Los 15 Alógenos (2002-2017). Romina Freschi entrevista al Colegio de la Aventura Anterior (Estación Orbital Alógena)

        —– (…) có​mo se figura hoy ese nuevo momento de la EOA, y cómo esa figuración entrevé lo que hoy entienden como momentos previos.

        ​===El punto de inflexión hacia la “tercera fase” –una manera de hablar– es la fiesta de los 10 años de la EOA, en el 2012. Ahí suceden tres cosas –seguimos exagerando–. La primera pasa por la corriente continua de asistentes que se renueva durante las 15 horas del evento, y fue exclamar: ¡el pueblo que había que hacer alcanzó el hágase!, y ahí estaba circulando, más concreto que una piedra, y ya no sólo era “alógeno” sino a la vez “plebeyo”, “tseico”, “patafísico”, “frentista”, “algo=X”.

        La segunda cuestión no sucede in situ y se destila a lo largo de ese año tras los 10 y tiene que ver con la edición del libro “Perfórmatas “X” Alógenos”, segunda celebración de esa corriente poblacional pero ahora acotada al libro, unas 20 personas participando. Algunos comentarios amigables lo tildaron de “autobombo” y a lo mejor tiene algo de eso, si total desde FB no hay más que ese bombo desde hace años: subrayados y fotos de sí.

        La tercera cuestión, que a lo mejor caracteriza el momento actual, es algo que sucedió a manera de contrapunto respecto a aquellas poblaciones de los 10. Una suerte de continuidad en el repliegue, de vuelta a un laboratorio de incubación entre bambalinas. Por un lado vinculado a las praxis brujas y herméticas, a sus docencias también, que requieren de ese repliegue exploratorio para realizarse fuera de claque, en concentración. Y a la vez cierto nivel diaspórico que tiene que ver con las emancipaciones de cada dúo o trío hacia la exo-continuidad de las propuestas o hacia ninguna continuidad.

        Esos 10 funcionaron como una constatación y como una despedida, y a partir de ese momento pinta una declinación que nos parece que va a recircular lo agenciado, re-ofrecerlo con otros ritmos y a través de otras experiencias y enclaves. Hoy, esos 10 (esa “X”) y ese libro, los percibimos como la celebración que corona y deja egresar aquella “segunda fase”. Ahora la nave está más bien multilocada, no depende de tal o cual nombre propio que lo active, de Bonpland o del Frente Dionisíaco. Y sobre todo no coincide con enclave alguno, ​sino ​con una frecuencia más bien orbital: a la EOA la escuchamos resonar en experiencias que ya no son locales: por ejemplo en México a través del Festival de Lenguas Alienígenas (ya existe la Interestelar Alógeno-Alienígena), y en toda una zona bruja que pasó a formar parte de un interés efímero de Fernanda Laguna y afines (reuniones en Tu Rito), o de un sector académico muy acotado, de Letras, donde se lee el “Nosotros los brujos” como bibliografía obligatoria en una comisión de Teoría Literaria, lo mismo que aquellos que leen hoy a Deleuze desde la brujería y el hermetismo, cosa que estaba desterrada de Letras y aun más de Filosofía, o bien que la palabra “hemetismo” ya no sea un adjetivo peyorativo ni grosso modo y pase a ser un acontecimiento específico, curtible en ritual, en poesía, en filosofía, en performance. Nos gusta este momento donde la cosa se reticula y parte hacia no sabemos qué ni dónde.

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        —–Déjenme avanzar para retroceder en realidad: apuntando a otro chronos, uno más afectivo, para pedir que carreteen un poco más allá del expediente y ahonden la pileta previa. Quiero recuperar tensiones del entonces y pensar su deriva: qué terminó siendo un chasco, qué mutó, cómo y qué permaneció. Las breves anédotas pueden servir. Al fin y al cabo la EOA nació como una intervención contingente y sostuvo batallas en los frentes previsibles pero también imprevistos. Desde la prehistoria entonces, es el flashdance de esta segunda pregunta (que más que signo de interrogación trae tecla PLAY)

