacilado

un instante.

 

God save the queen!

O a alguien, mejor a  alguien.

 

Hay una brecha grande

entre el subte en el que vas

y la plataforma a la que llegas.

 

Mind the gap!

 

Los puentes acercan  el dolor ruidoso.

El dolor centrifugado

de las buenas intenciones

que no completaron su ciclo.

 

Mind the gap!

 

Quedaron tres blusas, una falda,

dos medias y, creo, una batita.

 

 

Todas sucias sin haber cruzado el canal

o visto a mi crisantemo

simulando estar vivo

en tu florero.

 

¿No escuchaste?

Mind the gap!

 

9789873728648

 

***

“Mi madre me criticaba y decía que yo era “sofisticada”, “extravagante” y “exótica”(risas)” –dice la poeta Blanca Lema en una de sus entrevistas. Y eso parece un detalle al pasar; sí, un motivo de risas, pero en verdad esa suerte de impromptu ligero describe uno de los rasgos de la sensación de su poética.  Es decir que su escritura posee la cualidad de un raro refinamiento… La sofisticación  coincide con lo decadente y displicente y “extravagante” porque se dice fuera del modo común de actuar y asimismo exóticamente al hacer referencia a una criatura peregrina (como en sus novelas), de diferente tela de quienes la observamos y de todos los objetos y seres que ella va nombrando. Se trata de algo que trae desde territorios muy lejanos.

Su poesía en apariencia tan simple pertenece a la extrañeza que nos infunde cada poema, que nos lleva a seguir leyendo lejos, muy lejos, y a seguir estudiando como solfeando sus notas y figuras; como si se nos hubiese borrado toda huella de conocimiento y de autonomía y nuestra lectura fuera una adecuación a la sorpresa, a lo indeterminado. Si como dice Foucault “pensar que alguien está solo es orar por él”, hay que pensar que estos poemas y su poeta están solos… para entrar humildemente en la oración, en el sermón de sus palabras.

Arturo Carrera

20638664_10159179429310486_1631265804001247158_n

Anuncios