: Ríos, un blues de Antonio León / Diego L. García

Long Gone Lonesome Blues del “tío Hank Williams”, uno de los maestros de Dylan, abre los : . “Voy a encontrarme un río” dice la canción y entonces el viaje es hacia la profundidad del asunto:

 

la bandera alzada de un poema
no puede más
estribar
en las anécdotas
dudosas
del poeta
sino en la cantidad de hundimientos
que pueda aportar a sus lectores

 

La anti-idea de la autoayuda se cuela como precariedad de “lo poético”; alguien que no piensa como Hank en encontrarse para sí, sino que confía en el lenguaje de oferta y en “ser” poeta:

 

todos quieren ser poeta
porque
en otras disciplinas
se requiere de talento comprobable

 

“nuevos folletos” nos sacan a bailar en la oscuridad, donde las efervescentes hormonas millennials nos escriben la lección más trillada en el brazo. Aceptamos sin ver y perdemos, ya no hay reintegro, esto no era lo que esperaba:

 

james franco es el nuevo barack obama
(…)
pero nadie votó por él
para ser el destructor oficial
de la cultura pop

La “telenovela de la tarde” es más que un discurso tentador para explorar las debilidades de nuestros yoes, es también la clave de una mirada seducida con promesas ridículas de significado. Actuamos mal y esa es la idea, dejar que se note la falta de espontaneidad, exprimir el pomo de voces afectadas, vaciar el crujiente paquete de tristezas holliwoodenses en la parcelita de existencia donde nos paramos y que llamamos “lo real”:

:río/S: “los nuevos muertos se desgajan como vaqueros / de playmobil”. Como en otras obras de Antonio León, la-muerte-y-la-violencia no anula el espectáculo, por el contrario, radica en él. El decir del mal es espectacular:

De igual modo lo personal, con sus violencias sobre lo íntimo, se sienta en la misma barca: remontar en la corriente un espesor tal de vida-lengua no podría sino devenir en ritmos (¿acaso haya dos ritmos entrelazados: uno estridente de pop plastificado y otro secreto, de folk en trenes de carga?): cantar –más allá de cualquier efecto tecno simpático- es dejar que el agua corra, que todo se mezcle, y que en ese “todo” podamos escupir, aunque sea, una gota nuestra:

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