        ===La intervención fue contingente desde la maquínica del golpe de dados, pero desde su “ingeniería astral” (por hablar en los términos de aquellos años vuduescos), la cosa estaba bastante conversada, sin programa desde ya, pero rotada en encuentros semanales, diarios a veces: había un plan de consistencia y gestos deliberados, algunos manifiestos fragmentarios, había cursos, programas para esos cursos, y había eso afectivo que mencionás, una sensación de compagnonnage muy intensa, también viajes compartidos en esa misma frecuencia, indagaciones psiconáuticas con efectos de informes, de libros, compartir el despertar de todas esas enteogenias. Y es cierto que esto no hubiera existido sin ese campo del afecto, un afecto operativo antes que sentimental: iba a dar en colectivos que resultaban en cursos, en libros, en muestras y lecturas, en largas conversaciones que lindaban con más de un amanecer, es cierto que esa acción compartida es su marca de fábrica, pero eso acaso venga de antes todavía.

        Si recordás allá en la prehistoria (2000 – 2001) existieron los llamados “Neoramas”, cuando no había Alógena pero en esos Neoramas cundían las síntesis que preludiaban las de la EA: Jiménez con Bejerman, tsé=tsé con la Nunca Nunca, Lola Arias con D’Onofrio, Cippolini con Cassara, Libertella con Liliana Ponce, Zapatos Rojos y el Neorama mismo, ¡Juana Bignozzi con Echavarren!, o esos cruces no muy promocionables entre Alógena y la Casa de la Poesía o ByF, decenas de supuestas incompatibilidades que “en el mundo” eran excluyentes, en el Neorama, luego en la EOA, eran inclusivas, por esa cuestión de la heterogénesis afectiva que decís, sin ser una varieté o un mero amontonamiento, había una cualidad de curación.

        En fin, el afecto es también perseverancia maquínica, una tenacidad autocefálica malgré tout. Es la tenacidad de un Reynaldo Jiménez o la de Cippolini o la de Gabriela Bejerman, la tuya de hecho, la de Cassara… Fuimos entrenados en esa auto-invención, una zona algo prometeica que hoy es medio impensable o que ya no sirve o no se soporta. Pero la extitución nos entrenó para inventarnos desde ese resto aun cuando, después, parecía que surgían chances de coincidir con las instituciones y zafar o incluso comulgar con ellas. Sin embargo a esa fase nunca aportamos ni nos aportó.

        Lo abandonado –retomando la pregunta– es lo que caía por su propio peso, lo calculador y lo neo-acomodado, el escrúpulo sin materia prima, el cinismo de camarilla, el ninguneo desde el puf, y esto, dado el vuelo de invención que se programaba / desprogramaba. Si íbamos hacia la brujería, hacia la “televisión de la foresta”, la orgonomía y más ingenierías, toda una zona de resonancia (que aceptaba hasta ahí la poesía-performance) no iba a compartir semejante aparatología. Y ahí se suscitan abandonos mútuos… Hasta ahí se podía entender algo, pero después de la brujería, bueno, es como que este medio tan retentivo ya no entiende nada o no le interesa hacerlo… Y si íbamos además hacia la performance como happening no-wave, informal y atemático, los escrúpulos “clean” de la perfo, o de la perfo trash para ArteBa, o hi-tech para aplicar a la cocina temática del subsidio, también hasta ahí llegaba el eco a nivel “contextual”, sea caía esa mampostería.

 

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     —– Algo de eso se juega en el paso, o mejor el abandono creo, de la Escuela hacia la Estación. Y entonces a hablar del nombre, qué se jugó en esa primera Escuela y por qué fue Alógena y cómo devino Estación. También contra qué se nombró y devino. Qué fines se cruzaban allí, en el sentido de miras u objetivos; y también de límites: espaciales, campointelectuales, vitales…

