8 apuntes sobre Un gran accidente / Luis Eduardo García

 

1.

Hola, soy la poesía de Eduardo Padilla, tal vez me recuerden de libros como Zimbabwe y Blitz. Estoy aquí, hablándoles con el corazón en la mano por primera vez. Iré al grano: mi hermana se encuentra internada en el hospital; sufre de una enfermedad llamada lutricosis, una extraña condición que se presenta sólo en una de cada novecientas mil personas. Sí, es tan dramático como suena: se está transformando en nutria. Como podrán imaginar, el tratamiento está muy lejos de mis posibilidades, así que me atrevo a molestarlos;  si cada uno de ustedes pudiera donarme quinientos pesos mensuales yo podría contratar un peluquero de planta para ella y además comprar un kit de pelotas de playa. A cambio ofrezco cantarles una canción.

2.

Imaginemos que la poesía es un videojuego. Uno de mundo abierto, con montones de misiones disponibles. Hay distintas ciudades, playas, bosques, selvas. ¿Qué sería el trabajo de Eduardo Padilla en ese contexto? Un bug. Sí, un espacio en el que las cosas funcionan de otro modo, en el que la lógica se suspende: los peces flotan en el aire, los autos estallan sin motivo, el personaje se hunde en el concreto. Un caballo sube a una motocicleta y se aleja volando.

3.

Siempre intentaste. Siempre fallaste. No importa. Intenta de nuevo. Falla de nuevo. Falla mejor. Ayer escuché esto en una charla motivacional (¿o era un comercial de Coca-Cola?). ¿Qué clase de mundo horrible hemos construido que hasta Beckett puede ser vampirizado de esa forma? No existe algo como “fallar mejor”, sólo “fallar”, saltar a la alberca y ser recibido por una gruesa capa de hielo.

4.

Tengo la hipótesis de que los poemas de Eduardo son dirigidos por Mr. Oizo; sí, el mismo truhan detrás de las espléndidas Rubber (la de la llanta asesina con poderes mentales) y Wrong (esa donde llueve dentro de las oficinas). Iba a explicar esto detalladamente, pero un repartidor de pizzas destruyó mis notas.

5.

Zimbabwe, publicado en 2007, es uno de los últimos actos de terrorismo ocurridos en la poesía escrita en México. Se trata de un artefacto que se aleja del lirismo, que trabaja con material en apariencia no poetizable, que hace trampa, que trabaja a ras del suelo, que ríe; es decir: que escapa de todos los lugares comunes a los que nos tienen acostumbrados los libros de poemas. Es un completo freak. Diez años separan a Un gran accidente de Zimbabwe. Diez años en los que Eduardo pudo haberse decantado por una poética más común y fácil de integrar al cuerpo de “la poesía mexicana”. No es así. Su trabajo sigue siendo el mogwai mojado o alimentado después de la medianoche. Algo absolutamente singular; porque Eduardo es un tipo absolutamente singular. En su escritura no hay un deseo de ser novedoso u original. Simplemente es así. Cualquiera que haya platicado con él por más de diez minutos puede darse cuenta de que no podría escribir de otra manera.

6.

A veces creo que Eduardo juega a otra cosa. Como si todos intentáramos patear el balón y él buscara despedazarlo con una escopeta de perdigones.

7.

Eduardo iba a ser ingeniero industrial. Millonario. Su mansión habría tenido una alberca enorme y áreas verdes repletas de gnomos de jardín. Lástima. La poesía es una vaca que se te cruza en la carretera a medianoche.

8.

Tres versos que son una poética:

Hay que desconfiar del bienestar

y de la mano que conoce demasiado bien

el acomodo de las cuerdas.

 

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