       ===Fue Escuela porque había un pathos docente. La docencia es nuestra base, pero la docencia es gesto súbito, acciones de pensamiento: también es performance. Es fundamental haber presenciado esa clase de performances en el 10% de los docentes de la Facultad de Letras: Enrique Pezzoni, Nicolás Rosa, Jorge Panesi y Daniel Link…. Pero no interesaba el cuadro dentro del cual se inscribían y escribían, y a qué suscribían después. Igual, ante ese primer deslumbramiento, la performance docente queda como la única opción, aunque los “contenidos” vayan a cambiar drásticamente. Aparece el docente Libertella, por ejemplo. Por completo otra historia. Había bastante más que Letras por ofrecer, o un más acá de LA literatura o de LA crítica literaria. Por un lado había una frecuencia docente que estaba diluyéndose y daba señales de no volver, de no hallar relevos; por el otro una biblioteca pasada por alto, una curación de lecturas no académicas, un “ABC de la Lectura Alógena” (curso propuesto por Rafael Cippolini en el 2002) que se sumaba a lo anterior. Entonces además tenía que haber lectura perfórmata y la propuesta de circularla…

        Por aquél entonces visitábamos casas de conocidos, algunos de ellos de Letras y cantábamos: “La biblioteca de Sarlo, la de Viñas y la de Panesi, con el taller de Carrera y el de Bellesi”. Mientras tanto leíamos a Néstor Sánchez (Rafael nos acercó Siberia Blues en 1996 creo: no había re-edición de sus libros por aquél entonces, no había ni notas al pie ni ensayos ni nada), a Elizondo, a Miguel Ángel Bustos, a Crowley con Sax Rohmer, a Echavarren con Libertella y García Vega (a través de los primeros puenteos de Reynaldo Jiménez por tsé=tsé), y a Jiménez mismo. Con Cippolini y con Reynaldo compartíamos bibliotecas nada consensuadas, una performance lectiva heterogénea respecto a aquellos momentos de “Lo que se lee” y de los “Poetas en primera persona” (columnas y estadísticas propiciadas por el momento aleccionador de Diario de Poesía)… Ni qué hablar de lo que aprendimos de ambos, como perfórmatas de la lectura que son, y lo que la EOA agradece a esas bibliotecas, entre otras pocas visitadas…

        Héctor Libertella le apostaba 100% a esa idea “escolar” de la Alógena, la creía su propuesta más desafiante, estaba entusiasmado con que fuera una escuela y le gustaba el término “alógeno”. Nos sentíamos amparados por su apoyo escolar. Por eso con Cippolini se dio ese invento: llamábamos a Héctor el Maal: máximo alocutor alógeno. Entonces una escuela extitucional que ofreciera docentes y lectores fuera de cuadro, más biblioteca intergaláctica, más pop-filosofía y poéticas psy-fi, más experimentación psiconauta y mágica, en fin, ¡al desastre directo!

        A la vez yo estaba portando una lectura de Gilles Deleuze a través de Dardo Scavino, entre 1992 y 1993, leyendo con él hoja a hoja la Lógica del Sentido y El Anti-Edipo. Y luego una compartida fascinación por el Leibniz de la Monadología y por el libro de Deleuze sobre Leibniz y el barroco, a lo que le dedicamos medio año más. Después vino el descubrimiento ya más solitario de Mil Mesetas, y el descubrimiento subsiguiente de algo fundamental, sería el 2000: el estribillo “Nosotros, los brujos”, en el capítulo sobre los devenires. ¡Nunca había sido usado ni referido! ¿Cómo podía ser? Bueno: faltaba una Escuela Alógena… Ese estribillo estaba hecho a la medida de la Escuela por venir, ya que ésta iba hacia la brujería en ese mismo sentido, hacia los usos psiconáuticos de los “8 minicerebros”, hacia esos “caballeros de la droga” y hacia la tercera imagen del filósofo (Diógenes). Así que el estribillo deleuziano aparece iluminado hacia el aula, en un curso del 2003, Deleuze: Filosofía práctica, y a los dos o tres años años, aterrizado y cartelizado gracias al encuentro milagroso y explosivo con este Colegio de la Aventura Anterior: Julio Azcoaga, Juan Salzano y Lucio Arrilaga, quienes hacemos el LSD (Laboratorio Sintético Deleuziano).

        Por aquél 2000 también aparecían las clases de Deleuze desgrabadas y subidas a una primitiva web (materia prima de la posterior Editorial Cactus), y el recuerdo de haber dado con su clase magistral sobre Castaneda y el devenir molecular. Basta: esas maravillas tienen que ser parte de una Escuela orbital, bruja. Entonces hacerla iba a ser lo mismo que hacer performance y brujería. Decir: “nosotros, los irrepresentantes; nosotros, los brujos; nosotros, los perfórmatas”, sin importar dentro de qué “disciplina” ni marco académico, ni si iba a poder sostenerse con alguna consistencia más allá del cartel.

        Daniel Link –quien a través de los desaparecidos suplementos de literatura nos acompañaba–, apuntó en una nota del Suplemento Radar de aquellos años: “No apto para pusilánimes”. Y debajo de ese titular un listado de los cursos ofertados por la Escuela Alógena en el 2003.

        Luego, la Escuela es abandonada también, porque pasan dos cosas: su mudanza a la calle Bonpland (el predio crece por tres y su fondo es una “estación orbital” desde su aspecto) y también porque la palabra “escuela” empezaba a quedar desfasada: la academia cada vez más lejos, su influjo (respecto a sus invitados) cada vez más atenuado, la EA cada vez más diagonal a esas formas de transmisión, pero a la vez de una manera muy despreocupada, así que nada de escuela, ni aún siendo alógena: ahora es una nave, una estación orbital.

        El tenor de los cursos y de las experiencias que se suceden delatan esa agudización. Además la EOA vive su momento de nave asaltada por diversas editoriales, talleres, muestras, fiestas, colectivos, ritos, recitales. Es el momento de mayor abundancia de colectivos. Durante cuatro años se dan al menos tres o cuatro situaciones de larga duración por semana. Y dentro de ese momento se coloca la idea y edición del Nosotros los brujos, la parte de todo este hervidero que llega a la página y se cuela en el mundo editorial, momento muy volcánico. Y así la historia también empieza a armarse “afuera”…

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        —–En ese devenir Escuela, y devenir Estación y Orbital, hay me parece un zumbar constante entre ná-Khar – Patti Yawar, que le pone cuerpo y física a la historia, hablo de la relación con Patricia, poeta, bailarina, anfitriona.

        ===Bueno, es el entredeux que portan ciertas cocinas, son maridajes –como dicen los cocineros– levanta muertos, que nos meten a revivir cada cosa = cada casa. Muchos puntapiés colectivos suelen iniciarse a través de “parejas” que no sólo piensan su situación hacia el repulgue íntimo sino que tienen la capacidad de experimentarse hacia el disparo exógeno, hacia otros mundos que desintiman el vinculum: podía estar el enclave y faltar el entre-deux capaz de acordar la apertura. Pat, en esto, es cómplice full-time en cuanto poeta, bailarina, performer y co-armadora de muchas de las situaciones que se articularon. Como escribió Reynaldo Jiménez en su texto del libro Perfórmatas X Alógenos, Patti es “propiciadora alógena principalísima”, al punto que es su vector desde menos que cero, disolviéndose en cada madrugada por propio biorritmo solar y por eso rotando el astro que ilumina toda la vigilia alógena. También está la dedicatoria del Perfórmatas: A Patti y Dylan, cuyos nacimientos activaron el nacimiento alógeno.

        —–Voy hacia algo que por ahí mencionan como “términos” o “maneras de decir”, y opera por zonas y valijas y barriales nebulares, consiste con una herramienta ¿hay una modulación alógena de la langue, je dis? ¿cómo es? ¿para qué es?

        ===Sí, desde ya somos conscientes (¿?) de lo que implica la lengua y el habla en cuanto dunamis, o en cuanto vector de una “estética de la invención”, como diría Macedonio Fernández. No hay ese decir como viene ni pensar lo que sale, por calco o reflejo. El resultado es que algunos hablamos y escribimos en lenguas: un ars parabólica para llegar a una linde lo antes que se pueda. Porque lo retentivo en la lengua es muy fuerte acá. Nos cansamos de eso aun cuando aparente sueltas del tipo “me cago” o “pija” en un verso, ¡ay! De nuestra parte no pinta la necesidad de expresarnos, ni de comunicar ideologemas al guiño, mitos barriales o urbanos que sepamos todos, ni gag(a)s generacionales.

        Entonces sí, un aspecto de la EOA se caracteriza porque algunos escritores / poetas “hablan en lenguas”, y porque como ellas mismas (las de fuego, decimos) modulan, son frecuencias moduladas. Más acá de esto, se comprueba que sin modulación no hay nada ( = hay identidad), y que sin esa frecuencia modulada tampoco habría radio = onda. Así que no hay transmisión aunque haya comunicación. El tema es que si la lengua va derecho como a través de una regla de cálculo, no comunica. Pero si lo que comunica es la ondulación, lo que transmite es un aire, un duende, capaz de levantar un muerto (¡la lengua!), de entornar al menos un poro antes que promocionar una sarta de gestitos de idea + sus risitas (si bien cunde el aburrimiento). Entonces podríamos decir algo mentiroso: hacemos esto para comunicar. Como sugería Lezama Lima el poeta sitúa signos de contenido desconocido, y en cuanto el acto de leer comienza, ese desconocido ondula. Es el show de los átomos sueltos, y eso es lo que a lo mejor tiene algo de (micro)prometeico.

        —–Vuelvo a insistir por una “definición” –ya que hablamos en lenguas– o una indagación, mejor, en lo “prometeico” y a pensar qué de ello queda en el pasado o cómo coagula o gotea hoy.

        ===Varias veces conversamos respecto al Frankenstien de Mary Shelley, que no es el Frankenstein-friendly de las traducciones publicitarias ni fílmicas. El subtítulo de esa novela era “Frankenstein o el Moderno Prometeo”, que más acá de reactivar el mito de Prometeo remite a la experiencia del desencadenamiento, relevada también por su esposo, Percy Bysshe Shelley, en su Prometeo Desencadenado, luego por Georges Bataille, y más cerca aun, la propuesta de abandonar toda cadena significante por las cadenas mágicas, en el Deleuze-Guattari de El Anti-Edipo.

        La existencia de la producción deseante implica la del desencadenamiento, que por un lado alude a lo sagrado como experiencia aluvional (Bataille), y por el otro a la conversión de las cadenas sociales subjetivantes en cadenas mágicas no subjetivadas (Deleuze). Parece una receta (¡a lo mejor lo es!) pero es lo monstruoso sin cara. Pasa por ponerle cierto fuego a todas las humedades superfluas, de existenciarlo en medio de las cosificaciones artie. La rostrificación es una de ellas, pero tampoco se trata, a cambio, de la rostridad monstruosa, rebelde, como de Hollywood. A lo mejor implica fugar, al menos por un tramo, de aquella vergüenza de ser hombre mencionada por T.E.Lawrence. Un abandono del Hombre es posible y es algo muy actual (no una moda), que propicia ese fuego que se percibe al otro lado de la pantalla, deja sentir esa fragancia en el aire que denota que al menos un electrum está vagando en estado libre, se soltó. Prometeo parecía portar esa gnosis del fuego celeste y sobre todo de su robo. Y esta gnosis no es padeciente sino que apunta al gai savoir, no representa sacrificio alguno sino este desencadenamiento que es pura física atómico-mágica (“para una estética de la era nuclear” –dijeron por ahí–) y que además porta la adrenalina tan notable del robo.             Abril2010 029

        —–En la noción de la lengua–arma de las lenguas alógenas, se insiste en lo “trans”, que coincide como vocablo con parte de la teoría –y la práctica– feminista, pero que no se configura del todo así en Alógena, o no termina de convivir con ell@, a pesar de los acercamientos y paralelismos con muchas autoras feministas que podrían establecerse, sobre todo últimamente, pensando en devenires de individuación y modos itinerantes de la subjetivación. ¿Qué imanta esa partícula en su sentido alógeno y hasta dónde se ven en cruce con el feminismo y los so-called estudios de género?

        ===El “ismo” es una declinación que no cuaja bien respecto a lo que amasamos, pero sí el trans. Un tranSismo. Desde Hipatía de Alejandría pasando por Hildegarda von Bingen hasta Mary Shelley y Alejandr(í)a Pizarnik y vos o tantas amigas de estos batallares, esas y estas “mujeres” transmiten algo más perseguido e insurrecto que “la mujer”: son acción y visión operativa bastante antes que una operación-en-paradigmas.

        Pasa –quedó explícito– que no pertenecemos al terciario, ¡o no lo logramos!, que es el ámbito de construcción del feminismo o de los estudios de género, así como tampoco nos vinculamos al pensamiento culturalista y tantos otros que allí se gestan. Estamos más cerca de aquella agrupación vernácula, “ningunismo”, plagada de mujeres activistas, que además realizara un par de reuniones en la EOA, hace años, antes de desintegrarse, un situacionismo clave en Buenos Aires.

        Sin embargo es cierto que feministas y críticas de género pasan y repasan por la EOA porque a lo mejor encontraron que el trans androginal (lo que Echavarren llama Arte Andrógino) es un ducto del devenir-mujer. Además experimentamos la historia del género-Hombre –la comentábamos desde Lawrence– como el Máximo Obstructor, al que intentamos sacar de juego allí donde nos toque detectarlo. Por elección nos toca vérnosla con lo androginal de la poesía y el arte, con las madonnas-intelligenza que vienen del hermetismo florentino del Renacimiento hasta hoy. Ahí nos gusta efectuar un venusismo tal vez, antes que un feminismo, un contrato venéreo antes que un contrato social; de éste se participa en los claustros y los claustros son cosa de hombres, siguen funcionando al nivel de los sujetos / objetos. Portamos el fatum del perfórmata y no del especialista.

        Nos hemos planteado alguna vez: “la mujer”, ¿accediendo a la palabra en cuadro o fuera de cuadro? En nuestra experiencia con varias co-navigers de edades diversas, es fuera de cuadro = desenfocada. Enfocada parece que tiende a prestar servicios a ese cuadro de oposiciones que es la geometría social del Hombre. Hay una sociología de los encadenamientos sociales y de su explotación según paradigmas militantes, pero también una sociología gaseosa del desencadenamiento que tendría, como en la alquimia, un ritmo lunar de mercurio extrasocial.

        El mejor efecto sería que los hombres nos convirtamos en tartamudos (ya está pasando), y no por la belleza de una mujer (es el comic), sino por la constatación de su no necesidad, de que no es una necesitada, y también de que cada vez hay menos necesitadxs en nuestro entorno y más emancipadxs: de las instituciones, de los partidos políticos, de los géneros y del “trabajo” sobre todo. Y como desprolijamente en la Alógena se intenta abrir la vía emancipatoria (tal como en el Hermetismo, que es una vía de emancipaciones sucesivas), no es raro que afináramos, por sympathos, con las miltantes o no-militantes.

        Pasa que hay todavía cientos de miles de “tipos” (hombres y mujeres) que mensoprecian cualquier forma de emancipación, más si es inteligente, sensible, ágil, desprogramada, sin garantías. Nuestro desencadenamiento, tan pequeño igual, es respecto a esos “tipos” y coextensiva al devenir-mujer en sentido concreto. De allí el empalme con algunas secciones de esta correntada que es la que más furore está levantando dentro de las transpolíticas. Además queremos dejar asentado algo obvio ( = invisible): las políticas de la brujería existen.

        Y mientras tanto siempre nos seguimos topando con la ocasión de admirar y agradecer a quienes trabajan dentro de ciertos cuadros, sea en instituciones, reformándolas, repensándolas, sea desde el feminismo o desde el culturalismo o desde la psiquiatría o la poesía. Sólo que por aquí hacemos la parte menor que nos toca en esta desestratificación compartida de los flujos: nos toca en las lindes del bosque, a millas virtuales de la polis. Ahí donde las brujas todavía operan.

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